Repensar

¿Ganarán los republicanos?

Los republicanos ganarían el control de la Cámara baja por un pequeño margen y, de conseguir la mayoría en el Senado, sería por uno o dos escaños.

Este año el Partido Republicano la tuvo fácil. Sus contrincantes demócratas eligieron temas de campaña que no sintonizan con las preocupaciones de la gente y, en lo que sí la inquieta (inflación disparada, delincuencia e inmigración ilegal descontroladas), ellos son vistos como culpables. Se pusieron de pechito y los otros no han tenido que proponer otra cosa que expulsarlos del gobierno.

La población responsabiliza de la mala situación económica a Joe Biden y los republicanos etiquetan al alza acelerada de los precios como “bidenflation”. Por más que el presidente culpa de ello a la pandemia, a los rusos, a los chinos y a las grandes corporaciones; por más que les recuerda que los salarios vienen deteriorándose de mucho tiempo atrás, y por más que trata de demostrar que está enfrentando la carestía, la gente siente que sus decisiones han empeorado las cosas.

Incluso etiquetó su último paquete económico como Inflation Reduction Act, a pesar de que no está enfocado a ese propósito. Un mes después de que lo lanzó, ya le echan en cara que no tuvo los efectos prometidos.

Lo que más irrita a los votantes es el alto costo de la gasolina. Muchos la atribuyen, no a la guerra en Ucrania o a que los sauditas restringen la producción, sino a que la Casa Blanca canceló oleoductos y no ha dado permisos para exploración o nuevas perforaciones. Biden ya liberó la mitad de la reserva nacional del aceite y no ha logrado que vuelva al nivel de precios del año pasado.

Tampoco entienden que las sanciones a Rusia hayan tenido consecuencias tan contraproducentes. Escasean alimentos y en muchas industrias, de por sí afectadas por la interrupción en las cadenas de suministros, ahora se están perdiendo proveedores y mercados.

Por último, cada vez que la Reserva Federal sube las tasas de interés se reduce la inversión y se eleva el desempleo. Ya todo mundo intuye que viene una recesión.

En los años 70 el economista Arthur Okun creó un “índice de miseria”, muy cuestionado por los expertos, pero útil para prever impactos políticos de la situación económica.

El índice se obtiene simplemente sumando la tasa de desempleo (número de adultos que activamente buscan trabajo como fracción de la fuerza laboral total) a la tasa de inflación (velocidad a la que el dinero pierde poder adquisitivo). Ambas tasas están correlacionadas: a más personas con empleo, más suben los precios y al revés.

Se considera “pleno empleo” cuando la tasa de desempleo está entre 4 y 5 por ciento y el objetivo de inflación de la Fed es de 2 por ciento. Así pues, la tasa ideal sería de 6 a 7 por ciento. En la Gran Depresión llegó a 25.7 por ciento y los presidentes que tuvieron los peores índices fueron Nixon (20 por ciento) y Carter (22 por ciento). Al día de ayer, con desempleo al 3.5 por ciento e inflación al 8.52 por ciento, está en 12.2 por ciento y subiendo.

Explotar el miedo

Los republicanos no han tenido escrúpulos para alentar el temor que se ha creado por el aumento de la delincuencia.

El problema es real: las tasas delictivas suben; hay robos masivos en tiendas de departamentos; los parques de diversión cierran más temprano y muchos Starbucks han abandonado barrios inseguros. Pero ellos lo achacan exclusivamente a alcaldes demócratas que han reducido el presupuesto de la policía y a fiscales de distrito de ese partido que no persiguen con energía a los pandilleros.

Lo mismo sucede con la inmigración indocumentada. Los republicanos, que por décadas han bloqueado cualquier intento de regularla, presentan su incremento como una invasión de extranjeros que van a arrebatarle sus trabajos a los americanos. Para resaltar su argumento, los gobernadores republicanos de Texas y Florida han llegado al extremo de transportar a inmigrantes detenidos a estados del norte.

Todo esto ha tenido resultados catastróficos. Un millón de demócratas ahora están registrados como republicanos. Aunque el registro sólo es útil para las primarias y alguien anotado en un partido puede votar por otro y, de hecho, muchos sufragan por candidatos de partidos diferentes en las distintas elecciones (senadores, diputados, gobernadores), sí es un indicador de que están perdiendo base social. Incluso la popular ex aspirante presidencial Tulsi Gabbard ya los abandonó.

En todo caso, los republicanos ganarían el control de la Cámara baja por un pequeño margen y, de conseguir la mayoría en el Senado, sería por uno o dos escaños.

COLUMNAS ANTERIORES

El Zorro y Trump
¿Quién eres?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.