Desde San Lázaro

Un presidente que gobierna para las minorías

AMLO solo gobierna para sus adeptos y esos se van debilitando y disminuyendo en cantidad con el paso de los días y con los yerros cometidos cotidianamente por sus decisiones.

La mayoría de los mexicanos no apoyan al presidente en su intención de dividirlos y menos de destinar el presupuesto a cualquier cosa que no sea paliar la crisis económica, sanitaria y de inseguridad pública, derivada de la pandemia y del mal gobierno.

AMLO solo gobierna para sus adeptos y esos se van debilitando y disminuyendo en cantidad con el paso de los días y con los yerros cometidos cotidianamente por sus decisiones.

Está claro que al presidente de México no le interesa la reconciliación nacional; por ello, esa misión la deben hacer otros protagonistas del acontecer nacional y de la propia sociedad.

Es un presidente que tan solo gobierna para sus minorías, esos que se conforman con limosnas y dádivas, en tanto que para los demás solo hay desprecio, odio, leyes y políticas públicas para castigarlos.

Ganó la elección con el voto de 30 millones de ciudadanos, ahora ni la mitad lo apoyan y en un universo de 126 millones de habitantes y un padrón electoral actualizado de 94.6 millones de personas en edad de votar, pues se observa que es reducido el respaldo ciudadano.

Con un presidente agarrándose a los cocolazos todos los días, dividiendo a sus gobernados y destruyendo a las instituciones; unas, al someterlas, como a la Fiscalía General de la República, a la Suprema Corte de Justicia la Nación o la Comisión Nacional de Derechos Humanos, tan solo por citar algunas; y otras, buscando su extinción como al INE, INAI y TEPJF.

En lugar de construir sinergias con todos los mexicanos, divide, polariza y encona. Gobierna solo para sus simpatizantes, los demás son enemigos.

Ante este escenario, solo queda de dos sopas para los ciudadanos: participar con su voto para fortalecer la democracia y cambiar el rumbo de los acontecimientos o de plano apoyar al actual gobierno y al presidente de México.

No hay otra, los indecisos, los que no votan o los que se mantienen al margen, son luego los que se quejan de todo, pero no hacen nada para cambiar la situación.

Ya son dos años y medio desde que tomó posesión como presidente de la República, lapso suficiente para empezar a corregir lo que estaba mal en el país y a no seguir echando culpas a sus antecesores.

Sin embargo, ni se han remediado los graves problemas por los que transita México, ni se vislumbra un horizonte más favorable para lo que resta de la administración. En ese entendido, es menester empezar a cambiar el rumbo de los acontecimientos con el voto informado y razonado.

Se repiten capítulos siniestros de la historia de los presidentes en México, esos que incitaban al odio y la división.

Ahora sucede lo mismo. Desde el corazón del país, en Palacio Nacional, se alienta esa ruptura del tejido social, de la gobernabilidad y de la paz social, mediante ataques sistemáticos a todos aquellos detractores del señor presidente, sin dejar títere con cabeza.

A últimas fechas se ha dedicado a denostar a periodistas, a aquellos que se han encargado de exhibir al jefe del Ejecutivo federal como un ser rencoroso, revanchista, incapaz, enfermo e incompetente para gobernar.

Mediante la mentira, la diatriba y dardos envenenados para mermar la credibilidad de los periodistas y medios de comunicación, trata de establecer una narrativa ante sus adeptos de víctima y de justiciero, empero este disfraz permite vislumbrar al auténtico personaje que busca perpetuarse en el poder, al tiempo de fortalecer todo un andamiaje de leyes y de instituciones que den paso a una dictadura.

Ese el propósito final y para ello trabaja todos los días. Ahora en tiempos de campañas, se encarga de judicializar la elección para quitarse adversarios políticos del camino; mañana apretará las tuercas de la represión, la violencia y las expropiaciones para deshacerse de sus enemigos más incómodos, no importa si estos son empresarios, intelectuales, periodistas, organismos autónomos o partidos políticos de la oposición.

En estos momentos de incertidumbre y ante eventuales sucesos violentos que se avizoran en el corto plazo, es menester recobrar la cordura y frenar esas divisiones incendiarias entre mexicanos que tanto daño han hecho a lo largo de la historia.

COLUMNAS ANTERIORES

Más impuestos, más deuda y un gobierno en quiebra
El PRI en picada en todo el país

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.