Alberto Muñoz

La batalla por el talento internacional en la industria del software

Es bien sabido que EU es un polo de atracción importante en el ámbito de la competencia por el talento internacional, desde hace al menos 300 años.

Hace ya más de 25 años, paseando por Boloña y visitando su majestuosa Cattedrale Metropolitana di San Pietro, nos topamos con una amable misionera. Al cabo de unos minutos, nos platicó que era de Oaxaca y ante mi sorpresa, me explicó: “Mire joven, acá en Europa, las niñas ya no quieren ser monjas”. Yo no sé si mi tía abuela había emigrado felizmente a los 14 años de Angangueo a Italia, durante la Revolución Mexicana, pero mi bisabuelo temía que fuera a ser robada por algún revolucionario. La crisis de talento se ha exacerbado de manera extraña”.

Recientemente, unos colegas explicaron [1] un esquema trimodal en el que ilustran la dinámica de los salarios en el área de desarrollo de software en su región. Desde inicios del milenio, el elemento diferenciador de la ya consolidada economía del conocimiento -y que es el elemento pivotal de la creación de valor- y en la transformación digital -tan perseguida por las empresas que quieren sobrevivir- tan necesitada por aquellos que confiamos en los resultados de la inteligencia artificial y la ciencia de datos, es justamente el desarrollo de software.

El modelo propuesto segmenta el mercado en tres grupos. El grupo-1, donde el reto que implica para una empresa de alcance regional es contra sus pares de la región. El grupo-2 implica la competencia por el talento, también a nivel regional, pero ante todo tipo de empresas. Y el grupo-3, sobre los retos contra todas las regiones e incluso contra empresas globales (e.g. Forbes 500).

Dicho artículo va mucho más allá de las expectativas de este artículo y sugiero leerlo con detenimiento, puesto que ilustra aspectos, incluso, de la dinámica de startups y otros aspectos macro y microeconómicos del mundo de la innovación tecnológica y el deep tech.

Es bien sabido que los Estados Unidos son un polo de atracción importante en el ámbito de la competencia por el talento internacional, desde hace al menos 300 años. Por un lado, esa renovadora independencia y democracia (la más perfecta, según Octavio Paz), el auge del oro, la creación del sistema de patentes más respetado del mundo, así como su consolidado poderío militar, asegura el acceso al mejor mercado (imperfecto) del mundo y un aparato político-económico ‘regulable’ acorde a las necesidades de sus poderes fácticos. Y mientras estén del lado de la innovación seguirá siendo el lugar más paradisíaco del planeta para emprendedores y tecnólogos.

Y digo mientras, puesto que es cada vez más difícil para los extranjeros hacer una migración consciente y 100 por ciento satisfactoria a los Estados Unidos, por más que los salarios se tripliquen -al menos- al cruzar la frontera del Tío Sam y no son pocos los colegas que se lamentan tener que verse forzados a emigrar.

Mientras tanto, ni en Europa ni Latam hemos podido encontrar la manera de consolidarnos como una fuente de atracción más allá de nuestras hermosas playas y abundante gastronomía -Europa tiene además la Torre Eiffel y la Toscana, además del Schönbrunn y Neuschwanstein- lo que nos hace, eso sí, ser el puente perfecto para los nómadas digitales, quienes en realidad han sido una válvula de escape para las propias presiones inflacionarias que acosan a la economía más grande del planeta.

Los ganones de estas circunstancias están siendo algunas empresas (del grupo 3) de empleo tecnológico global, las cuales con dos o tres trucos de magia, permiten que dichas empresas de Norteamérica puedan incluso contratar ingenieros foráneos sin necesidad de dejar sus fronteras y ser 10 o 15 veces más atractivas que cualquier oferta de los primeros dos grupos.

No cabe duda que Europa ha sido líder en el desarrollo de política económica y social, y que de ahí, algo hemos aprendido en Latam. Pero eso no me hace olvidar algo que alguna vez me dijo un profesor (Sir, by the way) en Oxford: “...la única manera de retener el talento es pagando de forma competitiva, NO HAY de otra... ¿ Tienes alguna otra mejor idea?”

Desde 1999, esa conversación me retumba en la cabeza mientras veo, no sin beneplácito y enorme alegría y orgullo, que mis mejores alumnos están recibiendo ofertas por más más de 140K US para ir a las Forbes 500 en Estados Unidos y Canadá.

[1] https://blog.pragmaticengineer.com/software-engineering-salaries-in-the-netherlands-and-europe/

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