Repensar

Columbus Day

Algunos grupos exigen retirar sus estatuas porque lo ven como representante del colonialismo y señalan que tuvo esclavos a su servicio, dice Alejandro Gil Recasens.

Los europeos que llegaron a las colonias inglesas del norte de América admiraban a Cristóbal Colón. Como él, abandonaron su vida anterior y emprendieron una arriesgada aventura marítima, sin saber qué les depararía el destino. Al igual que el navegante, eran pioneros, individuos con una gran voluntad de hacer cosas nuevas, en momentos en que todos recomendaban cautela. Le tenían poca consideración a los héroes europeos, guerreros desalmados o reyes abusivos. En cambio, reverenciaban al genovés, cuyas exploraciones les brindaron la oportunidad de empezar una nueva vida.

De hecho, muchos colonos propusieron que el nuevo país se llamara Columbia, la personificación femenina de la patria, de la misma forma en que los ingleses hablan de Britannia, los italianos de Turrita o los franceses de Marianne.

Aunque finalmente prevaleció el nombre de Estados Unidos de América, el territorio de la nueva capital se denominó Distrito de Columbia y la estatua que corona la cúpula del Capitolio es la de aquella señora imaginaria.

El King’s College cambió su nombre a Universidad de Columbia. El Wimahi se convirtió en el río Columbia y 54 condados o ciudades (y las capitales de Ohio y Carolina del Sur) adoptaron variaciones de ese nombre, lo mismo que calles, avenidas, puentes, plazas, teatros, restaurantes, escuelas y barcos. Incluso Columbia Británica, una de las provincias canadienses.

Al cañón que disparaba una nave, en De la Tierra a la Luna, Julio Verne lo bautizó como Columbiad. El módulo de comando del Apolo 11, que llevó al primer hombre a nuestro satélite y el primer transbordador espacial se denominaron igualmente Columbia.

Columbus es también un equipo de futbol soccer y una marca de ropa y accesorios para deportes al aire libre. Y desde luego, la productora cinematográfica Columbia Pictures y la televisora CBS (Columbia Broadcasting System).

CELEBRACIONES

Ya independizados, los estadounidenses festejaron el tercer centenario del descubrimiento de América con grandes eventos en Filadelfia, Boston y Nueva York. En esta ciudad, una organización de asistencia social llamada Tammany Hall (que se convirtió en el núcleo de la política neoyorkina durante los siguientes 150 años) conmemoró por primera vez Columbus Day (segundo lunes de octubre, día de asueto federal).

En los años siguientes, la figura del almirante creció aún más con la publicación de poemas de Ralph Waldo Emerson y, sobre todo, con la biografía que de él hizo Washington Irving.

Para cuando llegó el cuarto centenario, los inmigrantes pobres del sur de Italia, hostilizados por otros grupos y estereotipados como bandidos, ya habían adoptado a Colón como el símbolo de su americanidad y organizaban en octubre multitudinarios desfiles en Nueva York y en San Francisco. Tomando ese ejemplo, un grupo de sacerdotes católicos, que quería apoyar a los inmigrantes irlandeses, organizó la fraternidad conocida como los Caballeros de Colón.

En 1892 se inauguró en Chicago la Exposición Colombina, que incluyó pabellones de 46 países y atrajo 27 millones de asistentes. Ahí se reprodujeron a tamaño real las tres carabelas y Nikola Tesla presentó su experimento (llamado “el huevo de Colón”) para explicar el funcionamiento de los motores de inducción. En esa ocasión aparecieron por primera vez: autos y cocinas eléctricas, pintura en aerosol, rueda de la fortuna gigante, mantequilla de cacahuate, avena Quaker, hotcakes Jemina, galletas brownie y chicle de sabores.

Desde fines de los 90 hay un movimiento para desacralizar a Colón. Algunos grupos exigen retirar sus estatuas porque lo ven como representante del colonialismo y señalan que tuvo esclavos a su servicio.

La mayoría sigue pensando que el descubridor fue un hombre con los defectos y virtudes de su época. En diferentes grados, en el siglo 15, había esclavismo en Gran Bretaña, Holanda, Portugal y España. Tres siglos después, en las plantaciones y mansiones de Thomas Jefferson y George Washington trabajaban esclavos y aun así ellos sostenían que “todos los hombres son creados iguales”.

Últimamente volvió la furia iconoclasta. La alcaldesa de Chicago quitó las tres estatuas de don Cristóbal que había en su ciudad. En otras partes han sido vandalizadas y hasta demolidas. Permanecen, sin embargo, más de 400 grabados, bustos y estatuas en muchas ciudades. En Washington hay estatuas en un parque, en la estación ferroviaria Unión y en la sala de lectura principal de la Biblioteca del Congreso. En Manhattan están en Central Park, en la principal glorieta, en Bronx, en Queens y en Brooklyn.

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