Repensar

Dejadez

Ya pasó un año desde que entró el vigor el TMEC. Aunque perdimos ventajas respecto al TLCAN, sigue ofreciéndonos grandes oportunidades.

Ya pasó un año de que entró el vigor el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). Aunque perdimos ventajas respecto al TLCAN, sigue ofreciéndonos grandes oportunidades. Lamentablemente no se percibe aquí preocupación por hacer las adaptaciones necesarias para aprovecharlas plenamente. Por ejemplo, las reglas de origen más estrictas, en los sectores automotor, de autopartes y textil, exigen modificar todo el proceso productivo. Nuevos requisitos en materia laboral y ambiental derivan en mayores obstáculos y costos. Hay que tener más cuidado con la propiedad intelectual y con la corrupción; evitar las controversias y aprender a manejarlas en forma diferente.

Comparativamente, Canadá está más activo. Además de las anteriores dificultades, ellos están teniendo que reestructurar toda su industria láctea, pero lo hacen con método y con velocidad. Nosotros nos estamos dejando vencer por la inercia, sin darnos cuenta de que otros países, sin la conveniencia de un tratado, están consiguiendo colocar sus manufacturas en nuestros dos vecinos del norte.

Tampoco estamos entendiendo que la pandemia y la guerra comercial con China señalan que la industria americana va a preferir en el futuro tener proveedores cercanos. Por razones culturales (mismo idioma, similar sistema jurídico y forma de hacer negocios) le ven más sentido a los de Canadá.

El año pasado fue atípico, pero en general confirma la tendencia observada. Canadá fue el primer proveedor de 20 estados de la Unión Americana; China de 14 y México sólo de seis (Texas, Michigan, Arizona, Kentucky, Utah y Alabama).

Aprovechando la cercanía, es en Canadá donde Maine, Wyoming, Vermont y North Dakota consiguen las dos terceras partes de lo que necesitan (¡y Montana 87 por ciento!). En cambio, Nuevo México, un estado con poca industria y pegado a las maquiladoras de Ciudad Juárez, importa más de China (a 10 mil kilómetros) que de México.

Nuestros grandes socios son Texas y Arizona; una tercera parte de lo que requieren se los proporcionamos nosotros. Sin embargo, en dólares, es casi lo mismo lo que nos compran que lo que nos venden.

Canadá es un mercado cada vez más peleado, sobre todo por los países del Pacífico. El 75 por ciento de la comida fresca que consume proviene de fuera de sus fronteras. Nosotros les proporcionamos mucha, pero no hacemos esfuerzos para enviar también alimentos enlatados, dulces o chocolates.

Ponerse las pilas

Antes del TLCAN prácticamente no había intercambio entre Wisconsin y México. De 1994 a 2020 creció mil por ciento. En algún momento fuimos su principal proveedor, pero luego nos estancamos. En la década pasada las ventas de China crecieron 34 por ciento y las de Canadá 13 por ciento, mientras que las nuestras bajaron dos por ciento. Hoy estamos en tercer lugar y el gigante asiático les factura el doble que nosotros.

Exportamos muchos motores automotrices a esa región, pero Canadá, Reino Unido y China nos están alcanzando. Malasia y Vietnam nos tratan de rebasar en maquinaria eléctrica; China, Alemania y Suiza en instrumentos médicos y científicos.

Además, presentamos un déficit comercial con Wisconsin, explicable porque cada año viene, a varias ciudades de México, una misión comercial que promociona sus productos y atrae inversión y empleo. Compañías mexicanas asentadas allá (Cemex, Nemak, Alfa, Sigma, Bimbo y Elektra) dan trabajo a 5 mil de sus habitantes.

Muchos estados tienen una oficina de representación en México. Proporcionan asistencia técnica, así como orientación regulatoria y aduanal. También hacen estudios de mercado. Por ejemplo, la oficina de Wisconsin le permitió a Kohler ser el principal vendedor de productos de plomería y generadores en México. La representación de Minnesota le advirtió a Red Wing que la industria petrolera iba a crecer. Hoy son nuestro principal abastecedor de botas de uso rudo y México es su primer cliente en el mundo. Algo similar hicieron con las palomitas de maíz ACT II.

Estamos siendo conformistas, indolentes o, de plano, tontos. Después de un cuarto de siglo no hemos terminado de integrar el segundo y tercer nivel de la cadena de suministro en la industria automotriz. Poco hemos avanzado en la coproducción de nueva tecnología (por ejemplo, en la fabricación de microchips o de baterías para automóviles eléctricos). Seguimos careciendo de puertos y conexiones ferroviarias suficientes y persiste la inseguridad en las carreteras y la corrupción en las aduanas. No hemos potenciado al Banco de Norteamérica. Todavía es más fácil invertir en Manitoba o Dakota del Sur que en nuestro país.

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