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La democracia liberal es una creación, está amenazada y es preciso cuidarla día a día: José Varela Ortega

José Varela, ganador del Premio 8 de Octubre, contó a El Financiero la situación que vive España, el voto de censura y la democracia en Europa.

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José Varela Ortega, historiador y ensayista. (Especial)

El historiador y ensayista José Varela Ortega, creador de la Fundación José Ortega y Gasset (su abuelo), acaba de recibir el Premio 8 de Octubre que otorga la prestigiosa Societat Civil Catalana, en reconocimiento a su “inamovible compromiso con el Estado democrático de derecho”.

En su casa de Madrid, toma la llamada de El Financiero para hablar extensamente de la situación política de España, de Europa, y del incierto futuro del mundo.

Profesor, ¿hacia dónde va España? Se oye desde acá mucho ruido político. ¿Qué está pasando en España?

Bueno, quizá haya que ampliar la pregunta y formularnos qué está pasando en Europa. Porque, España es un caso más con algunas diferencias y con una muy importante, que es que el actual presidente del gobierno tiene una ambición patológica y ha cambiado de socio-constituyente, por así decir. No quiere una alternancia con el centro-derecha, sino que, a falta de votos, prefiere aliarse en el Parlamento con los comunistas y con grupos nacional-populistas y separatistas.

Conviene que sus lectores mexicanos comprendan, o en general latinoamericanos entiendan, que el nuestro es un sistema parlamentario. Es decir, no se elige al jefe del Estado, sino que lo que se elige es a unos diputados en el Parlamento y el voto del Parlamento es el que elige un jefe de gobierno.

Bueno, eso hace que sea posible que un partido que ha perdido las elecciones, como es el caso del Partido Socialista, acaudillado por este personaje que nos gobierna, pueda componer una mayoría tipo Boris Karloff, zurciendo suturas aquí y allá con grupos heterogéneos, incluso contrapuestos, pero que tienen un solo interés, que es ver cuánto rédito político le sacan, con tal de no sumarse a un voto de censura contra el presidente de gobierno. Pues eso es lo que este hombre ha resucitado en España: el aliarse con partidos nacionalistas para –y a pesar de haber perdido las elecciones, por un número de diputados claramente inferior al del Partido Popular, que es del centro-derecha- componer una mayoría con el apoyo de esos grupos. ¿De qué forma? Pues dándoles prebendas del tipo que sea, que en el fondo son desigualdades, y eso es lo que provoca que marxistas y socialistas ortodoxos, y también los liberales, se rasguen las vestiduras. Una cosa es aceptar, digamos, diferencias culturales y otra muy distinta, tragar con las diferencias de derechos entre ciudadanos. No sé si me explico.


Profesor, los sistemas parlamentarios funcionan de esa manera, sumando votos. ¿Por qué amerita el voto de censura el presidente del gobierno español?

Sí, bueno, los desbancados por ese voto parlamentario siempre están al acecho de procurar armar un voto de censura, pero claro, es muy complicado hacerlo contra el gobierno de turno porque lo que quieren es sustituirle en el poder, y, en este caso, no es fácil porque los partidos nacionalistas o los grupos nacionalistas, aunque sean relativamente pequeños, entre todos sí suman lo suficiente como para mantener en el poder a este personaje, Sánchez.

¿Cómo justifica la oposición un posible voto de censura? Pues, por gobernar según el principio de la desigualdad, en función de territorios (nacionalistas), en lugar de ciudadanos libres e iguales. Gobernando sin presupuestos (a estas alturas, por casi tres años), y engañando y mintiendo ante las Cortes. Me parece que era Kennedy que reconocía que todos los políticos mienten con demasiada frecuencia, pero que no se puede mentir a todo el mundo todo el tiempo.

-Pero ¿qué ha hecho, qué va mal en España como para ameritar un voto de censura? ¿Cuáles son los problemas que ha generado el actual gobierno de Pedro Sánchez?

Bueno, el ceder en problemas de igualdad, igualdad de derechos entre los ciudadanos. Para empezar, el proponer un sistema tributario que va a discriminar entre autonomías y ciudadanos.

