Repensar

Oscurantistas

El principal argumento para implantar un horario estacional ha sido el ahorro de energía y la menor emisión de contaminantes, dice Alejandro Gil Recasens.

El horario de verano fue adoptado por primera vez en Alemania en 1916. Pronto se extendió por Europa y llegó a Estados Unidos dos años después. Al estallar la Primera Guerra Mundial, los requerimientos de combustible para producir y mover la maquinaria bélica exigieron que se utilizara menos en los hogares.

Aunque la medida tenía partidarios desde antes y a muchos les gustó contar con más tiempo de luz natural, los gobiernos lo impusieron junto con otros sacrificios y, al regresar las tropas victoriosas, se pensó que ya no era aceptable. No obstante, las grandes ciudades lo conservaron.

En Estados Unidos, a pesar del veto del presidente Woodrow Wilson, el Congreso lo canceló. Hubo sucesivas campañas para restaurarlo, pero no se volvió a implantar hasta 1942, otra vez ante los requerimientos militares.

Terminada la Segunda Guerra Mundial se dejó la opción de que cada estado y condado mantuviera el war time, ya sea en el verano o durante todo el año. Eso creó un gran desorden, que hizo crisis en los 60. En una ruta ferroviaria de 35 kilómetros llegó a haber siete cambios de horario. Las empresas de transporte y de radiodifusión tenían que publicar itinerarios y programas diferentes para cada población. El presidente Lyndon Johnson consiguió en 1966 que al menos todos iniciaran y terminaran en la misma fecha.

Desde 1986 los americanos adelantan sus relojes el segundo domingo de marzo y lo retrasan el primer domingo de noviembre, pero persisten las diferencias. Hay condados, reservas tribales y poblados con horas diferentes al resto de sus estados. Hawái y Arizona no lo aplican.

Unos quieren eliminarlo por completo y otros quieren prolongarlo todo el año, a pesar de las mañanas oscuras durante el invierno. Hay iniciativas para que se extienda una semana más, de forma que incluya siempre al primer martes de noviembre, día de las elecciones federales (para que vayan más a votar). Durante mucho tiempo se alegó que no se acabara antes del Halloween, porque así habría menos peligro de que los niños que salen a pedir dulces fueran atropellados. La realidad es que los pequeños prefieren hacerlo en la oscuridad, más propicia para los sustos.

Entre los 70 países que tienen horario de verano está la mayoría de los industrializados. En Rusia dura todo el año. En Japón y Corea del Sur se suprimió porque observaron un ligero incremento en el número de estudiantes que no completaban la tarea. En China se suspendió en 1991.

POLÉMICO

Los cambios en la duración del día se deben a la rotación descentrada de la tierra. En el ecuador el día y la noche son iguales (12 horas) y constantes a lo largo del año. En cambio, cuanto más se acercan a los polos, los días de verano son más largos y cálidos.

El principal argumento para implantar un horario estacional ha sido el ahorro de energía y la menor emisión de contaminantes. En teoría, si se adelanta una hora el inicio de actividades, el gasto en iluminación nocturna de las viviendas decrece más de lo que aumenta el matutino. Pero eso depende de qué hagan las personas que no están en su domicilio al anochecer. Alumbrar un estadio puede ser muy costoso.

El uso de carburante es afectado por otros muchos factores. Por eso, en Suecia y Noruega las compañías petroleras están en contra de la medida y en otras partes están a favor. Varía, por ejemplo, según la altura sobre el nivel del mar o el clima. En zonas calurosas se usará más el aire acondicionado y en regiones frías se usará menos la calefacción. A los países vulnerables a la sequía y que dependen de la generación hidroeléctrica les sirve más.

Hay otras ventajas de tener un horario estacional: menos accidentes y delitos; más tiempo para hacer compras, asistir a espectáculos, practicar deportes o hacer visitas. Los niños juegan al aire libre en lugar de estar plantados viendo la televisión. También (importante para México), tener el mismo horario en las conurbaciones fronterizas y entre los socios comerciales.

Los humanos tenemos capacidad de adaptarnos cuando alteramos los ritmos circadianos. Por eso podemos hacer viajes a través de muchos husos horarios o desvelarnos de vez en cuando. Pero la molestia la aprovechan los “cronoterapistas”, que ofrecen remedios, y los demagogos, que reivindican las horas “robadas”.

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