Repensar

La incógnita

Ya sea que se sigan aumentando los sueldos, y consecuentemente los costos de producción, o que se sustituya personal invirtiendo en automatización, la inflación será prolongada.

Para muchos de los que terminan un doctorado en economía en alguna universidad prestigiada, el sueño es incorporarse a la Reserva Federal. Cada año, el banco central de Estados Unidos contrata a docenas de graduados y les ofrece oportunidades que difícilmente pueden conseguir en otra parte.

Disponen de la tecnología más avanzada: servidores de alto rendimiento y velocidad, que funcionan con los sistemas operativos Linux y Windows; los últimos paquetes de software en estadística y econometría. Cuentan con bancos de datos gigantescos que cubren todos los tópicos de la micro y de la macroeconomía y con miles de revistas y libros en formato electrónico, todo accesible desde dispositivos móviles. Los apoyan además becarios y bibliotecarios de datos y de referencias que les ahorran mucho tiempo.

Lo más atractivo es el ambiente de estímulo intelectual. En la academia, normalmente conviven con dos o tres colegas de la misma especialidad. En la Fed interactúan con docenas y además no tienen que dedicar tiempo a preparar clases y a revisar papers. Al final, aprenden más en las discusiones durante el almuerzo en la cafetería del banco que en varios años en las aulas.

Hay frecuentes seminarios con conferencistas “de afuera”, tanto del sector privado como de gobiernos, organismos internacionales o universidades. También webinars (accesibles al público) en los que se presentan trabajos para ser discutidos por expertos externos.

Lo más desafiante son los talleres, en que los investigadores deben presentar, cada año, una ponencia sobre temas de política económica frente a la Junta de Gobernadores.

Confundidos

Con toda esa capacidad física y mental, los economistas de la Fed no han podido responder con seguridad a una sencilla pregunta: ¿cuánto más va a durar la inflación?

Y eso los lleva al gran debate: ¿qué está causando el alza sostenida de los precios? Si las causas son coyunturales, desaparecerá pronto; si son estructurales, puede durar por años.

Los optimistas, entre los que se incluye a la mayoría de los gobernadores (y que en los medios encabezan Paul Krugman y Joseph Stiglitz), piensan que los factores que originaron el problema se están esfumando y que se puede lograr un aterrizaje suave, con poco desempleo.

El estímulo que significó el paquete de ayudas a las personas y a las empresas para superar la epidemia fue muy exitoso: la recesión duró pocos meses. Sin embargo, resultó excesivo: la gente tuvo demasiado dinero en la cartera, pero pocas oportunidades de gastarlo, porque los servicios se interrumpieron y las compras electrónicas se saturaron. En la medida en que se reactiva la economía, las cosas se normalizan.

La interrupción en las cadenas de suministro también se está superando: los patios portuarios se están vaciando y cada vez hay menos pedidos sin surtir.

Los precios de los cereales, de los automóviles, del petróleo y el gas, aunque lentamente, se estabilizan.

Los pesimistas, entre los que se cuentan algunos jóvenes investigadores de la Fed (y están capitaneados en los medios por Larry Summers), piensan que la inflación será persistente porque los mercados laborales están dislocados desde hace años: mucho antes de la crisis financiera de 2008 y de la pandemia ya había miles de vacantes sin llenar.

Desde el punto de vista de la inflación, lo importante es el número absoluto de vacantes (hoy 12 millones) en relación con el número de desempleados. Cuando hay muchas vacantes y pocos desempleados que busquen esos trabajos, los salarios se van para arriba, arrastrando a los precios. Un empleado de restaurante de comida rápida está ganando 16 dólares por hora, cuando hace dos años se conformaban con la mitad… y las hamburguesas y las pizzas hoy están más caras que nunca.

Actualmente hay más vacantes con tasas de desempleo en descenso. Dicho de otra forma, si aceptaran un trabajo todos los desempleados todavía quedarían puestos de trabajo sin ocupar.

Aunque es posible que las innovaciones adoptadas para enfrentar la pandemia (y el trabajo en casa) hayan mejorado la productividad de algunos tipos de empleo, justificando sueldos más altos, en muchos sectores ha sucedido lo contrario: mejores percepciones con menor productividad.

Hay dos soluciones a este problema. Ya sea que se sigan aumentando los sueldos, y consecuentemente los costos de producción, o que se sustituya personal invirtiendo en automatización, la inflación será prolongada.

Después de la reunión de hoy de los gobernadores del banco, sabremos si siguen siendo optimistas.

COLUMNAS ANTERIORES

El Zorro y Trump
¿Quién eres?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.