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¿Puede un líder reconvertirse junto con la empresa?

El liderazgo que permite crear y hacer crecer una empresa no necesariamente funciona en todas sus etapas; la evolución del negocio exige adaptar la forma de dirigir, decidir y enfrentar nuevos problemas.

¿Por qué cambia el liderazgo en proyectos empresariales que fueron exitosos y después dejaron de serlo? Con frecuencia, quienes tuvieron la iniciativa y la creatividad para hacer nacer una compañía desde cero empiezan a estorbar sin darse cuenta. No siempre por falta de talento o compromiso. A veces ocurre porque siguen usando la forma de dirigir que les permitió llegar hasta ahí, aunque ese esquema ya no funcione.

Al principio hacía falta alguien capaz de abrir caminos, escuchar ideas raras, tolerar la ambigüedad y moverse sin todas las respuestas. En esa etapa, pedir precisión habría matado la iniciativa.

Pero los proyectos no permanecen en el mismo lugar. Tarde o temprano es necesario analizar costos, tiempos, clientes, equipo, competencia, errores operativos y resultados que no siempre coinciden con el entusiasmo inicial. Cada avance cambia la naturaleza del problema y también lo que se espera de quien dirige.

El líder creativo puede seguir abriendo opciones cuando el equipo ya necesita concretar. El fundador intuitivo resiste los procesos porque los siente como burocracia. El ejecutivo firme confunde una crítica útil con una amenaza. El analítico encuentra tantos riesgos que posterga el momento de actuar. Ninguno está necesariamente equivocado en su estilo; el problema surge cuando ese estilo se queda fijo y las circunstancias cambian.

Liderar exige leer el momento. Hay etapas donde conviene preguntar más que afirmar. Otras piden decidir, aun con información incompleta. Algunas requieren dudar con rigor antes de comprometer recursos.

Ahora bien, la organización no siempre puede esperar a que el líder aprenda al ritmo que el proyecto necesita. A veces basta con complementarlo con un socio más operativo, un consejo que cuestione, un director financiero, alguien que ordene procesos o una persona capaz de abrir mercado cuando la operación se volvió interna. Complementar no humilla al líder; reconoce que ningún carácter alcanza para todas las etapas.

En otros casos, el ajuste exige un relevo. No siempre como castigo ni como señal de fracaso. Puede ser simplemente la evidencia de que la etapa siguiente pide otra mezcla de temperamento, experiencia y disciplina. Hay fundadores brillantes para iniciar que no logran permanecer. Hay líderes de crisis que salvan una operación, pero no saben habitar la calma. Hay operadores eficientes que sostienen el sistema, aunque pierden sensibilidad para imaginar el siguiente ciclo.

Por eso, la pregunta relevante no es si una persona es buen líder en abstracto. La pregunta es si tiene capacidad para evolucionar en su forma de manejar el negocio y hacer la reconversión que exige cada nueva etapa.

¿Qué tipo de liderazgo requiere tu organización en este momento? Coméntame en LinkedIn.

Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

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