Desde San Lázaro

Sin empatía y resguardo en Palacio Nacional

AMLO no es de esos jefes de Estado que en cuanto haya un problema mayor que afecte a la población, acuda a ayudarlos.

En el manual de crisis de los asesores venezolanos y cubanos del presidente López Obrador, no está el tema relativo a que en momentos de crisis derivados por algún percance y en donde hay fallecidos, el presidente deba acudir al lugar de los hechos para que, con su presencia, se mantenga la situación bajo control, de confortar y brindar los apoyos necesarios a los afectados y sus familiares.

AMLO no es de esos jefes de Estado que en cuanto haya un problema mayor que afecte a la población, acuda a ayudarlos. Lo más que ha hecho es sobrevolar en helicóptero las zonas afectadas como ocurrió en Tabasco, para “no enfermarse” o preparar un montaje en algún hospital de Morelos para simular la atención y visita a un paciente.

No está en el manual del populismo acudir de inmediato y de forma presencial a la zona de desastre, acción que se esperaba ocurriera en el desplome de una trabe por donde transitan los convoyes de la Línea Dorada y que a la postre murieron 25 personas, hecho que no solo llamó la atención a nivel nacional, sino incluso de los principales países del orbe, así como los medios de comunicación internacionales más relevantes

La empatía y la solidaridad con los mexicanos que enfrentan una tragedia no se le da al primer mandatario, lo ha demostrado a lo largo de su administración.

La estación Olivo del Metro está a 45 minutos de Palacio Nacional por vía terrestre, ya no se diga si el traslado es por helicóptero. Sin embargo y pesar de la cercanía, no acudió el presidente.

Dirán algunos que no fue por prudencia, ya que su equipo de seguridad, no obstante que ya no existe el Estado Mayor Presidencial, se conforma por lo menos de decenas de efectivos del Ejército, amén de las camionetas que en un número reducido son siete, más las ambulancias que lo acompañan.

Otros, los malosos, dicen que el presidente no quiere correr el riesgo de acudir a lugares en donde hay demasiada gente para evitar que en el anonimato le falten el respeto, como ocurrió al principio de su administración cuando fue a inaugurar un estadio de béisbol en la capital del país, en donde la mentadas de madre estuvieron a la orden del día.

De hecho, desde hace varios meses el presidente no tiene contacto con el pueblo, solo se da en escenarios controlados, con personas afines o empleados del gobierno y familiares o elementos del Ejército, pero no se ha dado ningún caso de que, por ejemplo, en una gira de desprenda del convoy para saludar espontáneamente a los ciudadanos.

Como sea y ante la ausencia del presidente en los lugares siniestrados, pues se presta a toda clase de especulaciones.

No se puede gobernar desde el escritorio y menos desde un Palacio, más en tiempos de contingencia mundial por el Covid-19, misma que ha dejado en el país a más de 500 mil muertos.

A pesar de esta cifra, ni el jefe del Ejecutivo federal ni su esposa se han parado en un hospital para estar con los pacientes y menos han estado con sus familiares.

El apoyo esperado no pasa de un twitt o de un breve mensaje en las mañaneras, pero nada más.

La tragedia del Metro merecía la atención personal del presidente y no dejar sola a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, quien por cierto demostró que en momentos de crisis se hace más chiquita de lo que es.

La ciudadanía quiere que el presidente esté con ellos y más en los momentos difíciles, sin embargo, hasta el momento eso no ha sido posible y como se ven las cosas, pues cada vez será más difícil, debido al estado de polarización social que prevalece entre los mexicanos y que es alentado a diario desde Palacio Nacional.

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