La Navidad es una época que propicia los re-encuentros, cataliza los recuerdos e incentiva la buena voluntad. Es justamente por ello, que muchos de nosotros esperamos que en esta temporada los milagros ocurran y las reconciliaciones sucedan.
Aunque siempre hay que tener esperanza e ilusión, lo cierto es que las reconciliaciones familiares no pasan por arte de magia… Hay que trabajar duro para lograrlas. ¿Por qué? Porque la reconciliación es un proceso inter-personal que implica reconstruir la confianza.
Si esta Navidad anhelas resolver un malentendido con alguien cercano, aquí te sugiero algunos pasos para lograrlo:
1. Entender el Reto.
¿Qué quiero resolver? ¿Por qué nos molestamos? Reconocer y lidiar con el pasado es indispensable. Razonar de nuevo el conflicto nos permitirá entender qué sucedió—así como juzgarlo en su justa medida.
2. Acercarte y… Respetar.
Dar el primer paso no es fácil. Además, hay que estar consciente de que el intento puede no surgir efecto. La reconciliación requiere no sólo que tú quieras arreglar, sino que la otra persona desee escuchar, entender y disculparse en caso de ser necesario. Por ello, es importante que al realizar la aproximación el “me gustaría conversar” venga acompañado de un “¿quieres? ¿estás dispuest@?”. Si la respuesta es NO, hay que respetarlo y tomar distancia.
3. Comunicarte Asertivamente.
La comunicación asertiva es la base de la reconciliación. Cada vez que conversamos profunda y empáticamente con el otro, conectamos con él. Y, aunque los mensajes, las cartas y los medios digitales pueden abrir oportunidades de re-conexión, la comunicación presencial es requisito indispensable para construir confianza.
Decirle a la otra persona, de forma empática, lo que te molesta; lo que te dolió; escuchar activamente su retroalimentación y tratar de aterrizar puntos de coincidencia sobre lo sucedido es esencial para re-construir la relación.
4. Establecer un “Terreno Común”.
Definir un terreno común implica elaborar una visión conjunta sobre lo sucedido, asumir omisiones o errores cometidos por ambas partes y valorar aquello que se hizo bien. Es importante señalar que, cuando las personas tienen versiones muy diferentes de lo sucedido, no vale la pena intentar convencer al otro de quién tiene la razón. En estos casos, es mejor acordar que “no estamos, ni estaremos, de acuerdo” y tratar de encontrar una base común en la relación (i.e. valores, metas) que no esté conectada con el problema o discusión vivida.
5. Disculparnos Genuinamente.
Una disculpa crea un espacio seguro y propicio para la reconciliación. Y es que, no habrá reconciliación real si no se expresa remordimiento, entendimiento del pasado y esperanza de cimentar un mejor futuro. Una disculpa parcial conlleva un “lo siento, me equivoqué y te lastimé”; una disculpa real, genuina y con visión de futuro va más allá, y se complementa con acciones, por ejemplo, con un “asumo mi responsabilidad y me comprometo a…” y/o un “¿qué puedo hacer para compensarlo?
6. Compromiso Consciente.
Aunque las disculpas completas crean una atmósfera para volver a confiar, lo cierto es que, para que la relación fluya y se fortalezca de nuevo, las acciones DEBEN acompañar a las palabras. El compromiso consciente no sólo provee certeza, sino que constituye relaciones fuertes, confiables y de largo plazo.
RECUERDA: La Navidad la hacemos nosotros. Los milagros los catalizamos nosotros. Los retos los enfrentamos nosotros. Entonces, ¿qué estás esperando? ¡La paz comienza en casa!
¡Feliz Navidad y un Venturoso Año 2022!
SOBRE LA AUTORA:
Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.
