Como lo prometí, aquí te comparto 5 claves más para forjar una dinastía familiar.
6. Forma Dueños Responsables: Aunque yo no lo vea, alguien más lo verá.
Una manera de asegurar que el patrimonio que amasaste con trabajo y sacrificio va a perdurar, es darte a la tarea de formar a tus hij@s como dueños responsables. Los dueños responsables hacen más alarde de sus responsabilidades sobre el patrimonio, que de sus derechos. Además, son conscientes de su labor como “guardianes de la riqueza”, comprometiéndose con la perpetuidad del legado. Cuando los hij@s entienden que lo que tienen no es de ellos, sino que deben administrarlo e incrementarlo para entregarlo a las generaciones venideras, la posibilidad de crear una dinastía familiar se incrementa.
7. Diversifica tu Patrimonio: No pongas todos los huevos en la misma canasta.
Procura diversificar tu patrimonio. Realiza inversiones en inmuebles, empresas, materias primas, fondos de inversión, etc. La intención es recibir ingresos de múltiples fuentes y hacer que el dinero trabaje para ti—que te genere lo que se denomina ingresos pasivos. Los ingresos pasivos te permiten ganar dinero sin necesidad de invertir mucho tiempo y esfuerzo. Ejemplos de este tipo de ingresos son las rentas (arrendamiento), los dividendos y las regalías.
8. Invierte en Filantropía: Valora lo que tienes y ayuda a otros.
Los proyectos filantrópicos no sólo impulsan la cohesión e identidad familiar, sino que son una herramienta de educación financiera invaluable. No importa el monto de las donaciones, lo valioso es el proceso de debatir juntos los valores de la familia, de elegir los proyectos en que participarán y de entender las inversiones.
Estos proyectos son también una manera de hacer ver a los miembros de la familia lo bendecidos que son y las oportunidades de cambio que pueden generar. Ayudar a otros es rentable no por lo que ganas económicamente, sino por el impulso inspirador y transformador que genera en ti y en los tuyos. Las acciones filantrópicas comprometen, cambian mentalidades y unen familias, asegurando que el legado se renueve y siga vivo.
9. Cuidado con los Divorcios: No subestimes el poder aniquilador del conflicto. El matrimonio es un albur. Uno nunca sabe lo que sucederá a lo largo del tiempo. Así que lo más recomendable, para evitar largas y costosas batallas legales, es tener claras las “reglas de salida” desde el inicio.
Los acuerdos prenupciales permiten proteger los activos antes del matrimonio en caso de divorcio o muerte prematura, y aunque no son románticos, sí son útiles. Siempre será más fácil ponerse de acuerdo cuando se está enamorado, que cuando la relación está deteriorada, la comunicación complicada y las emociones desatadas. Y, aunque la recomendación general es arreglar y no separarse. Si los intentos fallan, hay que asegurar que la separación se dé en buenos términos.
10. Practica el perdón, y de ser posible, la reconciliación: La paz emocional es necesaria.
En todas las familias existirá, en mayor o menor grado, alguien que ofenda y decepcione—causando así heridas emocionales. Aunque los otros le perdonen a título individual, lo sucedido permanecerá en su memoria. Si quien ofendió no reconoce su mal actuar y/o si sigue repitiendo los mismos patrones de conducta, los sentimientos negativos reemergerán, la confianza se perderá y la posibilidad de reconciliación se extinguirá.
Por eso, el perdón no siempre implica una reconciliación y mucho menos, una reanudación de la relación anterior. A veces, la aceptación de la no-relación, aunque sí del parentesco, resulta más beneficioso y brinda mayor paz emocional a tod@s.
Construir una dinastía familiar no es fácil. Para lograrlo, hay que planificar, estratégica y tácticamente, cómo perpetuar el patrimonio y mantener unida a la familia.
¿Así o más claro?
