Repensar

Trampas

Los líderes de Estados Unidos tendrán que actuar con prudencia para tratar de salir de las trampas en las que ellos mismos se metieron.

Estados Unidos inicia el año con muchos peligros y pocas oportunidades. Sus líderes tendrán que actuar con prudencia para tratar de salir de las trampas en las que ellos mismos se metieron.

Los programas de rescate excesivos los llevaron a niveles de inflación que no se habían visto en cuatro décadas. La Reserva Federal no actuó a tiempo y ahora tiene que mostrarse inflexible y mantener altas las tasas de interés. Eso le pega fuerte a la producción manufacturera y a las ventas al menudeo. El alto costo de las casas alimenta la de por sí grave crisis de vivienda.

El desempleo está en tasas históricamente bajas y el costo de la gasolina se estabilizó, pero los sueldos siguen subiendo y el mercado de valores se tambalea.

La posibilidad de un aterrizaje suave se aleja y la percepción generalizada de los agentes económicos es de que habrá una recesión.

El presidente consiguió que el Congreso aprobara grandes programas de política industrial, para mejorar la infraestructura, combatir la contaminación ambiental e impulsar la producción de microchips.

El problema es que le está costando mucho trabajo echarlos a funcionar. De los billones autorizados para infraestructura, apenas unos cuantos proyectos están en marcha. Han privado los criterios políticos sobre las consideraciones técnicas.

Se propusieron volver eléctrica toda la flota de vehículos del gobierno y tuvieron que posponer para 2026 la reconversión del segmento más grande: los camioncitos del correo. Para esas fechas, si acaso, empezarán a abaratarse las medicinas.

La peor ratonera en la que han caído es la crisis de la frontera con México. Miles de solicitantes de refugio siguen llegando y el aparato migratorio se muestra completamente rebasado. De nada sirve que se autoricen 125 mil admisiones, si los que las demandan son muchísimos más y hay dos millones de casos pendientes. El año pasado se autorizó esa misma cantidad y sólo alcanzaron a reasentar a 20 mil.

El Congreso es renuente a destinar más fondos a los tribunales migratorios y a los campos de refugiados, mientras que el Ejecutivo es incapaz de desechar reglamentos obsoletos.

La inseguridad crece y nadie atina a encontrar la fórmula para frenarla. Policía sin presupuesto que demanda armas militares se enfrenta a fiscales de distrito que dejan libres a criminales. No es un problema de “halcones y palomas”, sino de políticas públicas fundadas en evidencia.

Demasiada grilla

La nueva mayoría republicana en la Casa de Representantes llega con la consigna de obstaculizar en todo lo posible a la administración Biden. Seguramente frenarán el gasto y presionarán con la parálisis del gobierno y con el monto máximo de endeudamiento.

Con Jim Jordan en el Comité Judicial es seguro que tratarán de llevar a juicio político al presidente, al secretario de Seguridad Interior y a otros funcionarios. Van a repetir el escenario de los noventa, cuando el liderazgo radicalizado de Newt Gingrich acabó espantando a los votantes.

Por su parte, los demócratas insistirán en llevar a juicio a Donald Trump. Motivos sobran, pero es un garlito porque si el procurador Merrick Garland y el fiscal especial, Jack Smith, no logran levantar cargos, quedarán en ridículo. Si lo consiguen será muy difícil que no se vea una intencionalidad política. En todo caso, victimizarse le ayudaría a Trump, quien ya está en campaña y tiene más fuerza dentro de su partido que hace seis y dos años.

Aunque muchos republicanos preferirían un candidato menos controversial, ni el gobernador de Florida, Ron DeSantis, ni el exvicepresidente Mike Pence, ni la exembajadora en la ONU, Nikky Haley, ni el exsecretario de Estado Mike Pompeo, lo pueden desafiar hoy.

Problema similar tienen los demócratas. A pesar de su edad (tendría 82 años el día de la elección) y de sus problemas de demencia, Joe Biden es su mejor carta. Es el único que ha logrado frenar a los progresistas, populares dentro del partido, pero no en el electorado general. Dentro de los moderados es el que más puede incidir entre los legisladores.

La vicepresidenta Kamala Harris tiene niveles de popularidad muy bajos y pierde aliados. La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, no se decide. El secretario de Transporte, Pete Buttigieg, no ha mostrado tamaños, a pesar de manejar el impresionante presupuesto de infraestructura.

Difícil pensar que los que se metieron en todas esas trampas van a intentar escapar de ellas.

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