Las Encuestas

La tacopolítica y otros menesteres

Habrá que ver si las giras de Sheinbaum por algunos estados le han redituado apoyo a nivel nacional, pero su popularidad ha venido cayendo en las encuestas en la Ciudad de México.

El episodio de los tacos de canasta de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, me recordó la anécdota de los tamales de Gerald Ford, quien quiso impresionar al electorado mexicoamericano en un acto de campaña en busca de votos. A Ford no le fue bien con los tamales y dejó una mala impresión, mientras que con Sheinbaum está por verse si los canastacos sumaron o restaron puntos, o salió tablas. Lo interesante es que detrás de esos eventos mediáticos, y hoy de redes sociales, hay por lo general un objetivo que se sustenta en resultados de encuestas o que busca influir en las siguientes encuestas. Es un asunto de imagen y popularidad.

Habrá que ver si sus giras por algunos estados le han redituado apoyo a nivel nacional, pero la popularidad de Sheinbaum ha venido cayendo en las encuestas en la Ciudad de México, según reveló el sondeo de EL FINANCIERO el martes pasado.

La encuesta revela un dato adicional y muy curioso que le da mayor sentido a los tacos de canasta: la aprobación a Sheinbaum alcanza 69 por ciento entre las personas entrevistadas que se consideran de clase media, pero es 51 por ciento entre quienes se consideran de clase obrera, una diferencia de 18 puntos. Como usted quizás ya lo sospechaba, la movida de Sheinbaum de salir a comer tacos de canasta parece ir dirigida hacia el electorado popular.

La baja en la popularidad de Sheinbaum se combina con la alta visibilidad que ha tenido Marcelo Ebrard debido a los eventos internacionales de fechas recientes. No es descabellado pensar que el canciller ha venido sumando puntos ante el electorado nacional, y especialmente entre los segmentos que se fijan más en los asuntos internacionales, como las clases medias profesionistas. ¿Será que a nivel nacional se está abriendo una brecha de clase social entre los aspirantes punteros a la candidatura presidencial de Morena? Esperemos poder verificarlo con las encuestas, pero por lo pronto me parece una hipótesis factible.

Sheinbaum no es la primera que recurre a la tacopolítica procurando apoyo popular. Ya el excandidato presidencial del PAN Ricardo Anaya lo ha puesto en práctica, y el presidente López Obrador es muy afecto a mostrarse ante la ciudadanía consumiendo alimentos en sitios que se asocian con sus continuas referencias al ‘pueblo’.

Donald Trump tuvo su momento McDonald’s, en el que un montón de hamburguesas se mostraban con un fondo bastante ostentoso, de magnate, ¿recuerda? Tanto López Obrador como Trump han lucido con mucha naturalidad en sus respectivos ambientes de degustación de comida popular. Lo que se criticó a Anaya, y entre algunos segmentos también a Sheinbaum, es que no lucen tan naturales con los tacos.

Maquiavelo le aconsejaba al Príncipe que no es necesario tener todas las virtudes para gobernar, pero sí es necesario parecer tenerlas, lo cual es un principio básico de comunicación y de opinión pública.

Y hablando de la opinión pública, esta semana el presidente López Obrador anunció que su gobierno lanzará una campaña para informar a la ciudadanía acerca de la reforma eléctrica.

Una encuesta que publicó EL FINANCIERO hace unos días arrojó que la propuesta del Presidente cuenta con un apoyo mayoritario entre la ciudadanía, pero también que la mayoría de los ciudadanos sabe poco o nada de la propuesta. Hay apoyo, pero sin mucha luz (luz en el sentido informativo y de conocimiento, no eléctrico).

La encuesta que EL FINANCIERO realizó en octubre indica que el rechazo a la reforma se concentra más entre quienes saben poco o nada de la propuesta. Si estos resultados los están detectando en las encuestas que miran en Palacio Nacional, es claro que en la apuesta de la campaña de información podría estar la expectativa de que el desconocimiento se vuelva apoyo.

La excepción son los morenistas, que expresan un alto apoyo y a la vez un alto nivel de desinformación (un apoyo ciegamente partidario). Y el contraste lo marca el segmento de universitarios, quienes expresan un menor desconocimiento y un mayor rechazo.

La campaña informativa evoca lo que los comunicólogos denominan efectos de agenda-setting y priming. Veremos en su momento cuáles son los resultados, pero también si en los contenidos de la campaña aplica ese principio del célebre florentino sobre las virtudes que comentábamos arriba. Ya veremos.

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