Eso no es digerible desde un punto de vista ni socialista ni liberal.

Eso es lo más importante de fondo. Y luego, claro, aliarse, con grupos herederos del terrorismo, como son los de Herri Batasuna, o los de Bildu en el País Vasco, que ahora no matan, pero han matado y no piden perdón. Hay mil víctimas de ese tipo. Eso no es una cosa fácil para el resto del país, o por lo menos para grandes capas, incluida la izquierda.

También se ha aliado con los comunistas, con el Partido Comunista, y eso en Europa occidental, desde la masacre soviética en las fosas de Katyn, donde se asesinaron a decenas de miles de oficiales polacos, y el golpe de Praga de 1948, no ha habido un partido social-demócrata que se aliara con los comunistas.

-¿Se refiere a Podemos, Podemos es el Partido Comunista o a cuál?

Bueno, hay un grupo que claramente es comunista, que además no lo oculta, lo dice muy claramente. La estrategia revolucionaria de Podemos ya no es la militar, tipo Lenin, o del foquismo castrista, porque eso acabó, quizá cuando el Che murió en Bolivia.

Lo de Sánchez es algo parecido a una especie de izquierda peronista. El que predicaba ese tipo de evangelio era Ernesto Laclau, un peronista de izquierda argentino que tenía la idea gramsciana de que lo que había que hacer es ocupar espacios públicos y privados. Públicos es aquí muy importante, porque la idea es condicionar la judicatura, inflándola, metiendo muchos más jueces a dedo y devaluando el sistema de oposiciones que en España, desde 1918 y la ley Maura de función pública, es sagrado.

Este es un país de una administración profesional, independiente y por oposiciones (concurso público). Y amenazar ese sistema pone de cabeza a todo el funcionariado. Unos porque están viendo qué les está pasando a los jueces y los otros porque ponen sus barbas a remojar. Por eso, este hombre (Pedro Sánchez) levanta profundas sospechas.

El caso venezolano es el que tienen muy presente (hay cerca de 700 mil inmigrantes venezolanos en España), porque esa táctica de invadir, desmontar y controlar instituciones se ha hecho en Venezuela paso a paso, poco a poco, hasta el pucherazo final (fraude electoral), en fin, la conculcación final de las elecciones.

Pues, eso es lo que ha ocurrido en Venezuela y es lo que aquí están mirando de reojo con muchas sospechas. Consideran que este hombre es un hombre de una ambición sin límites, capaz de cualquier cosa, y ello genera una tensión muy grande.

-Usted me dijo, ‘yo lo ampliaría a Europa’. ¿Está en riesgo la democracia en Europa?

Vamos a ver, vamos a centrarnos un poco, porque hablamos hoy día de la democracia como si eso hubiera existido siempre en el mundo occidental. Pero, esto ha sido el resultado de un proceso muy lento, muy balbuceante, muy contradictorio, muy, digamos, de avances y retrocesos, de suerte que en el sentido que nosotros empleamos hoy la palabra, con partidos de masas, elecciones fiables y contrapoderes, un Estado de derecho vigilante, eso es una cosa muy reciente. Tenga usted en cuenta que, en 1918, todavía en Inglaterra, en el Reino Unido, de cada 10 hombres en edad de votar, mayores de 21 años, de las mujeres ni hablemos, cuatro no tenían derecho a voto. Esto que llamamos democracia de masas, con el voto, sufragio universal de verdad, femenino, con la igualdad ante de la ley, con organismos que vigilen y que introduzcan equilibrios, eso es un producto cultural muy elaborado, que tiene poco más de un siglo en el mundo.

Entonces, bueno, yo le decía lo de Europa porque, por otro lado, este es un continente suicidado dos veces: en la Primera y Segunda Guerra Mundiales, destrozado e invadido y amputado.

