Repensar

Después de Oppenheimer

Con un esfuerzo presupuestal enorme, EU logró desarrollar la tecnología que (con las dificultades que se muestran en la película Oppenheimer), apenas a tiempo, permitió superar al enemigo.

Antes de 1939, la investigación científica en Estados Unidos se hacía casi exclusivamente en las universidades, mientras que el desarrollo tecnológico solamente lo efectuaban las compañías grandes. Ni universidades ni empresas recibían mucho apoyo del gobierno.

La guerra los hizo cambiar. Estados Unidos, aislado de los conflictos europeos, no había desarrollado una industria de armas. Tuvo que reconvertir sus fábricas para poder hacer barcos, aviones y tanques. Y se vio en la necesidad de convencer a los científicos para que le ayudaran a superar la brecha tecnológica que tenía con Alemania.

Con un esfuerzo presupuestal enorme, se logró desarrollar la tecnología que (con las dificultades que se muestran en la película Oppenheimer), apenas a tiempo, permitió superar al enemigo.

A diferencia de lo sucedido después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos no desmovilizó sus fuerzas militares al firmarse la paz. Enfrentaba una nueva amenaza: el expansionismo soviético.

Por ello, hasta mediados de los 60, el gasto en ciencia y tecnología era cubierto en un 80% por el gobierno (50% por el Departamento de Defensa).

Como los militares enfatizaban el desempeño sobre el costo, era un arreglo que convenía a las universidades y a las empresas. Los investigadores disponían de amplios recursos para montar laboratorios y experimentar. Las empresas recibían gigantescas órdenes de compra que les permitían economías de escala y abaratar su producción no bélica. Así fue como se desarrollaron las centrales nucleares para generar electricidad y los aviones jet, que impulsaron la aviación civil.

Con el tiempo, los académicos sintieron que perdían libertad, las empresas encontraron mercados más interesantes y el Congreso se alarmó por el gasto excesivo.

En su mensaje de despedida (17 de enero de 1961), después de haber servido como presidente por dos periodos, el general Dwight D. Eisenhower sugirió que el presupuesto sería mejor empleado si se destinaba a resolver problemas sociales. Advirtió que el complejo militar-industrial había adquirido una influencia injustificada, que ponía en peligro las libertades y el proceso democrático. Reconoció que los contratos federales alteraban la libertad académica y que las políticas públicas quedaban cautivas de una elite científico-tecnológica.

…tres, dos, uno, ¡cero!

El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial: el Sputnik 1, una esfera metálica de 58 centímetros de diámetro y 83 kilos, con un radiotransmisor adentro.

Los americanos habían reclutado a los científicos alemanes que habían desarrollado los proyectiles V1 y V2 durante la guerra. Cada una de las ramas de la milicia estaba construyendo sus cohetes balísticos. El Ejército, con el doctor Wernher von Braun al frente, prefería proyectiles muy grandes, mientras que la Fuerza Aérea y la Armada ensayaban modelos más pequeños.

Los que avanzaron más rápido fueron los marinos, que desde 1956 iban a hacer su primer lanzamiento, pero se retrasaron porque decidieron que era mejor que el satélite tuviera forma de esfera y no de cono, como al principio preferían.

El 6 de diciembre de 1957 intentaron lanzar el Vanguard TV3, pero explotó en la plataforma. El 17 de marzo de 1958 lograron lanzar el Vanguard 1. El Ejército les ganó dos meses antes con el Explorer 1.

El Vanguard 1 continuó transmitiendo hasta 1964 y es el satélite más antiguo aún en órbita. Gracias a él sabemos que la tierra no es una esfera perfecta: el Polo Norte es más elevado y el Polo Sur más aplanado, como una pera.

Los soviéticos utilizaron el éxito del Sputnik para hacer propaganda. Nikita Jruschov se burló del Vanguard 1, llamándolo “satélite uva” porque sólo pesaba 10 kilos y medía 15 centímetros de diámetro.

Al constatar que la URSS contaba con cohetes capaces de llevar explosivos nucleares a grandes distancias, los americanos se sintieron de pronto vulnerables. Entre el 6 y el 31 de octubre de 1957, el New York Times publicó 279 artículos sobre el Sputnik.

Arthur C. Clarke, autor de libros científicos sobre la exploración espacial y de novelas de extraterrestres (y guionista, años después, de la película 2001, odisea del espacio), hizo declaraciones alarmistas.

Eisenhower creó entonces la NASA, que inició la carrera espacial. Estableció también la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa (DARPA), de cuyos cubículos salieron los satélites meteorológicos y de comunicaciones, el GPS, los drones, las computadoras personales, el internet, las interfases de voz, la realidad virtual y la inteligencia artificial.

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