Por considerar que en México que la resiliencia económica y el riesgo de la industria en fondeo del sistema representan un riesgo muy alto y que otras variables como desequilibrios económicos y el riesgo crediticio en la economía implican un riesgo medio, en su Análisis de Riesgo de la Industria Bancaria para América Latina, Standard and Poor´s colocó a México con una calificación de riesgo medio.
La calificadora dijo que entre los riesgos que monitoreo para el sector en Latinoamérica están la inestabilidad social y política que podría presionar la inversión, lo que reduciría la demanda interna, desacelerando el crecimiento del crédito y debilitando la calidad de activos, por lo cual el desempeño operativo de los bancos podría verse en problemas.
También analiza que la cartera emproblemada podría aumentar por arriba de sus expectativas, dado que las economías de América Latina ya estaban en condiciones precarias antes del brote de la pandemia; y que una economía persistentemente débil podría presionar la sustentabilidad de algunas empresas.
Para México, dijo que el crecimiento del crédito seguirá moderado en 2022-2023 por bajo consumo e inversión débil y aunque la calidad de activos se estabilizará, riesgos a la baja podrían presionar la rentabilidad.
Destacó que la capitalización sólida aún será una fortaleza crediticia en 2022-2023, y persistirá una liquidez saludable ante una lenta demanda de crédito.
Entre los factores crediticios clave, S&P dijo que la incertidumbre sobre el ambiente de negocio e inquietudes sobre la previsibilidad de políticas limitarán el crecimiento.
“Las expectativas de inversión permanecen débiles, en parte por políticas gubernamentales que han socavado los incentivos de inversión en sectores clave, especialmente en energía, lo que limitará el crecimiento y presionará las condiciones operativas y de negocio de los bancos”.
Comentó que el bajo acceso a servicios bancarios ha permitido a los bancos crecer con una sana calidad de activos y una rentabilidad adecuada, con indicadores de liquidez y capitalización aún sólidos.
“El bajo crecimiento económico, la alta inflación y la débil dinámica del mercado laboral representarán un desafío para que los bancos mexicanos puedan mantener una calidad de activos saludable y buena rentabilidad”, indicó.




