Repensar

Impotencia

El mayor reto será interconectar los sistemas regionales y sustituir completamente la red de transmisión de alto voltaje.

Un país se considera potencia económica cuando es capaz de alcanzar altas tasas de crecimiento, que a su vez consigue cuando dispone de la energía suficiente para mover su aparato productivo. En ese sentido, Estados Unidos tiene un grave problema de impotencia, que difícilmente se curará con las exiguas inyecciones de dinero que se prevén en el plan de infraestructura que está por iniciar.

Lo primero que hay que considerar es que la propiedad, operación y financiamiento del sector de energía es fundamentalmente privado y que, en principio, no existe un problema de inversión tan serio como el que sufre la construcción de carreteras, puentes, vías férreas, canales, puertos, presas y aeropuertos. Lo que impide detonarla es la excesiva regulación, que no permite avanzar al mismo ritmo que cambia la tecnología.

Después de décadas de declinación, la producción petrolera doméstica empezó a subir en 2008 y, en sólo 10 años, el país se volvió autosuficiente. Gracias a la extracción del aceite por la técnica de fractura hidráulica (que hoy representa la mitad del volumen entregado), la dependencia de las compras en el Medio Oriente, Nigeria y Venezuela se abatió.

Eso requirió, sin embargo, una reconversión de la infraestructura de refinación y transporte que no se ha podido completar. Al disminuir las importaciones, que llegaban principalmente por el Golfo de México, las refinerías de esa región se quedaron sin materia prima. Al mismo tiempo aumentó la producción en las planicies canadienses y en los estados del Medio Oeste, por lo que se tuvo que reorientar toda la red de ductos para dirigirlos hacia el sur.

Subsisten muchos cuellos de botella y la volatilidad de los precios del crudo desincentiva los esfuerzos por romperlos. Entre 2010 y 2014 se colocaron 12 mil millas nuevas de ductos, pero se calcula que en la próxima década se tendrán que modernizar o reponer otras 170 mil millas.

Interviene también la política. En junio se canceló el tendido del oleoducto Keystone XL (de 36 pulgadas), que inicia en la provincia canadiense de Alberta y termina en Nebraska, donde se conecta a líneas que van a las refinerías de Illinois y al gigantesco centro de almacenamiento y distribución de Oklahoma (acceso a Houston). Originalmente autorizado por George W. Bush, fue suspendido por Barack Obama en 2015, vísperas de la reunión sobre cambio climático en París. Al llegar a la Casa Blanca, Donald Trump volvió a conceder el permiso, pero Joe Biden lo revocó en enero.

Las crecientes exigencias de reducción de emisiones contaminantes han llevado al cierre de siete de las 11 refinerías que quedaban en la costa Este. Las restantes sólo sobrevivirán con subsidios para reusar el agua e instalar subestaciones eléctricas de alta eficiencia.

Es impresionante lo que ha significado el boom del gas natural. Abundante y barato, ha incrementado la seguridad energética y ha reducido los costos de la industria. De 2005 para acá se han levantado 210 sistemas de gasoductos (300 mil millas), mil 400 puntos de interconexión, 410 almacenes subterráneos, 24 centros de mercadeo, 12 terminales de importación y nueve de exportación. Para 2035 hay que tender 209 mil millas de tuberías adicionales y reemplazar todas las de hierro fundido y acero desnudo, que ya son obsoletas.

Chispazo

En la generación de electricidad se camina decididamente hacia las fuentes limpias. En los últimos 15 años la utilización del carbón bajó a la mitad, mientras que el uso del gas natural se duplicó. California será carbon free antes de 2035.

El estrangulamiento se ha producido porque muchas de las 7 mil 700 plantas, sobre todo las nucleares (que representaban la quinta parte de la oferta), han ido quebrando porque ya no son competitivas en costos frente al gas natural y los aerogeneradores. El plan de infraestructura de Biden les dará créditos fiscales y subsidios para pausar su clausura, al tiempo que otorga incentivos para acelerar la generación eólica y solar, que sextuplicada, todavía no alcanza a suplir lo cancelado. También dispensará créditos para la compra de vehículos eléctricos y para instalar miles de estaciones de carga.

El mayor reto será interconectar los sistemas regionales y sustituir completamente la red de transmisión de alto voltaje, insuficiente para los usos futuros y muy vulnerable a los fenómenos climáticos y a los ciberataques.

Para seguir siendo potencia, Estados Unidos tiene enormes desafíos.

COLUMNAS ANTERIORES

Espejismo democrático
Joe constructor

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.