Mientras algunos usan la “renuncia” como mecanismo de chantaje—perdiendo credibilidad al cabo del tiempo porque están que se van y se van y se van, y no se han ido—, otros se cuestionan realmente, en la soledad del trono, cómo “salir” del negocio familiar.
Y es que, cuando se trata de la familia empresaria hay que pensárselo bien y vigilar las formas. ¡Cuidado con explotar y luego actuar como si nada hubiera pasado! Las “llamaradas de petate” no son buenas; tienen repercusiones familiares-empresariales inesperadas y reducen la legitimidad. Precisamente por ello, antes de “anunciar” una decisión como ésta, te recomiendo que reflexiones a fondo y evalúes lo siguiente:
1. Juzga, objetivamente, tu posición: ¿Por qué me quiero ir? ¿Se puede solucionar?
Si no sabemos cuál es la causa de nuestra frustración, no podremos resolverla—ni en éste, ni en ningún otro empleo. Así que, antes de tomar una decisión contundente define a qué aspiras, dónde estás y qué requieres para sentirte satisfecho en tu trabajo. Analiza: ¿Qué te ha mantenido en el puesto? ¿Dónde te ves en los próximos 10 años? ¿Podrían tú y la empresa comprometerse a cambiar/ajustar algunos aspectos? Tal vez la solución no sea renunciar, sino rediseñar o reinventar tu rol en el negocio familiar. ¡Negocia!
2. Decide a consciencia: Estrategia y Comunicación de Salida.
Para renunciar a la empresa familiar hay que tener agallas... Y un plan a seguir. Se renuncia para renacer, no para perecer. Tener claro cómo vamos a salir y cómo lo habremos de plantear a título familiar y empresarial, es esencial.
El Cómo…
Decide con responsabilidad. Prepara tu partida. ¡Evita las sorpresas! Pregúntate: ¿Qué significa mi salida para el negocio? ¿Quién se hará cargo de mi trabajo? ¿Cómo se manejará la comunicación interna y externa? Planificar una salida profesional y bien comunicada, puede tomar algún tiempo—incluso un par de años; sin embargo, es la mejor manera de evitar malentendidos empresariales y de mantener una sana dinámica familiar.
Tip: Evita la desinformación familiar y el radio-pasillo empresarial. Asegúrate de que la razón de tu salida sea consistente a lo largo y ancho de la empresa, … y de la familia. Ejemplo: Te vas para… ¿Crear tu propia empresa?, ¿tomar una oportunidad de carrera más alineada a tus intereses?, ¿estudiar un MBA?, etc.
3. Agradece. Cuida la Relación Familiar.
Tomarnos el tiempo para agradecer la oportunidad que tuvimos de colaborar y aprender en el negocio familiar no sólo nos ayudará a aceptar y transitar los cambios; sino que también, nos permitirá nutrir la relación familiar. Y es que, agradecer significa valorar, corresponder y reconocer lo que la familia empresaria ha construido (legado) y lo que ha hecho por nosotros. Es confesar que la familia y la empresa son una parte fundamental de nuestra identidad y que deseamos continuar ligados a ellas.
4. ¿Y si voy a hacerles la competencia? Mejor que se Enteren por Ti.
Comunícalo, de forma respetuosa, antes de irte. Explica tus argumentos y explora junto con tu familia-socios, otras vías de colaboración. Ten en cuenta que la intención debe ser multiplicar, no dividir. Por más que sus visiones y/o estilos de liderazgo y trabajo sean diferentes, siempre serán familia, y es mejor co-opetir (competir en determinados ámbitos y cooperar en otros) que dejar que “otros”—que ni de la familia son—les coman el mandado (mercado).
En breve: Preparar la partida y comunicarla con tiempo, tacto, profesionalismo y diplomacia es un must. Y es que, al final, no se trata de quedarse o irse, se trata de mantener una buena relación familiar y de ser (o llegar a ser) un dueño responsable. ¡Ni más, ni menos!
SOBRE LA AUTORA:
Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.
