Repensar

Sin compasión

Bob Dole estaba a favor de la disciplina en las finanzas públicas, pero no creía que los programas sociales fueran siempre un gasto improductivo, comenta Alejandro Gil Recasens.

El domingo falleció, a los 98 años, Bob Dole. Nacido en una pequeña población de Kansas, muy joven destacó en el atletismo y el basquetbol. Como a tantos jóvenes de su generación, la Segunda Guerra Mundial le cambió la vida. Peleando en Italia, una granada, que estalló cuando auxiliaba a un compañero herido; lo dejó cuadripléjico. Luego de dos años en el hospital y de haber perdido un riñón, los médicos le dijeron que ya nunca podría caminar ni mover los brazos. Él no se abatió: tras meses y meses en rehabilitación pudo volver a mover sus piernas y su brazo izquierdo.

Estudió derecho y se convirtió en defensor de los intereses de los granjeros de su estado. Poco a poco se incorporó a la política local y en 1961 llegó a la Cámara de Representantes. Siguiendo la línea del Partido Republicano apoyó la guerra de Vietnam y se opuso a los programas de la Gran Sociedad de Lyndon Johnson. En cambio, respaldó las leyes de derechos civiles.

Para 1969, ya en el Senado, cuestionaba la rigidez con la que sus correligionarios sostenían la restricción fiscal. Estaba, desde luego, a favor de la disciplina en las finanzas públicas, pero no creía que los programas sociales fueran siempre un gasto improductivo ni mucho menos que necesariamente fomentaran el paternalismo y el parasitismo. En la Comisión de Agricultura y luego en la de Finanzas, presentó diferentes iniciativas a favor de los granjeros, las familias, los discapacitados y la nutrición infantil.

Todo ello en el periodo en que la máxima prioridad de los republicanos era reducir los impuestos y el déficit público. Gracias a su capacidad para dialogar, los convenció de que atender las necesidades de la gente no estaba reñido con el equilibrio presupuestal. Incluso lo eligieron líder parlamentario y lo promovieron como candidato presidencial. Gran amigo de los expresidentes Eisenhower, Nixon, Ford y Reagan, fue factor de unidad (y presidente) de su partido, pero tras cuatro intentos, no pudo llegar a la Casa Blanca.

DESPISTADOS

Desde su fundación, poco antes de la Guerra Civil, hasta la época de Franklin Roosevelt, el Partido Republicano fue favorecido por la población negra. Esa ventaja se fue perdiendo con los programas clientelares del New Deal pero, sobre todo, con las campañas de Barry Goldwater (1964) y de Nixon (1968). Con tal de conquistar el voto blanco sureño, los republicanos abandonaron la defensa de los derechos civiles. Le dejaron el campo libre a sus contrincantes, que muy pronto promovieron políticas sociales, con gran rédito electoral.

Los republicanos se opusieron a las medidas de integración racial forzosa en la escuela y en la vivienda, así como a las acciones afirmativas, que consideraban discriminación inversa. Mostraron que en muy poco mejoraron las condiciones de vida de los afroamericanos, pero parecieron sólo preocuparse por los costos y no propusieron algo mejor.

Fue hasta mediados de los 70 que un grupo de congresistas, entre los que estaba Bob Dole, planteó la posibilidad de una política social diferente a la de los demócratas, en la que los beneficiarios no fueran vistos como víctimas del sistema y recipientes pasivos de ayudas asistencialistas, que los hacían permanentemente dependientes. Pensaban que podía haber apoyos que les permitieran responsabilizarse de su vida, aumentar sus capacidades y volverse autosuficientes.

Jack Kemp, un brillante congresista (que luego fue secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano y compañero de fórmula de Dole en la elección presidencial de 1996), propuso vender a los inquilinos los departamentos gratuitos en que vivían. La idea, calificada de absurda por algunos, acabó funcionando. Las unidades habitacionales dejaron de ser nido de delincuentes y paulatinamente fueron saliendo del abandono. Reduciendo impuestos para atraer inversiones, impulsó la revitalización de zonas pobres en el centro de las ciudades. Popularizó también los vales educativos, para permitir a los padres de niños desaventajados buscar mejores escuelas para sus hijos.

Ese conjunto de políticas, que hacen compatible la economía de mercado con la acción estatal y la solidaridad social, es conocido como “conservadurismo compasivo”. Fue practicado sobre todo por los gobernadores, incluyendo a tres que buscaron la presidencia (Mike Huckabee, de Arkansas; Chris Christie, de New Jersey; Rudi Giuliani, de Nueva York) y uno que la consiguió (George W. Bush). Lamentablemente, en la última década esa corriente perdió fuerza frente a los radicales del Tea Party y los populistas de Trump.

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