Desde San Lázaro

La Constitución soy yo

La imposición de la hija de Félix Salgado Macedonio como candidata de Morena para disputar la gubernatura de Guerrero no es solo un capricho.

Con el grito de la Constitución ¡soy yo!, el presidente López Obrador ha vuelto a burlarse de sus correligionarios, de los guerrerenses y por supuesto de todos los mexicanos a quienes se les obliga respetar la ley, sin importar que no la acate él, ni sus achichincles.

La imposición de la hija de Félix Salgado Macedonio como candidata de Morena para disputar la gubernatura de Guerrero no se trata solo de imponer un capricho por encima, en primera instancia, de los otros competidores que buscaban representar a Morena en esa elección, sino de dar un patético ejemplo de cómo violentar el orden jurídico, cuando las cosas no son del agrado del huésped principal de Palacio Nacional.

Aunque todavía hay quien se sorprende por la actuación de AMLO y de sus esbirros, como Mario Delgado, recordemos que así ha sido en la mayoría de las decisiones en las que, no obstante que la Carta Magna impide sus atropellos, buscan justificar sus tropelías mediante triquiñuelas como inventar consultas populares patito o encuestas cuchareadas para justificar sus acciones.

En el caso de la nominación de Evelyn Salgado Pineda, mejor conocida como Juanita versión II, es una victoria, en todo caso, pírrica, de su padre y de su amigo el tabasqueño; y también representa un búmeran que cobrará cuentas de regreso, no solo entre el electorado guerrerense, sino a nivel nacional.

No es un secreto que los principales cuadros políticos y sus liderazgos locales de Guerrero están muy dolidos, por decir lo menos, del agandalle del presidente de la república por arrebatarles el derecho legítimo de competir en igualdad de condiciones, por la máxima aspiración que tiene cualquier político ser gobernador de su entidad natal.

Este hecho, más el crecimiento en las encuestas de otras opciones políticas como el candidato de la coalición PRI-PRD, Mario Moreno; de Ruth Zavaleta, de Movimiento Ciudadano y de Irma Lilia Garzón Bernal, por el PAN, han causado que la elección se cierre a un mes de las votaciones. Y no dude, estimado lector, que en una de esas cualquiera puede resultar el vencedor.

Lo que es un hecho es que en relación a las diputaciones federales, Morena ha perdido la ventaja que tenía hace un mes.

Esta radiografía político-electoral de lo que ocurre en Guerrero, la podemos extrapolar al resto del territorio nacional, en donde los candidatos de Morena se han derrumbado en el ánimo del electorado y eso tiene con los pelos de punta al jefe del partido, bueno a su líder moral, López Obrador.

Estos dos aspectos se quedan cortos ante el daño mayor que ha provocado la burla de imponer al vástago del acusado de violación, ya que al pitorrearse de las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y de los resolutivos del INE, daña a la incipiente democracia mexicana, trastoca el orden constitucional y mella la misma gobernabilidad.

El respeto al Estado de derecho es una condición sine qua non de la existencia del Estado, de la división de poderes y del régimen político, aunque claro todo esto vale queso ante la visión del presidente López Obrador, quien se ha empeñado en trastocar a las instituciones y todo el entramado legal para dar paso una dictadura.

Hace apenas unos meses cuando se mencionaba sobre las intenciones del jefe del Ejecutivo de ampliar su mandato más allá de 2024 y de establecer un nuevo diseño institucional que impida la existencia de auténticos contrapesos al Ejecutivo, causaba hilaridad; ahora es motivo de preocupación y es una posibilidad real que no solo ha alertado a diversos sectores de la sociedad mexicana, sino más allá de nuestras fronteras.

El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, ya tiene en su agenda de seguridad interna, el nacimiento de un nuevo dictador en la región.

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