En este año, la marca más comercial de cigarros cuesta 67 pesos, la cuota del IEPS es de 0.5108 por cada cigarro, para el siguiente año, existen todo tipo de propuestas para incrementar el impuesto a más del doble, como la de diputados de Morena que, mediante una iniciativa ante la Comisión Permanente, piden que la cuota de impuesto por cigarrillo sea de 1.35 pesos. Lo que ubicaría el precio por cajetilla en rangos de 95 pesos.
La diputada Marivel Solís Barrera presentó una iniciativa ante la Comisión Permanente que sesiona en el Senado, para reformar el artículo 2 de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), a fin de modificar las cuotas aplicadas a los tabacos para incrementarlos de 160% a 200%, relativa a costos de producción y aplicando una cuota a cigarrillos de 1.35 pesos.
Además, se pretende que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) actualice anualmente las cuotas por cajetilla, con el objeto de alcanzar los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“De aprobarse esta iniciativa incrementaremos la recaudación fiscal y reduciremos el alarmante consumo de tabaco en el país, ya que tiene un alto respaldo científico, y estoy convencida de que los impuestos recaudados con estas medidas se sumarán para atender los proyectos prioritarios del país en materia de salud”, indicó la legisladora, en compañía de las diputadas de Morena, María del Carmen Almeida Navarro y María de los Ángeles Huerta del Río.
Esta propuesta, de suyo, responde, ciertamente, a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de incrementar los impuestos al tabaco, para desalentar su consumo, empero, llegar a esos niveles de impuestos solo provocaría asfixiar a las tabacaleras que operan en territorio nacional, ya que tan solo Philip Morris, la que tiene más ventas en México, mantiene una plantilla laboral en el mundo de 71 mil empleados, de los cuales mil 800 laboran en México. Tienen su planta principal en Zapopan, Jalisco, en donde producen 26 mil millones de cigarros al año.
Lo que realmente busca el gobierno de López Obrador es tener más ingresos para aliviar las arcas públicas que, con el ritmo de compromisos que tienen, por ejemplo, los programas sociales y las tres obras insignia, Dos Bocas, Santa Lucía y Tren Maya, nomás no hay dinero que alcance.
La contratación de deuda en los dos primeros años de la actual administración, ha sido más que la que tuvo Enrique Peña Nieto en todo su sexenio.
La otra vía de financiamiento del gasto público es el incremento de impuestos y aunque existe el compromiso de no subirlos, no hay duda que buscarán hasta por debajo de las piedras, como gravar a nuevos artículos o de plano aumentarlos, como es el caso de los cigarros.
Con banales argumentos como el de liberar a edificios y espacios públicos del pernicioso humo del tabaco, justifican el desorbitado aumento en la tasa impositiva al cigarro, sin tomar en cuenta otros factores que, también, deben considerarse en la toma de decisiones, como la atribulada economía de los consumidores.
Nadie está diciendo que el consumo del tabaco se deba fomentar, lo que se reitera es que los incrementos de impuestos deben ser racionales y graduales y no dar un ramalazo que ponga en riesgo la viabilidad operativa de las tabacaleras en nuestro país, con la consecuente pérdida de empleos formales.
Las mismas tabacaleras están determinadas a dejar de vender cigarros en el futuro y de ofrecer productos alternativos que disminuyan el riesgo a la salud. De hecho, dicen “queremos una vida sin ellos y estamos seguros de lograrlo, con la participación de la sociedad, los gobiernos, la comunidad médica y la industria”.
No es con incrementos asesinos de impuestos para abatir su consumo, sino a través del diálogo y entendimiento, así como la construcción de un programa a mediano plazo, como se sacarán los cigarrillos del mercado.