Bloomberg Opinión - Spinetto

Una mala revisión del T-MEC le costará caro a México

La revisión del T-MEC representa una prueba clave para el gobierno de Claudia Sheinbaum, pero acelerar un acuerdo con Estados Unidos podría comprometer los intereses de México frente a una política comercial cada vez más proteccionista de Donald Trump.

El Mundial de la FIFA comienza en cinco semanas, pero los líderes empresariales de América del Norte están mucho más atentos a otra fecha: la revisión del acuerdo de libre comercio T-MEC el 1 de julio.

El representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, ya advirtió que es probable que las pláticas se extiendan más allá de la fecha límite de julio, y las conversaciones formales aún no comienzan. Esto abre la puerta a revisiones anuales en lugar de la extensión de 16 años que México y Canadá habrían preferido, hasta que los tres gobiernos acuerden una renovación o el pacto caduque en 2036.

Para México, lo que está en juego es mucho. Con el crecimiento estancado, la inversión en caída y la aprobación del gobierno debilitándose, una actualización del T-MEC reduciría la incertidumbre que pesa sobre la segunda mayor economía de América Latina. También le daría a la presidenta Claudia Sheinbaum una necesaria victoria, al destrabar miles de millones en inversiones y demostrar que puede alcanzar acuerdos con Trump.

Sin embargo, México debe resistir la tentación de obtener un acuerdo rápido. Sheinbaum debe concentrarse en los beneficios a largo plazo, incluso a costa de fricciones a corto plazo con Washington o las complejas revisiones anuales.

Estrategas mexicanos se están convenciendo cada vez más de que la era de libre comercio representada por el T-MEC —que sucedió al NAFTA en 2020— está llegando a su fin. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, dijo recientemente: “No hay que estar en la nostalgia de cuando no había ningún arancel, sino que ahora vamos a estar en un sistema donde hay aranceles, y no en todo, pero hay aranceles y también hay reglas de origen”. El mensaje es doble: el éxito se medirá en cuánto se puede obtener en concesiones de Washington, no frente a un ideal pasado de libre comercio sino en comparación con otros países. A la vez, algunos aranceles sobre productos mexicanos podrían ser inevitables dada la fijación de Trump con el tema, lo que obligará a las empresas a aceptarlos.

Ebrard debe adoptar una visión más amplia: al imponer aranceles a sus socios comerciales más cercanos bajo pretextos dudosos, Trump viola el mismo tratado que hace seis años calificó como “el mejor acuerdo jamás alcanzado”. No solo debilita su propio pacto, sino también erosiona la confianza en que lo acordado hoy se mantendrá mañana. México ya ha hecho varias concesiones a la Casa Blanca, como aranceles de hasta 50% a productos chinos y una mayor cooperación bilateral en seguridad y migración. Sin embargo, Trump ha mostrado poca reciprocidad hacia el mayor comprador de exportaciones estadounidenses.

Por eso, antes de hacer anuncios, México debe asegurar garantías explícitas de que los aranceles sobre el acero, el aluminio y los automóviles que cumplen con el T-MEC serán eliminados o reducidos significativamente. De lo contrario, podría ser mejor para el país esperar cambios políticos en Washington con las elecciones de medio término en en noviembre, o aguardar señales claras de que la ausencia de un acuerdo está afectando la producción industrial de EE.UU., la confianza de los inversores y la inflación.

Kenneth Smith Ramos, principal negociador técnico de México cuando se firmó el T-MEC, sostiene que el país debe buscar concesiones concretas de la Casa Blanca. Por ejemplo, garantías de que EE.UU. excluirá todos los bienes originarios del T-MEC de la controvertida Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, una vía indirecta para imponer aranceles bajo cuestionables argumentos de seguridad. “No hay que acelerarse y cerrar un mal acuerdo”, me dijo. “Lo ideal será concretar el mejor acuerdo para México, independientemente del tiempo que tome lograrlo”.

Más allá de su carácter de libre comercio, el T-MEC fue diseñado para consolidar a América del Norte como una región productiva capaz de enfrentar a una ascendente China. Si EE.UU. se toma en serio su reindustrialización y el aseguramiento de materiales estratégicos, debe relocalizar cadenas de suministro en la región y aprovechar las fortalezas de México, incluida su fuerza laboral más joven. El gran reequilibrio observado desde 2020, con México emergiendo como el principal socio comercial de EE.UU. en parte a expensas de productos chinos, demuestra que el modelo funciona.

Pero si la revisión del T-MEC depende del estado de ánimo de Trump o de concesiones obtenidas en áreas paralelas, entonces la paciencia y cierta represalia táctica pueden ser mejor opción. El mercado ya daría por contado las revisiones anuales, y el propio presidente de EE.UU. muestra poca disposición a abandonar completamente el pacto, lo que sería la opción más extrema.

México no necesita replicar el enfoque más confrontacional de Canadá. Pero sus ventajas geográficas y demográficas, junto con el respaldo de corporaciones estadounidenses y miembros del Congreso de EE.UU., le dan margen de maniobra. Y a estas alturas, Sheinbaum y su gobierno no necesitan recordatorios de que tratar de apaciguar a Trump puede ser contraproducente.

JP Spinetto es columnista de Bloomberg Opinion y cubre negocios, economía y política en América Latina. Anteriormente fue editor jefe de Bloomberg News para economía y gobierno en la región.

COLUMNAS ANTERIORES

Un mal T-MEC es peor para México que ningún T-MEC
Thiel es el nuevo conejo que Milei saca del sombrero

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.