Cuando hemos luchado para sacar el negocio adelante, aguantado “vacas flacas” e invertido más tiempo y esfuerzo en la empresa que el resto de nuestra familia, es probable que uno se sienta más dueño que los demás. Este sentimiento, que pudiera considerarse “normal” ya que denota compromiso, trabajo e identidad con el negocio familiar, puede tornarse dañino, peligroso y destructivo. ¿Por qué? Porque el poder corrompe.
Quien lidera el negocio familiar y se siente más dueño que los demás, se comporta de forma controladora y autoritaria, toma decisiones sin informar a nadie y gestiona el patrimonio de todos a su criterio y conveniencia. Tanto, que termina convirtiéndose en un tirano. “No les tengo que preguntar ni informar nada… ¡Yo los mantengo a todos!”.
Para el tirano, el fin justifica los medios. No importa caer en conflictos de interés, ocultar información, manipular a los demás o mentir en el proceso… Todo se vale. Y, aunque el resto de los dueños pueden darle el beneficio de la duda por algún tiempo, cuando se abusa del poder continuamente, se infunde miedo innecesariamente y se hace “sentir chinche” a los demás, no hay dinero que alcance para comprar la lealtad y controlar la verdad. Tarde o temprano, los sentimientos de injusticia y revancha aparecen y provocan una revolución—tanto a nivel familiar como empresarial. El tirano está a punto de ser derrocado.
Si al leer esta columna te identificas con el tirano y sientes pasos, te recomiendo cambiar tus prácticas ¡pronto! Salvar tu posición requiere: 1) transitar hacia un liderazgo compartido, 2) impulsar una propiedad responsable y 3) ejercer una gestión más transparente.
1. De la Imposición a la Colaboración. La imposición es una actitud que cataliza sentimientos negativos en los demás; es la semilla del conflicto. Si la propiedad del negocio está compartida, el liderazgo y la toma de decisiones debe estarlo también. El liderazgo colaborativo envuelve dejar que los “otros dueños” participen, respetar sus visiones y negociar los resultados. Haz un esfuerzo consciente. No se trata de “marearlos”, se trata de escuchar con ganas de entender y de hacer lo mejor para todos.
2. Del Altruismo a la Propiedad Responsable. Numerosos tiranos justifican su forma de ser/actuar sugiriendo que los “otros dueños” no están preparados, no saben tomar decisiones e ignoran la situación de la empresa. Si esto es cierto, ¡capacítalos! No te tomes atribuciones que no te corresponden; no decidas por ellos. Respeta su dignidad y permíteles desarrollar su potencial. Es su patrimonio, no el tuyo.
3. Del Ostracismo a la Transparencia. Considera que es importante informar, comunicar y servir a la familia propietaria. Ejercer una gestión más transparente implica que ya no tendrás a tu libre disposición todos y cada uno de los recursos de la empresa. Así que, ¡cuidado! Hay que ser justos. No hagas a los demás, lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Recuerda que son precisamente esos “otros dueños” quienes te han dado la oportunidad de que lideres en la empresa familiar, ... y que, así como te la dieron, te la pueden quitar.
Finalmente, en el proceso, controla tu carácter, expectativas e intereses personales. Ah, y por favor no repitas una y otra vez que tú eres el único que trabaja y que has hecho crecer el negocio, porque, … para eso te pagan. ¿O acaso no cobras sueldo?
La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.
