Desde San Lázaro

No habrá ruptura en Morena porque se desinfla Sheinbaum

Ni Ricardo Monreal ni ningún otro debe temer que se imponga el dedazo porque simplemente cuando llegue ese momento Claudia Sheinbaum no estará a la altura de las circunstancias.

Con la precisión de un teodolito, el aspirante a quedarse con la candidatura presidencial de Morena, Ricardo Monreal, avizora una ruptura en Morena de no darse condiciones de piso parejo para todos los suspirantes y por supuesto, de imponer la dedocracia por encima de un proceso democrático entre los militantes y simpatizantes de ese partido para que el elegido o elegida sea acuerpado por la unidad.

La conformación actual de la militancia morenista es, en su mayoría, de tránsfugas de otros partidos políticos, principalmente del PRI y PRD, como ha sido el caso de Mario Delgado y del mismo presidente López Obrador, militantes del tricolor en su momento.

Son pocos los que portan con orgullo el color guinda. La mística de pertenencia se mide conforme a la satisfacción de sus expectativas políticas.

Es decir, son puros convenencieros que se arrimaron a Morena por llegar al poder de manos de Andrés Manuel López Obrador.

Pedirle a esa militancia que haga suya la democracia en sus procesos de elección de candidatos de cualquier nivel, es más un sueño guajiro que una realidad que se imponga al interior de ese partido.

De hecho, en ningún partido político de México se seleccionan a sus candidatos en razón de una democracia participativa de sus militantes, salvo casos específicos, las candidaturas de representación popular se dan por dedazo de la cúpula en el poder y párele de contar.

No hay democracia en el seno de los partidos, ni en el PAN, menos en el PRI, Movimiento Ciudadano, PVEM y PT, todos se mueven al son que toca la familia que los controla o el grupúsculo que amachinó todo el poder como ha ocurrido en Acción Nacional, con Marko Cortés y su camarilla.

Lo que ocurre en Morena está peor, ya que les dan atole con el dedo para la selección de candidatos y nadie dice nada. Todo se mueve conforme a los deseos del gran tlatoani, quien inventó como método de selección una encuesta patito que nadie sabe a ciencia cierta qué casa encuestadora la realiza y menos la metodología aplicada, así como la muestra seleccionada.

El dedazo priista disfrazado de encuesta atolera.

En este contexto, a ciencia cierta no se sabe a qué se refiere Ricardo Monreal cuando exige suelo parejo y método democrático, cuando se opera de diferente manera.

Solo los chicharrones de AMLO truenan en la elección de la candidata que lo sucederá y hasta el momento, la susodicha despacha en las oficinas centrales del gobierno capitalino.

El pedir condiciones democráticas para la elección presidencial de Morena no conduce a nada, salvo a la irritación del gran elector, quien ya lleva semanas tragándose su coraje contra aquellos que se le quieren salir del huacal.

En mi opinión, Claudia Sheinbaum será desplazada de la privilegiada posesión que ahora tiene, no por Ricardo Monreal ni Marcelo Ebrard, sino por su propia ineptitud para gobernar a la Ciudad de México.

Después de casi tres años de gobierno, Sheinbaum no ha podido con el paquete. El percance fatal del Metro ocurrido el 3 de mayo pasado solo dejó al descubierto la falta de mantenimiento mayor y es tan solo la punta del iceberg de la incapacidad para gobernar.

Otra prueba del fracaso de Claudia es la estrepitosa derrota que sufrió en los comicios del 6 de junio, en los cuales perdió nueve alcaldías y ahora con los nuevos alcaldes quedará en evidencia las limitaciones de la favorita del presidente.

Así que, ni Ricardo Monreal ni ningún otro debe tener temor de que se imponga el dedazo, porque simplemente cuando llegue ese momento, no estará a la altura de las circunstancias Claudia Sheinbaum.

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