Sin dejar a nadie atrás

Donas al aire

Así creo que nos sentimos las instituciones y participantes del sistema financiero cuando escuchamos sobre las nuevas regulaciones propuestas o los mecanismos para combatir el lavado de dinero y fomentar la bancarización.

¿Alguna vez fuiste a una fiesta donde ponían manzanas o donas colgadas de un hilo y tenías que comerlas con las manos en la espalda? Yo sí y no me gustaba, porque me sentía tonto al intentar de verdad morder la dona (si era manzana no me importaba participar). Bueno, pues así creo que nos sentimos las instituciones y participantes del sistema financiero cuando escuchamos sobre las nuevas regulaciones propuestas o los mecanismos para combatir el lavado de dinero y fomentar la bancarización. La dona, en este caso, es un mercado más amplio: millones de personas que podrían convertirse en clientes si existieran herramientas sencillas para identificarlas, conocerlas e incorporarlas con seguridad. En las últimas semanas ha habido grandes noticias al respecto. Una importante es que se presentó la cuenta N2 Bis. ¿De qué se trata? Es un nuevo tipo de cuenta dirigida a personas físicas que tienen un micronegocio pero que no necesariamente están formalizadas, lo cual les permitirá manejar más recursos (depósitos de hasta $130,000 al mes), pero sin tener que cumplir una serie de requisitos restrictivos y complejos. Este nuevo tipo de cuenta implica requisitos orientados hacia la prueba de vida e identidad y no a si se encuentran formalizadas y son buenas contribuyentes. Chile y Brasil fueron casos de éxito en crear una cuenta bancaria casi universal, ligada sólo al registro de identidad básico. La importancia de esto se comprobó durante la pandemia del covid, cuando ambos países lograron abrir cuentas a un porcentaje altísimo de su población con el fin de canalizar recursos de emergencia extrema. El gobierno de Chile, mediante la cuenta RUT, hasta ahora ha bancarizado a 15 millones y medio de personas adultas, que es casi 90% de su población en esa edad. Por su lado, el banco público brasileño Caixa a través de Caixa Tem ha bancarizado digitalmente a cerca de 160 millones de personas. Esto es como si el Banco del Bienestar hubiera abierto una cuenta bancaria a 80% de la población, pero sin nuevas sucursales. Son dos casos sobre bancarización, y aquí entra Estonia con su ciudadanía digital como ejemplo para abordar y administrar los riesgos de PLD. ¿Qué tiene esto que ver con las donas y los participantes del sistema financiero? Todo. Hoy se nos exige identificar exhaustivamente a nuestros clientes y prevenir el lavado de dinero mediante controles costosos que, sin una identidad digital robusta, interoperable y accesible, resultan incompletos y muchas veces contradictorios. Es pedirnos morder la dona con las manos atadas y, además, mover el hilo. El premio es más clientes y seguir existiendo, sí, pero mientras no exista un esquema robusto de intercambio de información, estaremos como los niños de la fiesta. Existe un debate sobre si es seguro que el gobierno tenga tanta información nuestra y que además la comparta con actores como el sistema financiero. Es algo delicado, sin embargo, parto de la premisa de que si un sistema es abierto, transparente y regulado, es más fácil de controlar. El gobierno tiene ya diversas fuentes de información, se trataría de darle estructura y eficiencia a través de la interoperabilidad. Por ejemplo, Estonia implementó una plataforma de código abierto llamada X-Road en la que el gobierno comparte información de manera no centralizada bajo el principio de una-sola-vez. No se trata de que el Estado decida quién sí merece una cuenta, se trata de que no exija resultados sin ofrecer las herramientas necesarias. De esta forma, con identidad digital, interoperabilidad y reglas claras, el sistema financiero podrá soltar las manos, tomar la dona y asumir su responsabilidad para hacer que la inclusión deje de ser un juego imposible. Gracias a Fer Ibarra, FIC, por las horas y las ideas.

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