Mis Finanzas y Coaching

Te exigen resultados, pero deciden por ti

La intervención de los propietarios en las decisiones de los directivos puede debilitar su autoridad, generar incertidumbre entre los empleados y afectar los resultados de la empresa.

Como director de una empresa, analizas un problema, tomas una decisión y la comunicas a tu equipo. Al día siguiente te enteras de que un colaborador acudió con el dueño y consiguió revocarla. ¿Qué autoridad tendrás la próxima vez que debas dar una instrucción?

Esto ocurre con frecuencia en las organizaciones, especialmente en empresas familiares donde el propietario participa en las operaciones. Contrata a un director por su experiencia, le exige resultados y, sin embargo, continúa interviniendo.

El problema suele relacionarse con la falta de claridad en el gobierno corporativo. En términos generales, los propietarios deberían establecen los grandes objetivos; el consejo de administración orientar y supervisar la estrategia, mientras la dirección ejecutiva conduce las operaciones y responde por los resultados.

Cuando estas funciones se mezclan, comienzan las dificultades. El dueño sigue resolviendo, el consejo interviene en lo cotidiano y el director termina consultando cada paso, aunque conserve toda la responsabilidad del negocio.

Las consecuencias afectan también al equipo. Los colaboradores perciben quién tiene el poder real y aprenden a acudir a él. Si una instrucción les resulta incómoda, van con el dueño para cambiarla. Con el tiempo, algunos ignoran a su jefe y otros esperan indicaciones de alguien más antes de actuar. La incertidumbre dificulta el trabajo de todos.

Se busca profesionalizar la empresa contratando ejecutivos experimentados, pero continúan las prácticas de dirección de cuando el propietario concentraba todas las funciones. El cargo cambia, pero el margen para ejercerlo sigue siendo limitado.

Para resolver esta situación, conviene definir las facultades de cada participante, qué decisiones corresponden al consejo, cuáles puedes tomar como director y en qué circunstancias debes consultar o solicitar autorización. También hace falta acordar cómo revisar las resoluciones cuando exista un desacuerdo, evitando desautorizar al ejecutivo frente a sus colaboradores. Tener ese procedimiento permite discutir una decisión sin debilitar a quien debe ejecutarla.

También conviene abrir espacios de conversación entre el propietario, el consejo y la dirección. Hablar de expectativas, resultados, límites de autoridad y mecanismos de supervisión ayuda a construir acuerdos que todos puedan respetar.

En ese sentido, el coaching ejecutivo puede contribuir a ordenar estas conversaciones. Ayuda a identificar tensiones, comprender las necesidades de cada parte y negociar límites de actuación. También permite desarrollar habilidades para comunicar las decisiones y defender las condiciones para asumir responsabilidades, sin convertir cada diferencia en un conflicto personal.

La confianza necesita expresarse en la práctica. Un propietario puede supervisar los resultados, pedir explicaciones y exigir el cumplimiento de los objetivos, mientras permite que se ejerzan las facultades otorgadas.

¿Respetan tu autoridad en las decisiones que tomas? Coméntame en LinkedIn.

Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

COLUMNAS ANTERIORES

¿Terminó el sueño de una mejor pensión?
¿Conoces realmente a quienes diriges?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.