Punto de encuentro

¿Qué le preguntó Sheinbaum a su ChatGPT?

¿El discurso de Claudia Sheinbaum en España pasó por ChatGPT? Alejandra Spitalier explica la importancia de la IA en la política, no solo para mensajes públicos, sino para la toma de decisiones.

Lo que parecía una anécdota tecnológica terminó abriendo una grieta jurídica. Tras una solicitud de acceso a la información en el Reino Unido, el gobierno entregó las conversaciones que su secretario de Tecnología, Peter Kyle, sostuvo con su ChatGPT.

Si bien no hubo escándalo en el contenido, la alarma radica en que el diálogo de un funcionario con una plataforma de IA se trató como información pública.

No es un hecho aislado. En Estados Unidos, precedentes recientes, con criterios divididos, apuntan a admitir conversaciones con sistemas de IA como evidencia, al considerar que no tienen el mismo nivel de confidencialidad que las comunicaciones privadas.

En otras palabras, en estos juicios se ha estimado que hablar con una IA no es jurídicamente equivalente a pensar en privado.

En México, aunque esto aún no ha llegado de lleno a tribunales, la Suprema Corte tiene esbozado el tema.

Por un lado, sus precedentes protegen la inviolabilidad de las comunicaciones privadas; por otro, imponen a los servidores públicos un estándar reforzado de transparencia cuando actúan en ejercicio de sus funciones.

No todo lo que dice un funcionario es público, pero todo aquello que incide en sus decisiones sí puede serlo.

Ahí es donde la inteligencia artificial no encaja del todo en el molde. No es un correo electrónico, un oficio o una llamada. Es un espacio más difuso donde se ensayan ideas, se calibran argumentos, se prueban posiciones.

Un territorio entre los mundos de la deliberación interna y la acción pública, que bien pueden quedarse en simple pensamiento íntimo o bien convertirse en insumo gubernamental susceptible de transparencia y publicidad.

En este contexto, y por simple gracia de elucubrar, me pregunto si el discurso que pronunció Sheinbaum en días pasados durante la IV Cumbre en Defensa de la Democracia pasó por las propuestas de su ChatGPT; y, si en su caso, esa conversación debiera revelarse.

Y es que, aunque se trata solo de un discurso de Estado, la astucia política de los mensajes en él contenidos puede tener consecuencias.

Tal vez comenzó buscando reivindicar la memoria histórica de México sin reabrir frontalmente la tensión con el país anfitrión; después, posiblemente envió prompts buscando frases para reafirmar la continuidad de un proyecto político sin nombrarlo, salvo en la consigna de poner siempre primero a los pobres.

En su caso, también debió explorar sugerencias para respaldar a Cuba sin encender alarmas en Washington; para redactar una crítica al neoliberalismo —muy firme para no decepcionar a la base, pero abstracta para no espantar al T-MEC—; y, probablemente, pidió intercalar citas de Juárez cada vez que se necesitara blindar una postura controvertida.

Quizá solicitó una crítica implícita a las intervenciones militares recientes, claramente sin mencionar países o líderes; o buscó frases para posicionar a México como un país con autoridad moral que promueve paz, cooperación y dignidad, mediante ejemplos históricos que nos respalden como sede de la próxima Cumbre.

Incluso, es posible que calibrara un mensaje a Morena en medio de tensiones internas: unidad, continuidad y liderazgo. Así, instó a elevar el amor por encima del odio.

Hoy por hoy no sabremos si Sheinbaum usó o no IA para armar un discurso político que amerita leerse, también, entre líneas.

No obstante, lo irónico del tema es que, si la utilizó, probablemente su proceso de pensamiento dejó de ser completamente opaco, pero tampoco será del todo público.

Y resulta curioso pensar que esto lo pudo haber realizado en una cumbre para defender la democracia, la misma que siempre ha exigido transparencia.

Para cerrar: sí, como dijo la propia Sheinbaum, el desafío es evitar el predominio del individualismo frente a la necesidad de reconstruir la comunidad.

Entonces quizá la respuesta no esté en exponer cada pensamiento, sino en asegurar que ese proceso, ya sea humano o asistido por IA, siga teniendo lo público como un punto de encuentro.

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