Rosa Nelly Trevinyo

Rosa Nelly Trevinyo: ¿Lealtades malentendidas?

Pertenecer a una familia empresaria comporta ciertas promesas de lealtad.

La lealtad—como virtud—entraña fidelidad, compromiso, adhesión, afecto, gratitud y respeto, siendo un elemento diferencial que mantiene unidas a las familias empresarias. No obstante, cuando la expectativa de lealtad familiar-empresarial se lleva al extremo, la virtud se vuelve vicio.

Cada familia tiene su propio sistema de lealtades; no obstante, para que la dinámica familiar sea saludable y estable, el ejercicio de la lealtad debe ser voluntario (sin coerción), elegido (decisión personal), practicado (ejercitado activamente) y constante (compromiso continuo, no interés casual). La lealtad exige “apoyo” y “alineación”, y cultivarla conlleva buscar un ganar-ganar colectivo-individual.

Pertenecer a una familia empresaria comporta ciertas promesas de lealtad. Sin embargo, mal entender el concepto es contraproducente. Y es que, las lealtades malentendidas (expectativas familiares-empresariales desproporcionadas) se materializan en forma de chantajes emocionales y actúan como “cadenas” para sus miembros.

Las 5 lealtades malentendidas más comunes son:

1. “Somos familia… Y debemos poder trabajar juntos.”

Existen ocasiones en que las diferencias de personalidad, carácter, liderazgo y gestión entre padre/madre-hij@ o entre los herman@s son tan profundas e irreconciliables que lo mejor es “soltar”—es decir, salir de la empresa. Y es que, trabajar juntos en estas condiciones sólo genera desgaste emocional y empresarial. La lealtad no se demuestra con sacrificios, sino con elecciones personales conscientes (voluntad, decisión y juicio) y con buenas negociaciones de permanencia o salida.

2. “Somos familia… Y por eso cuento con tu voto.”

La lealtad no justifica omisiones empresariales. Ejercer un voto responsable—como dueño o consejero—implica entender y encarar las consecuencias de lo que se elige. Un voto mal encauzado es una falta grave a nuestro deber de diligencia. “Regalar” nuestro voto no es lealtad, es comodidad—”así me evito discusiones con papá”. La empresa familiar necesita consejeros y dueños que apoyen, contengan, desafíen y aconsejen; no títeres.

3. “Somos familia… Y por eso perdonamos y olvidamos.”

El conflicto es parte integral de la dinámica familiar-empresarial. Las familias empresarias deben habituarse a entenderlo, aceptarlo y manejarlo; disponer de mecanismos de resolución de conflictos (mediación), y participar en procesos de reconciliación (sanación familiar). Y es que, perdonar no es sinónimo de olvidar. Todo conflicto familiar-empresarial genera fisuras emocionales. Si éstas no se examinan, trabajan y nutren (con actitudes y comportamientos apropiados), las fisuras terminan por transformarse en abismos, catalizando el desapego y la indiferencia.

4. “Somos familia… Y algún día, esta empresa será tuya.”

Este argumento lo utilizan generalmente los padres para: (a) convencer a los hij@s de que regresen a colaborar en la empresa familiar; (b) justificar compensaciones (sueldos) por debajo del mercado; (c) no planificar la sucesión; (d) no comunicar sus intenciones de reparto patrimonial; (e) no discutir la reinvención del modelo de negocio (cambios empresariales). Cuando el futuro se basa en expectativas, percepciones o promesas—y no en metas, resultados y evaluaciones—la dependencia y la incertidumbre se incrementan. Hacer planes de carrera y familia en base a “supuestos” es peligroso. Y es que, al final, papá o mamá pueden cambiar de opinión, ¿o no?

5. “Somos familia… Y merecemos lo mismo.”

Algunos dicen que el amor se demuestra con el dinero, ¿será? Cualquiera que sea el caso, hay que tener claro una cosa: Cuanta más riqueza hay, mayor es la probabilidad de conflicto. Por ello, generar expectativas de “igualdad” en una futura distribución patrimonial (herencia) no es sano. Es mejor fomentar expectativas de “justicia”—a cada quién lo que le corresponde según lo que se haya ganado... “y lo que yo le quiera regalar”. Además, aunque como padres nos esforcemos en compensar de igual manera a todos, la realidad es que por la carga emocional que una distribución patrimonial implica, ésta nunca será percibida como completamente pareja.

Cuidado: Cuando una virtud se lleva al extremo, ésta se convierte en vicio. Así que, ¡nada con exceso, todo con medida!

SOBRE LA AUTORA:

Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

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