Desde San Lázaro

La CDMX agoniza por sequía e ineptitud de las autoridades

La única solución eficaz a la sequía y la contaminación la otorga la madre naturaleza con las lluvias, porque en el mejor de los casos las autoridades solo implementan medidas de forma.

Entre el cambio climático y la ineptitud de las autoridades federales y de la CDMX, transita la vida de los ciudadanos, sobre todo en época de estiaje en la cual se incrementan las enfermedades respiratorias, gastrointestinales y del corazón y que, con el paso del tiempo, se recrudecen.

La única solución eficaz a la sequía y la contaminación la otorga la madre naturaleza con las lluvias, porque lo que son las autoridades, en el mejor de los casos, solo llevan a cabo medidas de forma, pero nada estructural, aunque hay que decirlo, antes por lo menos se emprendían acciones contra la polución derivada de los automotores y de las fábricas, al tiempo de mejorar las gasolinas, ahora con la nueva política energética del país en donde predomina la quema de combustibles y del carbón, pues las cosas están peores.

Con niveles de contaminantes por partículas suspendidas y ozono la CDMX vive una de sus peores temporadas, recrudecida por la escasez de las lluvias que, por cierto, ante la carencia del vital líquido, está en aprietos la zona metropolitana que se surte del sistema Cutzamala, que en estos momentos está en niveles de 35 por ciento promedio en el embalse de las presas que lo conforman

Claudia Sheinbaum y su equipo tienen bajo su responsabilidad combatir la contaminación y la sequía de la capital del país, empero, solo atinan a balbucear incoherencias cuando de soluciones se trata, para tapar su ineficiencia y su falta de experiencia en atender temas tan sensibles para los chilangos. La misma ‘científica’ da tumbos en las decisiones que toma al limitar la circulación de automotores cuando no son ellos los causantes de la polución por partículas suspendidas, sino las termoeléctricas que están en la periferia de la ciudad como el ‘caldero del infierno ambiental’ llamado, Tula.

Desde hace ya más de dos años y medio que llegaron al poder y con todos los diagnósticos elaborados sobre estos dos gravísimos problemas, no han podido hacer nada para solucionarlos, salvo el cavar pozos para seguir extrayendo el vital líquido de los mantos freáticos.

Qué se puede esperar, si el gobierno de la autollamada 4T carece de políticas públicas para combatir el cambio climático. El papel que hizo el presidente López Obrador en la reunión virtual de líderes mundiales sobre el tema celebrada la semana pasada, causó pena ajena y en donde quedó en evidencia las carencias del tabasqueño y de su gobierno en el tema.

Mientras que Joe Biden, presidente de Estados Unidos, se comprometió en la cumbre climática a reducir en la mitad sus emisiones de gases con efecto invernadero de aquí a finales de la década, AMLO habló de migración y del programa más opaco y dañino al medio ambiente que tiene su administración, denominado Sembrando Vida.

Dicen los sociólogos que la zona metropolitana Del Valle de México, está condenada a colapsarse por falta de agua, tal como ha ocurrido en el pasado con otras grandes concentraciones humanas; y ante estos pronósticos, las actuales autoridades de la gran metrópoli aplican el síndrome del avestruz. Esconden la cabeza en un agujero y rezan para que Tláloc se digne a abrir las compuertas del cielo.

Qué le espera al país en los próximos años por el cambio climático: más pobreza, marginación, enfermedades y muerte. Y ante ello los políticos se enfrascan en contiendas político- electorales, tratando de seguir viviendo del presupuesto público a expensas del sufrimiento de la gente.

Terminará la gestión de AMLO y su alfil para sucederlo y la contaminación y la falta de agua potable en la capital del país, estará peor que nunca.

Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí

COLUMNAS ANTERIORES

La violencia ‘in crescendo’ y “por fortuna, los delincuentes están bien”
Primero muerto que perder el poder

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.