Más de cinco millones de unidades vendidas desde 2012 respaldan la importancia del Mazda CX-5 dentro del catálogo de la marca. Esta tercera generación no rompe con la fórmula; la amplía. La plataforma no es totalmente nueva: es más una evolución de la anterior.
El CX-5 crece 11.5 centímetros en longitud y 1.3 centímetros en anchura, y esa diferencia tiene consecuencias reales. Las puertas son ocho centímetros más amplias y 2.5 centímetros más altas. El espacio trasero para piernas, rodillas y cabeza mejora de forma perceptible. La cajuela suma cinco centímetros de longitud con una altura de carga más baja. Son ganancias tangibles que se notan desde el primer contacto.
Calidad de materiales y comportamiento dinámico
La calidad de materiales da un salto genuino. El interior transmite un nivel de refinamiento que la generación anterior no alcanzaba. La puesta a punto del chasis es sobresaliente: bien equilibrada entre comodidad y precisión. La dirección es uno de sus puntos más altos, precisa y con buena retroalimentación para el segmento. Los frenos responden con solidez.

El mismo motor de siempre: la cuenta pendiente
Donde el discurso se frena es en la motorización. El SkyActiv-G de 2.5 litros regresa con los mismos 177 hp y 177 lb-pie de par. Para quien conduce en altitud, como es el caso de la Ciudad de México, el motor atmosférico pierde potencia disponible de forma significativa, logrando apenas 129 hp a los 2,700 msnm donde manejamos. Es la cuenta pendiente más visible de un SUV que en todo lo demás compite de frente con las mejores de su segmento.

Equipamiento y precio
En equipamiento, la gama arranca bien dotada: pantalla táctil de 12.9 pulgadas, Apple CarPlay y Android Auto inalámbricos, cámara trasera y asistencias de seguridad activa de serie. La versión Signature escala a pantalla de 15.6 pulgadas, techo panorámico, cámara 360 grados y asientos ventilados.
Toda la gama llega con seis años de garantía o 125,000 kilómetros. El precio de entrada es de $599,900 MXN.




