Repensar

Anuncios demócratas

El presidente asegura que con sus políticas se reducirá el costo de los medicamentos y de la atención médica, pero eso mismo prometieron Clinton y Obama, dice Alejandro Gil Recasens.

La prensa estadounidense calcula que en estas elecciones intermedias se han comprado más de 10 mil millones de dólares en anuncios de televisión, mucho más que lo que se erogó hace dos años en las presidenciales. Es un indicativo del ambiente de polarización en que se desenvuelven estos comicios, en los que la mayoría en el Senado se decidirá por uno o dos escaños. Como los candidatos mantienen posiciones irreductibles, rehúyen a los debates y tienen que darse a conocer por otros medios.

Es consecuencia, asimismo, de la expansión del voto anticipado, que antes de la pandemia del Covid sólo se permitía en unos cuantos estados. Al poderse votar hasta un mes antes, las campañas se alargan.

Tiene que ver, principalmente, con el descontrol en el financiamiento electoral. La ley regula lo que pueden gastar los candidatos y obliga a las televisoras a ofrecerles las tarifas más bajas. En cambio, las organizaciones promotoras del voto (llamadas SuperPacs) no están limitadas, pero tienen que pagar lo que las grandes cadenas o las pequeñas estaciones locales les exijan. Así, un anuncio de 30 segundos en tiempo “triple A” le puede costar mil dólares a un candidato y 3 mil dólares a una SuperPac. Y crecientemente son estas entidades las que soportan la mayor parte del financiamiento.

Resulta extraño que más de la mitad del gasto de campaña se vaya a la televisión cuando ese medio ya no tiene el impacto que tuvo el siglo pasado. Los jóvenes ya no ven televisión y menos anuncios políticos. Lo que pasa es que, para llegar a 150 millones de votantes, la pantalla chica es lo más económico y se pueden hacer mediciones confiables de su efectividad. En cambio, las plataformas en las redes sociales (Facebook, Twitter, YouTube, TikTok) son más de nicho y de resultados inciertos.

EQUIVOCADOS

Los demócratas cometieron dos errores graves en su estrategia de medios. Por una parte, dirigieron sus spots a su base tradicional, con la idea de afianzarla (“sacarle todo el jugo”, explicaron) y descuidaron a los independientes y a los indecisos.

Por otro lado, no advirtieron a tiempo los estragos que la inflación les iba a causar. Seleccionaron temas de campaña que pensaron ganadores y que la situación económica acabó desplazando.

Por ejemplo, produjeron un anuncio de muy buena factura sobre el medio ambiente. Imágenes impresionantes de incendios forestales y huracanes enmarcan el señalamiento de que, tras décadas de inacción, por fin Joe Biden está promoviendo energías alternativas y vehículos eléctricos. Gracias a ello habrá energía más barata y se recuperará el equilibrio ecológico.

Quisieron aprovechar luego las audiencias que el Congreso llevo a cabo para investigar los sucesos del 6 de enero de 2021. Con una banda sonora aterradora, en un spot se ve a las multitudes enardecidas irrumpiendo en el Capitolio y se presenta luego la ciudad de Washington llena de alambre de púas. Militares patrullan las calles y reprimen a ciudadanos que agitan letreros que dicen “America was a democracy”. Muy impresionante, pero los ciudadanos están cansados de la propaganda negativa y menos la toleran cuando su preocupación es llegar a la siguiente quincena.

Luego de que la Suprema Corte decidió que el aborto es un asunto que corresponde a las legislaturas estatales, muchos candidatos respondieron a la demanda conservadora de prohibición total con la exigencia de permitirlo hasta en las últimas semanas del embarazo. No percibieron que hasta entre los simpatizantes de su partido esa es una posición muy radical.

Finalmente se convencieron de que tenían que mostrar que están comprometidos a combatir el alza de precios. Pero más allá de culpar del fenómeno a las grandes corporaciones, tienen muy poco que ofrecer. El presidente asegura que con sus políticas se reducirá el costo de los medicamentos y de la atención médica, pero eso mismo prometieron Clinton y Obama.

Con sentido común, algunos candidatos se presentan como alejados de la ideología y del conflicto, como personas cálidas y sensatas. Tim Ryan (aspirante al Senado por Ohio), aparece con su esposa en un spot diciendo: “Algunos creen que tienen que estar de acuerdo con las políticas de un candidato 100% del tiempo. Yo les pregunto: ¿están casados? En el matrimonio tenemos 10 conversaciones al día y estamos de acuerdo en siete. Es lo mismo para el país; tenemos que dejar las peleas estúpidas…”.

COLUMNAS ANTERIORES

El Zorro y Trump
¿Quién eres?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.