El acelerado envejecimiento de la población en América Latina y el Caribe provocará una creciente demanda de trabajadores dedicados al cuidado de personas mayores, una labor que difícilmente podrá ser sustituida por la inteligencia artificial, Diana Rodríguez, asesora del Grupo BID.
De acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para el año 2050 la región requerirá alrededor de 14 millones de cuidadores certificados para atender a los adultos mayores.
La especialista explicó que el envejecimiento demográfico transformará de forma profunda los mercados laborales y las políticas sociales en América Latina.
Este fenómeno se produce en un contexto particular, ya que la región está envejeciendo con mayor rapidez que las economías desarrolladas, pero sin haber alcanzado niveles similares de ingreso.
“Mientras países como Estados Unidos tardaron más de seis décadas en pasar de tener 10 a 20 por ciento de su población mayor de 65 años, varios países latinoamericanos experimentarán ese cambio en periodos mucho más cortos”, alertó.
Rodríguez subrayó que esta transición demográfica representa tanto un desafío social como una oportunidad económica. La expansión de los servicios de cuidado, que incluyen atención a adultos mayores, niños y personas con discapacidad, podría convertirse en uno de los principales motores de generación de empleo en las próximas décadas.
Sin embargo, a diferencia de otros sectores, se trata de actividades donde la tecnología tendrá un papel limitado.
“Si hay un tipo de trabajo que no es sustituible por la inteligencia artificial puede ser complementado, pero no sustituido. Eso son los trabajos de cuidado”, afirmó la especialista.
La razón, explicó, radica en el componente humano que implica la atención directa a las personas. Tareas como acompañar a un adulto mayor, administrar medicamentos durante la noche o brindar apoyo emocional no pueden ser reemplazadas completamente por sistemas automatizados.
“Ponerle el pañal a una persona mayor, darle un abrazo a un niño angustiado o cuidar a alguien durante la noche son actividades profundamente humanas”, señaló.
Ante este panorama, el BID impulsa programas para fortalecer la llamada economía del cuidado, que incluye inversiones en infraestructura, capacitación de trabajadores y sistemas nacionales de cuidados.
Según la institución, destinar recursos a este sector no solo ayuda a enfrentar el envejecimiento poblacional, sino que también contribuye a aumentar la participación laboral femenina, ya que muchas mujeres abandonan el mercado de trabajo para asumir responsabilidades de cuidado dentro del hogar.
En los últimos años, el organismo ha movilizado cerca de 700 millones de dólares en financiamiento para proyectos vinculados al cuidado en la región, incluyendo préstamos para fortalecer servicios de atención a personas mayores, programas de desarrollo infantil temprano y esquemas de certificación profesional para cuidadores.




