Repensar

Revancha

Los republicanos quieren la Cámara de Representantes no es empujar un programa renovador, sino echar para atrás leyes que los demócratas han promulgado en los últimos años.

El principal motivo por el que los republicanos querían conseguir una mayoría en la Cámara de Representantes no es empujar un programa legislativo renovador, sino echar para atrás leyes que los demócratas han promulgado en los últimos años. Esta intención es evidente tanto en su plataforma oficial para estas elecciones (Compromiso con América) como en otras propuestas más radicales de algunas corrientes internas (como el Plan para Salvar a América).

Con intransigencia (“no nos detendremos ante nada”) y alegando que es un gasto dispendioso, mal enfocado e inflacionario, pretenden revertir buena parte de las iniciativas económicas impulsadas por Joe Biden. Especialmente la última, la llamada ley para controlar la inflación, que tiene pocas semanas de ser aprobada y ni siquiera ha empezado a implantarse.

En parte tienen razón porque sus rivales envolvieron con vaguedades sus proyectos y no es claro qué harán con los cuantiosos fondos a su disposición. Por ejemplo, muchos de los proyectos etiquetados como “combate al cambio climático”, en realidad son obras públicas promovidas por representantes demócratas para quedar bien con los electores de su distrito. No tienen un propósito primordialmente ambiental ni son parte de un esfuerzo sistemático en ese sentido.

En otras ocasiones, las medidas no fueron suficientemente explicadas, han sido mal interpretadas y son impopulares. La propuesta de contratar (a lo largo de 10 años) a 87 mil auditores en la administración tributaria, con el propósito de reducir la evasión de impuestos por las grandes corporativos, fue manejada por sus contrincantes como una ofensiva contra los causantes menores. En los anuncios republicanos se hablaba de “agentes fiscales” y se les veía forzando la entrada a casas modestas, ante la sorpresa de aterrados ciudadanos, presuntamente buenos cumplidores con sus contribuciones.

Con el fuerte respaldo de los cabilderos de la industria farmacéutica, intentarán abrogar los topes a los precios de los medicamentos comprados por las instituciones públicas de salud.

Seguramente buscarán anular muchas regulaciones ambientales que afectan la producción de carbón y petróleo. La prioridad ahora es incrementar la generación de energía para abatir el precio de los combustibles.

Hay proyectos legislativos que pasarán sin problema. Por ejemplo, ante la desbandada de policías que se retiran, otorgar bonos para reclutarlos o retenerlos.

Hay otros que propondrán por su carga simbólica, aunque saben que enfrentarán el veto presidencial. No conceder la nacionalidad a nacidos en territorio estadounidense, a menos que uno de sus padres sea ciudadano o residente permanente, va contra la interpretación tradicional de la Constitución. Hacer obligatorio presentar una identificación oficial para poder votar o mayores requisitos para hacerlo por correo son intransitables, porque se consideran “supresión del voto”.

Biden jamás firmaría una ley para hacer ilegal el aborto a nivel federal o para prohibir que hombres transgénero compitan en equipos deportivos femeninos.

Pleitos

Donde una mayoría republicana sí le puede hacer mucho daño a la actual administración es en la aprobación del Presupuesto y, en particular, en la autorización del tope de endeudamiento. Ante el peligro de que se paralice el gobierno o se declare en impago, le van a sacar innumerables concesiones de gasto y le van a vetar, de facto, muchos programas.

No se contentarán con sabotear la investigación que está haciendo el Congreso sobre la irrupción de una turba en el Capitolio en enero de 2021, sino que están planeando llevar a juicio político a: Joe Biden (por el “atropellado retiro de tropas de Afganistán” y por “provocar la inflación”); a Merrick Garland, procurador general, y a Christopher Wray, director del FBI (por el cateo “ilegal”, en busca de documentos clasificados, a la casa de Donald Trump); a Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (por su “errático manejo de la epidemia de Covid”), y a Alejandro Mayorkas, titular del Departamento de Seguridad Interior (por “permitir que se descontrolaran las fronteras”).

En todos los casos, será difícil que se llegue a un impeachment porque se requieren también los votos del Senado. El objetivo es golpear al ya muy debilitado gobierno de Biden. Por lo mismo, no tardarán en crear una comisión para indagar sobre los sospechosos negocios de Hunter, su hijo.

Para México será problemático porque habrá más polarización y se condicionará la cooperación en diferentes ámbitos. Tratarán de endurecer las políticas migratorias y de seguridad y se dará entrada a demandas proteccionistas en materia comercial.

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