El miedo se quedó a vivir a la sombra de los árboles de plátano. Este fruto, indispensable en la dieta de los mexicanos, es un botín secuestrado por el crimen organizado, que exige cuotas cada vez más altas a sus productores.
El último caso fue el de Eduardo Ochoa Arias, encontrado muerto ocho días después de que supuestos sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lo interceptaran por la fuerza en Tecomán, Colima. Su cuerpo fue localizado en el municipio de Coahuayana, Michoacán.
Familiares exigieron aparición de Eduardo Ochoa
El viernes 20 de marzo, familiares y amigos convocaron a una manifestación para exigir la aparición con vida de Eduardo Ochoa.
Aunque inicialmente se planteó bloquear la carretera Colima–Manzanillo, los participantes optaron por no afectar a terceros y se concentraron a la entrada de la cabecera municipal, donde, con lonas y pancartas, alzaron la voz en una protesta pacífica marcada por la incertidumbre.
A la orilla de la playa, hallan muerto a Eduardo Ochoa
Una semana después, el desenlace llegó de la forma más dolorosa. Habitantes de Boca de Apiza reportaron el hallazgo del cuerpo de un hombre a la orilla de la playa.
La tarde del sábado 21 de marzo, peritos y agentes de la Fiscalía de Michoacán acudieron al sitio. Las condiciones en que fue encontrado el cuerpo obligaron a realizar pruebas genéticas para confirmar su identidad.
Los reportes señalaron que la víctima presentaba un disparo en el pecho, además de estar maniatada y envuelta en plástico junto con una hamaca.
Tras su traslado al Servicio Médico Forense, la familia confirmó que se trataba de Eduardo Ochoa. Su cuerpo fue llevado de regreso a Colima, su estado natal.
La noticia se hizo pública durante una misa convocada por sus seres queridos en la parroquia de San Juan Pablo Segundo, donde el sacerdote Asahel Ochoa, primo de la víctima, comunicó el hecho:
“La familia, a través de mi tío Ricardo, me ha pedido informarles que es un hecho, ha sido identificado el cuerpo de Edy”.
El caso ocurre en una región marcada por la violencia. Cerro de Ortega, en el municipio de Tecomán —zona cercana a donde fue privado de la libertad— es identificado como un punto de operación de grupos criminales dedicados al secuestro y la extorsión, pese a la presencia de fuerzas federales.



