Como es tradición, y a pesar de la incertidumbre, vale la pena hacer un ejercicio donde esbocemos los primeros trazos de lo que esperamos será el 2026. El 2025 concluye bajo una paradoja: a pesar de la guerra comercial y la incertidumbre geopolítica tras el inicio de la administración de Donald Trump, la economía mundial mostró una resiliencia superior a la proyectada. Sin embargo, esta resistencia no es sinónimo de aceleración; el mundo transita hacia una desaceleración gradual, con un crecimiento global que pasará del 3.2 por ciento en 2025 al 3.1 por ciento en 2026. En este escenario, las economías avanzadas enfrentan el reto de controlar una inflación persistente mientras asimilan nuevas restricciones comerciales.
Bajo este telón de fondo, el 2025 cerró para México como un periodo de estancamiento económico. El país experimentó el rigor del tradicional “freno del primer año”: una parálisis en la inversión y el consumo derivada de la transición política y la espera por definiciones en planes de infraestructura. No obstante, la mirada hacia 2026 no debe centrarse solo en el rebote proyectado de 1.3 por ciento del PIB, sino en las variables estratégicas que determinarán si esta mejora es solo inercial o el inicio de una estabilización resiliente.
La incertidumbre comercial con Estados Unidos ha sido el principal lastre, pero el tablero muestra movimientos interesantes. La reciente decisión de México de aplicar aranceles a productos de países sin tratado comercial sugiere una alineación de intereses que podría suavizar la revisión del T-MEC en 2026. En el escenario base, inversionistas, mercados y empresarios operan bajo el supuesto de la continuidad del T-MEC, lo que deberá de apoyar la demanda externa de la mano con la implementación de las “nuevas” inversiones dedicadas a abastecer el principal mercado.
En el frente interno, el Paquete Económico 2026 y la maduración del “Plan México” se perfilan como los catalizadores necesarios para reactivar la inversión tras un año de consolidación fiscal restrictiva.
A pesar de la debilidad económica, la inflación subyacente muestra rigidez, particularmente en el sector servicios, que resulta preocupante, pues la desinflación de este componente en el 2025 fue de tan sólo 35 puntos base. Para 2026, el panorama de precios enfrentará presiones adicionales por el aumento del 13 por ciento al salario mínimo (continuas presiones en servicios) y ajustes en el IEPS. Es posible anticipar una aceleración en el nivel de precios hasta alcanzar un nivel de 4.3 por ciento en el mes de marzo, y de 4.7 para el componente subyacente, para posteriormente descender de manera gradual hasta alanzar un nivel de 4.07 por ciento y 4.20 por ciento para el final del año.
Este escenario obligará a un Banco de México más prudente, donde estimo que la tasa de fondeo cerrará el año en 6.50 por ciento, con una pausa en el primer trimestre del año.
Y para el tipo de cambio, la debilidad del dólar podría continuar ante las condiciones monetarias más laxas por parte de la Fed. Esto en suma con un acotado déficit de cuenta corriente y un diferencial de tasas de interés todavía atractivo, originará que el tipo de cambio, a pesar de episodios de volatilidad, pudiera ubicarse alrededor de los 18.90 pesos por dólar considerando las circunstancias actuales.
Finalmente, el éxito de la transición hacia un cambio estructural de la economía mexicana dependerá de la capacidad de México para integrarse en la mayor transformación tecnológica de las últimas décadas. En 2026, la Inteligencia Artificial (IA) dejará de ser un concepto de inversión especulativa para convertirse en una métrica de productividad real. Con un crecimiento proyectado de utilidades del 26.6 por ciento para el sector tecnológico global, la velocidad con la que las empresas mexicanas adopten la IA aplicada definirá su competitividad y capacidad para capturar valor en un entorno de márgenes ajustados. La Inteligencia Artificial no es solo un motor de mercado en Estados Unidos, sino el nuevo estándar de eficiencia que México debe adoptar para superar su inercia de crecimiento.