Un general inglés famoso, que había combatido en la Segunda Guerra Mundial, cuando vio en 1945 que el resultado eran 40 mil tanques soviéticos en el Elba, dijo: “¿qué hemos hecho? ¿Qué hemos hecho aquí?”, el Türinger Wald y el Bömer Wald con los eslavos vivaqueando; “¿qué es lo que hemos hecho aquí? Hemos retrocedido mil años de historia europea”.

Era un continente, además, arruinado. El Plan Marshall, como usted sabe, a partir de 1947-48, era para fortalecer lo que se temía que fuera el derrumbe de las democracias europeas en Francia y en Italia, y, en Alemania, no se había ni empezado todavía de desescombrar.

Ese desastre se ha manejado bastante bien, incluido el caso español. Y la prosperidad es evidente: el Estado bienestar, también. Porque, desde cierto punto de vista, Europa es más bien un continente socialdemócrata, resguardado tras el paraguas nuclear táctico americano.

Hay algunas cosas que este señor Trump, que a mí no me es particularmente simpático, tiene razón, al decir ‘nosotros -los estadounidenses- hemos puesto todo’, hemos puesto el dinero, hemos puesto los soldados, los tanques, los aviones y, desde luego, la disuasión nuclear táctica, que es lo que ha detenido o ha impedido que los soviéticos lleguen al estrecho Gibraltar. Esa amenaza soviética -que se había tragado casi la mitad del continente- por otra parte, salvó a Franco, o a Salazar, en Portugal, o admitió una situación poco democrática, por decirlo suavemente, en Turquía, o toleró el régimen de los coroneles griegos. Es decir, muchos sistemas que no eran particularmente democráticos, pero es cierto que la situación era originalmente muy mala y de eso se salió muy brillantemente.

-¿Y ahora?

Es un continente mucho más crecido, con un enorme éxito económico y social, pero, desde un punto de vista político y militar, muy frágil y muy endeble.

Y eso me parece que Putin, que es un heredero de los zares y de Stalin, lo ha entendido muy bien, no sólo en Crimea y en otros sitios, en Azerbaiyán, y la invasión de Ucrania, pues ahí está. Es decir, países que eran muy reticentes a entrar en la OTAN, como pueden ser Noruega, Finlandia y Suecia, pues han ido corriendo a hacer cola y a entrar.

Polonia, me parece, está dándole vueltas y poniendo dinero a un posible desarrollo atómico de un arma de disuasión estratégica, porque táctica no están en condiciones.

Si usted ve la escena, no hace mucho, de Trump sentando a los ‘niños de colegio’, que eran los diferentes dirigentes europeos, y dándoles la palabra como un maestrillo de escuela, uno a uno, pues es una escena tremenda. Es decir, que este es un continente encogido, asustado y con una capacidad de defensa muy frágil, muy frágil.

El gran protector ya no es tan grande y menos protector. Pone muchas condiciones. El gran protector resulta que está dispuesto a aliarse con el invasor, como hace con Putin. Y, claro, eso ha dejado aquí a la gente hablando sola y mirando para otro lado, horrorizada, sobre todo en los países fronterizos con ese ‘tigre ruso exsoviético’, que a su vez es dependiente de un mundo chino que sí ha tenido un éxito económico absolutamente espectacular.

Pues bien, esto nos devuelve a un escenario anterior a Marco Polo. No sé cómo decirle, anterior al siglo XIV. China, entonces, era un gran coloso. Ahora hemos vuelto a una situación muy distinta a la que aquí había en el mundo entre el siglo XV y el XX. Muy distinta.

-¿Cuál es el futuro, entonces? Para ponerlo en blanco y negro, ¿qué le espera a Europa? No está condiciones de defenderse y las democracias las vemos debilitadas, porque están al alcance de la mano de populistas e incluso prorrusos.

Sí, efectivamente. Hemos cumplido poco más de 100 años de democracia, en el sentido que le damos ahora la palabra, y no sabemos por dónde va a discurrir esto.

El protector ni quiere ni sabemos si está en condiciones de seguir extendiendo ese manto de seguridad por el resto del mundo.

