Rosa Nelly Trevinyo

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez: ¿Y si Vendemos la Empresa Familiar?

La empresa familiar representa no sólo el trabajo de toda una vida, sino también la identidad y el pegamento que mantiene unida a la familia propietaria.

Optar por deshacerse de la empresa familiar no es fácil. De hecho, decidir vender el negocio es uno de los procesos más tardados, estresantes y complejos que las familias empresarias pueden enfrentar. Y es que, sentirse conformes con la transacción es un asunto desafiante; y algunas veces, imposible de lograr.

Vender equivale a sufrir una pérdida. La empresa familiar representa no sólo el trabajo de toda una vida, sino también la identidad y el pegamento que mantiene unida a la familia propietaria. Y, aunque por un lado, vender es un proceso racional en términos de pesos y centavos; por otro, tiene un fondo netamente psicológico-emocional que altera la dinámica familiar y hasta en el propio auto-concepto de los dueños.

Cuando la familia empresaria vende su negocio, lo vende por dinero. No obstante, de nada sirve obtener un buen deal si la oposición, la inconformidad y la desconfianza marcarán la transacción y permanecerán después de la venta. Y es que, habrá dinero, pero no familia.

Para que el proceso de venta sea exitoso—aceptable y llevadero psicológica y emocionalmente a nivel de familia—, hay que trabajar 5 elementos trascendentes:

1. ¿Cuándo Sí…?

Cuando se habla de una potencial venta de la empresa familiar, hay que ser serios. Proponer vender la empresa cada vez que hay problemas entre los soci@s es un arma de dos filos. Por ello, es importante que la familia defina, con antelación a que se experimente el proceso de venta, en qué contadas condiciones y con qué mínimos indispensables estaría dispuesta a vender. Explorar procesos de venta cuando no existe ni la intención ni la factibilidad, sólo ocasionará una fuerte distracción de la operación empresarial y un costoso desgaste en la relación familiar-societaria.

2. Transparencia e Inclusión.

Antes de aceptar una carta de intención, debe haber claridad y consistencia en la información que la familia propietaria posee. Todos los soci@s deben estar enterados de cómo se gestó la potencial negociación. Si esta base no existe, la transacción está destinada al fracaso. Y es que, en la empresa familiar, la venta del negocio no es asunto de uno, sino de tod@s. Por ello, sin importar si la venta puede ser decidida por una o varias personas, el proceso de decisión debe ser transparente e inclusivo. Un 70% de las transacciones de compra-venta en empresas familiares se viene abajo por razones no financieras. Y es que, cuando los dueños no tienen información suficiente, cuando se sienten excluidos del proceso de decisión y cuando perciben que están siendo forzados a ceder su patrimonio de forma injusta, la respuesta es la auto-defensa.

3. Condiciones Justas ... Para Tod@s.

Para que el proceso de venta proceda y abone beneficios a la dinámica familiar, las condiciones de salida deben ser equitativas—deben ser percibidas como justas por tod@s los dueñ@s (mayoritarios y minoritarios). Por esto, se recomienda que quien gestione la venta cuente con la legitimidad del grupo familiar, que posea un liderazgo confiable y que vele por los intereses de tod@s. Una buena venta implica no sólo obtener el mejor y más alto precio de venta, sino también alcanzar ciertos objetivos como familia (colectivo).

4. Alineación con la Visión del Comprador.

Entender la visión del comprador, saber cuáles son los planes que tiene para nuestra empresa e incluso negociar como parte del acuerdo de venta el uso de marcas e inmuebles de la familia es elemental para tener paz mental. La empresa familiar representa el apellido, reputación, filosofía y valores de la familia empresaria. Cuando existe inconformidad o poca certeza sobre el futuro del negocio, el remordimiento y la culpa se hacen presentes, el proceso de venta se complica y las relaciones familiares se lían.

5. ¿Quiénes se Quedan y en Calidad de Qué?

¿Qué pasará con los miembros de la familia que trabajan en la empresa? ¿Queremos, y es conveniente, negociar su permanencia? ¿En calidad de qué se quedarían—como consejeros, asesores, inversores minoritarios, directivos? Aclarar y pactar este punto, como soci@s y familia, es crucial si se busca mantener una relación armónica y sentirse satisfechos con la transacción.

Decidir vender es difícil, pero entregar la empresa a los nuevos dueños es un acto personalísimo, estoico y revolucionario… Y es que, somos quiénes somos por lo que hemos vivido.

COLUMNAS ANTERIORES

Rosa Nelly Trevinyo: Errores … Garrafales
Rosa Nelly Trevinyo: ¿Estrés Crónico?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.