Desde San Lázaro

La clase media en pie de lucha

La clase media salió a votar en los grandes centros urbanos para emitir un voto de castigo al partido en el poder y al propio presidente de México.

Después de casi tres años de atacarla y ponerla contra la pared, la clase media salió a votar en los grandes centros urbanos, como la CDMX y su zona metropolitana, para emitir un voto de castigo al partido en el poder y al propio presidente de México, obteniendo con ello, por ejemplo, que en la CDMX Morena deje de gobernar más de la mitad de su territorio, y que los municipios aledaños se pintaran de azul, principalmente, como Naucalpan, Atizapán, Tlalnepantla, Cuautitlán y Huixquilucan, entre otros.

Esa clase media que ha padecido estoicamente la pandemia sin ninguna clase de apoyos económicos por parte del gobierno, además de que se terminaron sus fuentes de ingresos, ya sea por cerrar su propio negocio o por haber sido despedidos de sus empleos, salió desde temprano a votar para castigar a los candidatos de Morena y sus partidos satélites, logrando con ello restablecer los contrapesos al Ejecutivo, con una nueva Cámara de Diputados federal conformada por un equilibrio de fuerzas, entre el PAN, PRI, PRD y MC en contra de los legisladores emanados de los partidos que apoyan al régimen.

Dicen los expertos que la regionalización obedece a un factor social determinado por las características del electorado, con diferentes condiciones de urbanización y de desarrollo y que en la praxis abandonaron al presidente de México.

Desde que AMLO llegó a la presidencia se ha dedicado a estigmatizar a las clases más pudientes, es decir la media y la alta como fifís, conservadores, los malos y con toda clase de epítetos denigrantes que buscan dividir al país en dos grandes bloques en donde el “pueblo bueno” pueda llevar a cabo toda clase de atropellos contra esos “riquillos fufurufos”.

La clase media es la válvula de escape para evitar una reyerta social, toda vez que al dedicarse a estudiar, producir, pagar impuestos y buscar una nueva calidad de vida, se olvida de manifestar sus inconformidades a través de paros y manifestaciones, aún en detrimento de sus propias capacidades de crecimiento y de la defensa de sus intereses.

Esa clase media confía en sus representantes populares y cuando la traicionan se vuelcan en las urnas, tal como ocurrió en el año 2000 con la alternancia en el poder y el arribo a la presidencia de Vicente Fox.

Hoy ha sucedido lo mismo. Esa clase social le dio el triunfo a partidos de la oposición que, tal vez, no han sabido ser un contrapeso responsable ante los excesos del Poder del Ejecutivo. Sin embargo, recibieron nuevamente el apoyo popular para mandar un mensaje al partido en el poder y a AMLO de que no están contentos con su actuación y por ello emitieron su voto de castigo.

Esa clase media está de pie y en lucha y seguramente saldrá a expresar su voluntad en ese remedo de bodrio que es la revocación de mandato del próximo año, en donde los mexicanos decidirán si AMLO continúa en el poder o se va.

Cuando se diseñó y se aprobó esta dizque práctica democrática (ya que en el fondo es dictatorial, disfrazada de participación ciudadana) para justificar la permanencia en el poder más allá de los lapsos constitucionales para el periodo en que fueron electos, AMLO tenía una gran aceptación por parte de la sociedad, empero con el paso del tiempo y sobre todo con sus desastrosas decisiones que han puesto al país en recesión económica y en una crisis de gobernabilidad, pues se le ha volteado el palito y ahora sí está en riesgo de abandonar su cargo.

Habría que mencionar que no solo la clase media votó en contra de AMLO y Morena, sino también participaron grandes sectores de la población que se encuentran en pobreza y marginación y ese es otro fenómeno que incide en que el proyecto político del actual régimen se mantenga en el poder colgado de alfileres.

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