La salida de Estados Unidos de Afganistán, a trompicones y vapuleado, no se nos quita de la retina. Y, desde el punto de vista de lo que es el funcionamiento democrático, ver ahí a esa especie de Sitting Bull, con los cuernos y demás atuendos, sentado en el sitial del speaker en el Congreso, a mí no se me quita tampoco de la cabeza. Es algo que no creíamos nunca que podía pasar. En fin, me parece que estamos en un mundo, a esos efectos, muy distinto, muy distinto. En fin, en todo caso, es un panorama muy incierto.

¿Sería muy aventurado decir que la democracia en Europa está amenazada, o en retirada?

En retirada, no sé. Amenazada, yo creo que la democracia siempre lo está. Porque, es un sistema abierto, es un sistema libre y cuando no está amenazada es que no es democrática. En el sentido liberal del término, y parlamentario, que entendemos por democracia, con libertad de prensa, con seguridad jurídica, con tribunales independientes, todo eso es absolutamente esencial. Y bueno, eso siempre está amenazado y por eso hay que vigilarlo muy de cerca.

Esto de la democracia, democracia occidental, liberal y parlamentaria, no es algo natural. Es un producto de la cultura, de la cultura política desarrollada desde el siglo XVIII. Es, pues, un producto político muy frágil, con el que hay que tener mucho cuidado y vigilarlo con mucha atención.

¿Qué ve hacia adelante en este cambio de epicentro del poder mundial, que se va a Asia? La fragilidad de las democracias europeas, la debilidad para defenderse, le dejaron todo a Estados Unidos. ¿Qué es lo que ve hacia el futuro próximo, profesor?

Bueno, vamos a ver don Pablo, yo soy historiador, y me pagan por predecir el pasado, no por adivinar el futuro. Más bien, yo lo que le planteo es un panorama muy complejo, muy distinto al que era, y muy diverso.

El problema que existe, que no hemos mencionado, de la inmigración. En Europa se está produciendo un aluvión de contingente migratorio que está cambiando el panorama social de todo orden de las ciudades europeas.

El caso de España tenemos la enorme fortuna que contamos con ustedes, que hablan español. Como me dijo una francesa un día, que nos vio a mi mujer y a mí hablando español, al lado del (Museo George) Pompidou, y con la calle llena de migrantes magrebís: ‘ah, ustedes tienen mucha suerte’ -nos afirmó- ‘¿Por qué lo dice, señora?’ ‘Porque los de ustedes hablan español y creen en el mismo Dios’. Y claro, ella miraba a todo el contingente de personas del norte de África. Y, efectivamente, eso plantea un problema de integración. Esto de la religión musulmana, como cultura y con independencia de creencias religiosas, no es fácil de integrar en un mundo como el nuestro que parte de un principio de igualdad, por ejemplo, de igualdad de la mujer, etcétera. No es una cosa fácil de integrar.

Nosotros tenemos una inmigración latina, muy importante, y eso ha amortiguado mucho el impacto, porque se integra con mucha mayor facilidad. Y claro, el resultado es muy distinto.

Pero si usted va a Bruselas, que es el centro de la capitalidad europea, pues hay barrios donde realmente se queda uno un tanto impresionado, por no decir asustado.

En el tablero de Trump se ve a Europa como un jugador menor

Sí, es que él considera, me parece que con bastante razón, que este es un continente que, si no reacciona, a pesar de sus 600 o 700 millones de habitantes y del desarrollo económico que tiene, es un jugador menor. Ninguno de los que están en la mesa, incluidos los alemanes, que es el más numeroso y de mayor volumen, figura como un jugador importante. No tiene las dimensiones adecuadas. Y todos juntos, por ahora, no existen.

Tenemos una moneda común, que es muy importante, y un comercio común, pero poco más. No existe una defensa, no hay un ejército europeo, ni, por ende, una política exterior integrada. Y, para más inri, nosotros mismos devaluamos, criticamos y denostamos nuestra propia herencia cultural. Se entiende, pues-aunque no se comparta- que Trump nos mire con desprecio: la prueba es ese teatrillo en el Despacho Oval a que me he referido antes.

Profesor, muchísimas gracias por su tiempo.

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