Alberto Muñoz

Realidad aunque sea artificial

La inteligencia artificial es común en estos tiempos, donde comienza a regular conductas y tendencias sociales, dice Alberto Muñoz.

Uno de los primeros libros que aparecieron en México sobre inteligencia artificial fue la obra del gran maestro de varias generaciones de entusiastas futuros investigadores, científicos y tecnológicos, el Dr. José Negrete Martinez. Su obra se titula, de manera picaresca y con el siempre buen humor que lo caracterizaba, como “Inteligencia, aunque sea artificial”. Hoy en día es cosa común hablar de I.A., de participar en foros profesionales e incluso familiares de cómo la I.A. comienza a regular conductas formas e incluso va marcando tendencias sociales.

Al integrar las redes sociales en nuestras vidas, comenzamos a recibir “recomendaciones” de amistades, gracias a los algoritmos (sistemas de recomendación) que van identificando patrones de “consumo” social acorde a afinidades o afinidades de afinidades. Uno recibe las opciones y decide si quiere que la I.A. le “presente” a ese nuev@ amig@. Y ni se diga de las plataformas para buscar pareja, cuyos algoritmos sustentan sus recomendaciones en información personalmente ingresada por lxs aventurer@s para la construcción de futuras realidades.

La I.A. ha recibido el impulso de diversos sectores, siempre buscando las industrias optimizar, ahorrar y también, multiplicar sus dividendos. La industria de los videojuegos ha sido quizás la industria que mejor ha capitalizado los algoritmos impulsados por la investigación en I.A., al compaginar funciones para acelerar los procesos de cómputo entre las entidades inherentes a los espacios virtuales donde se desenvuelven las aventuras electrónicas. Una versión mínima pero de mucho impacto es justamente el uso de apps con las que podemos agregar características - de manera automática - a nuestro rostro en el teléfono celular: ahí estamos ya haciendo realidad aumentada. La imagen que aparece en nuestro teléfono es nuestra imagen y una vez que seleccionamos alguna característica como “cejas” podemos ver de inmediato cómo éstas cambian de inmediato en la imagen.

Podemos incluso filmar un video con una boca extremadamente sexy, ojos de otro color, sombrero e incluso con cuerpo de ranita. Ya en la arquitectura se usa la realidad aumentada para medir distancias en espacios físicos e incluso se pueden montar diseños o muebles que permiten al decorador convencer al cliente de cómo se vería su casa. Durante la pandemia surgieron incluso varias plataformas donde uno podía “adquirir” un personaje y asistir a una reunión virtual y usar la cámara para guiar nuestra exploración en exposiciones e interactuar con personas que encontramos en dichos espacios. Una part del denominado “Metaverso” nos propone la integración, justamente, de “nosotr@s” como personajes activos en uno o varios universos.

No es por cierto la primera vez que esto se propone. Hace algunos años, much@s tuvimos nuestros personajes en la plataforma llamada como “Second Life” y si bien no contábamos con la tecnología - ni la velocidad actual de comunicación - ciertamente se avizoraba un escenario rico en posibilidades. Siendo el sentido de la vista el que a más alta frecuencia nos canaliza percepción del mundo exterior, el “Metaverso” posible integrará de manera irremediable, lentes y quizás años después, lentes de contacto. El denominado “internet de las cosas”(IoT) hará que dichas “cosas” comenzarán a integrar entidades propias de autentificación (e.j. NTFs) para así integrarse a este Metaverso. Y éste es solo el principio. Así, cada elemento que datifiquemos a nuestro alrededor nos irá generando una nueva “Realidad, aunque sea artificial”.

COLUMNAS ANTERIORES

Muros afuera, transparencia adentro: la contradicción que define la próxima década tecnológica
La era del token frío

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.