Repensar

¡Inflación!

La realidad es que los combustibles suben y suben y los supermercados están reetiquetando cada mes, señala Alejandro Gil Recasens.

Por más que quieren tranquilizar a la gente, tanto la secretaria del Tesoro como el presidente del Banco de la Reserva Federal muestran en sus rostros cada vez mayor preocupación. Pasan los meses y Janet Yellen y Jerome Powell siguen asegurando que la inflación es transitoria. La realidad es que los combustibles suben y suben y los supermercados están reetiquetando cada mes.

Un alza de los precios de 4.4% (de septiembre a septiembre) no parece mucho, pero si se observa el anémico crecimiento del PIB (2%) y del empleo (menos de 200 mil plazas nuevas en septiembre), no se ve cómo se puede evitar un mayor deterioro. Eso lo perciben los consumidores y, con sus negativas expectativas, contribuyen a agravarlo.

La suspensión de actividades económicas por la pandemia de COVID-19 redujo drásticamente la producción. Muchas compañías se fueron a la bancarrota o redujeron su personal.

El gobierno de Donald Trump actúo rápido. Al conceder créditos o facilidades fiscales a las empresas, logró evitar quiebras en sectores tan perjudicados como las aerolíneas y los cruceros. Apoyó igualmente a las autoridades locales para que no interrumpieran los servicios públicos y le dio subvenciones en efectivo a las personas que perdieron su empleo. A pesar de ello, Trump perdió el voto de los trabajadores en las zonas más afectadas del Medio Oeste y no pudo reelegirse.

ERRORES

Joe Biden, que siempre fue un moderado, tuvo que negociar con los progresistas de su partido para obtener la candidatura. Por eso, cuando llegó a la Casa Blanca, con tal de mantener la frágil unidad entre los demócratas, se vio orillado a proponer un paquete de ayudas masivas mayor que el de su antecesor. No pudo convencerlos de que meter tanto dinero a la economía, la sobrecalentaría.

La imprudencia tuvo tres consecuencias. La primera, para financiarlo, se aumentó la deuda en 3 trillones de dólares. La segunda, el consumo creció más allá de lo deseable. El problema fue que esa demanda adicional se enfrentó a una oferta estancada. Los sucesivos rebrotes de la enfermedad han llevado a nuevos cierres y la cadena de suministro lleva meses atorada. Necesariamente, la escasez ha jalado para arriba los precios.

La tercera, que se incentivó a los trabajadores a quedarse en su casa. Por miedo a reincorporarse a sus labores con compañeros que no quieren vacunarse y usar cubrebocas, o por la comodidad de tener un ingreso extra, 10 millones de americanos no han regresado a los empleos que tenían al principio del año pasado.

Como está a punto de aprobarse un nuevo paquete de incremento en los programas sociales, orientado sobre todo a las familias con hijos pequeños, muchos están pensando en que ya no serán necesarios dos salarios para sostener la casa.

En medio de todo esto, el presidente emitió una orden ejecutiva que obliga a todos los empleados federales, y a los de empresas privadas con más de 100 trabajadores, a vacunarse antes del 8 de diciembre. Ello llevó a un gran número de personas a adelantar su retiro y, de no invalidar el decreto los tribunales, causará miles de despidos.

La falta de mano de obra impide a las firmas que ya reabrieron funcionar eficientemente. Las aerolíneas están teniendo que cancelar vuelos por falta de tripulaciones. Los restaurantes sólo ofrecen autoservicio porque no encuentran meseros.

Sin estibadores que bajen la carga en los puertos y sin choferes de camión que la distribuyan, la logística no va a volver a la normalidad pronto. Los fletes son 14 veces mayores que hace un año y eso se va a seguir reflejando en todas las compras.

Por todos lados hay letreros de Help wanted y muchos patrones ofrecen bonos de varios miles de dólares a los que se contraten. Walmart (el mayor empleador del país), que durante años ha cabildeado en contra de subir el salario mínimo federal a 15 dólares por hora, está pagando hoy 17 dólares y ni así cubre sus vacantes. Se corre el riesgo de entrar en una carrera de precios y sueldos.

Nuevas regulaciones ambientales cerraron las válvulas al fracking y pararon la construcción de gasoductos. Se redujo la exploración y producción de petróleo y gas, se perdió la autosuficiencia y ahora la OPEP y Rusia tienen poder monopólico para mantener altos los precios. Ayer, el galón de gasolina costaba hasta ocho dólares.

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