Desde San Lázaro

El Senado violenta los derechos humanos de los mexicanos

Una tras otra, parece que hay un concurso para ver cuál de las iniciativas que aprueba la Cámara alta hace más daño a la sociedad.

Tus datos personales a cambio del uso del celular y con el peligro de que cualquier persona tenga acceso a ellos, con el riesgo no solo de suplantarte, sino de tenerte bajo su total control.

El padrón biométrico de todos los mexicanos estará, tarde que temprano, en manos de los malandros, quienes con una simple búsqueda pueden tener toda la información de cualquier víctima, sin importar su nivel socioeconómico.

La aprobación hecha por el Senado de la República, en particular por Morena y sus aliados, no solo atenta contra los derechos fundamentales del hombre protegidos en la Carta Magna, sino que deja totalmente en estado de indefensión a cualquier ciudadano que carga un celular.

De este tamaño son las burradas, por decir lo menos, que aprueba la Cámara alta con el Padrón de Usuarios de Telefonía Móvil con Datos Biométricos que pone en la mira de los extorsionadores a cualquier usuario de telefonía celular; y este argumento fue usado por los senadores del partido en el gobierno para promover la aprobación de este bodrio, en contraparte, los legisladores de oposición argumentaron que, al contrario, con estos datos se abre la puerta para dejar en estado de vulnerabilidad a cualquier usuario de la telefonía celular.

Por supuesto, los senadores del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano advirtieron que agotarán todas las instancias legales, incluso hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para revertir la aprobación.

No se trata solo de levantar un padrón de usuarios de la telefonía celular, sino de que el Estado tenga pleno acceso a todos los datos personales de todos los mexicanos, porque, unos ahora y otros después, contratarán los servicios de un celular.

Se preguntará cuáles son esos datos personales que tendrá que proporcionar toda aquel que porte un celular. Entre otros, nombre completo, denominación o razón social del usuario, nacionalidad, número de identificación oficial con fotografía o CURP del titular de la línea, datos biométricos del usuario o del representante legal de la persona moral, domicilio, datos del concesionario y esquema de contratación.

Es decir, toda la información para que cualquier malandro haga sus fechorías como secuestrar, extorsionar o incluso suplantar la identidad. Pero estos riesgos a los que se enfrentará todo mexicano con celular les valió queso a los legisladores de Morena que comanda Ricardo Monreal.

Una tras otra, parece que hay un concurso para ver cuál de las iniciativas que aprueba la Cámara alta hace más daño a la sociedad. Recientemente aprobaron la Ley de la Industria Eléctrica, que por fortuna varios jueces la tiraron. También en cuestión de horas van a probar la expropiación petrolera de AMLO que causará que las gasolinas sigan en aumento, como ocurre hasta el momento, además de incrementar los niveles de contaminación en todo el país. Y ahora se avientan la jalada de aprobar el Padrón de Usuarios de Telefonía Móvil con Datos Biométricos.

Por qué se están apresurando a aprobar todas las ocurrencias que provienen de Palacio Nacional. Pues nada, que existen grandes posibilidades de que pierdan la mayoría en la Cámara de Diputados federal, como resultado de las elecciones del próximo 6 de junio, y con ello ya no será posible manipular a los legisladores.

De perder Morena y sus aliados políticos la mayoría simple en la Cámara baja, volverá ese órgano legislativo a ser un auténtico contrapeso al presidente de México. Mientras ello ocurre, tenemos que padecer toda clase de medidas, que se han aprobado en otros países con tintes populistas y con regímenes dictatoriales, quienes buscan tener controlada a la población violentando sus derechos humanos amparados en leyes como las que acaba de aprobar el Senado.

COLUMNAS ANTERIORES

Al alma máter no se toca
El gobierno requiere endeudarse para 2022

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.