Tech

Automotrices siguen y temen al Twitter de Trump

Twitter se ha convertido en la herramienta favorita de Donald Trump para incentivar que las empresas automotrices inviertan en Estados Unidos en lugar de producir en México. 
Redacción
19 enero 2017 22:33 Última actualización 20 enero 2017 5:0
Trump ha utilizado Twitter como su principal herramienta de comunicación. (Especial)

Trump ha utilizado Twitter como su principal herramienta de comunicación. (Especial)

Desde que Donald Trump se convirtió en presidente electo de Estados Unidos ha hecho de Twitter su arma más temida, en especial para las automotrices.

Inició el 2017 con amenazas que -en varios casos- han dado resultado ya que compañías como Ford, GM y Chrysler-Fiat han redirigido a Estados Unidos inversiones originalmente contempladas para México, todo, por el poder de tuit.

El 3 de enero Trump lanzó el primer tuit. Amenazó a GM con aplicar un gran impuesto si mantenía la fabricación en México del Chevy Cruze que vende en EU.


La primera reacción oficial de la empresa fue decir que mantendría su producción; pero eso cambiaría más tarde.

Ese mismo día, Ford anunció la cancelación de los planes para una nueva planta de mil 600 millones de dólares en San Luis Potosí, México. En su lugar, la firma invertirá 700 millones de dólares en la expansión de la planta de Flat Rock, Michigan. 

​Anuncio que Trump agradeció el 4 de enero, también vía Twitter.


​No habían transcurrido ni 24 horas cuando el entonces presidente electo 'atacó' de nuevo; su objetivo: Toyota...


​Si bien Toyota no retiró su inversión de México, las amenazas de Trump sí lograron resultados, ya que anunció que invertirá 10 mil millones de dólares en Estados Unidos en los próximos 5 años.

El 9 de enero, las amenazas contra las armadoras siguieron dando resultado, ya que Fiat-Chrysler informó que invertiría mil millones de dólares en la modernización de dos plantas en Estados Unidos. Lo cual compartió de inmediato Trump en sus redes.


​El 17 de enero, GM finalmente anunció que trasladará parte de su producción en México a Estados Unidos e invertirá mil millones de dólares

Donald agradeció el hecho, por supuesto a través de un tuit. 


Es evidente que el uso que hace Trump de Twitter como medio dice menos de los medios sociales que del poder del púlpito de acoso presidencial, y que él pudo haber tenido igual influencia a través de discursos o comunicados de prensa o entrevistas. Pero creo que Twitter otorga al presidente electo dos ventajas únicas sobre el uso de medios tradicionales.

Primero, Twitter no solo da a Trump el control sobre el mensaje sino que también amplía su alcance. La manera en que él lo usa para trolear y acosar es cercana para muchos estadounidenses, porque mucha gente usa Twitter para acosar y trolear como una forma de sentir que tienen algo de control sobre sus vidas. Trump probablemente esté haciéndolo por la misma razón: porque pese a todo su poder, él no puede controlar a los medios, y sus tuits claramente reflejan esta frustración con esa situación.

Segundo, Trump obviamente no tiene una política clara en esto. Si él hubiera tratado de conseguir reporteros para escribir una historia sobre la tunda que dio a los fabricantes de autos por sus planes en México, es probable que los periodistas le hubieran planteado una serie de preguntas y sacado a luz gran cantidad de contexto molesto, parte del cual habría atenuado su mensaje. En Twitter, el mensaje es directo, y cuando los reporteros empiezan a tratar de cotejar los hechos con él para aclarar los aspectos intrincados de las relaciones de comercio, él solo sigue adelante y pasa al próximo tuit y al siguiente tema.

Estas ventajas quedan compensadas por problemáticas concesiones, en particular, el escrutinio de los medios que Trump busca evitar en realidad podría darle a su campaña tan dispersa contra la externalización algo de la atención tan necesaria. Trump parece repartir golpes a diestra y siniestra a los fabricantes de autos sin importar sus inversiones relativas en Estados Unidos y México, su política de importación en general (por ejemplo, GM es el único fabricante de autos de Estados Unidos que importa autos desde China) o la forma en la que fueron tratados en administraciones pasadas. Después de todo, algunos aducen que la administración de Barack Obama desincentivó a fabricantes de autos como Toyota y VW de invertir en Estados Unidos con muy proclamados ataques regulatorios e iniciativas sindicales de United Automobile Workers (UAW). Si los fabricantes de auto no pueden determinar cómo darle a Trump lo que él quiere, sus tuits pueden derivar en el tipo de incertidumbre que en realidad desincentiva la inversión en fábricas estadounidenses.

Quizás la ambigüedad más importante que Trump debe aclarar es cuán lejos está dispuesto a ir para detener la externalización y qué –si los contempla- compromisos aceptará a fin de evitar cumplir su amenaza de un impuesto fronterizo. ¿Aceptaría él que los fabricantes fabricaran modelos sedán con poca ganancia en México a fin de preservar los empleos estadounidenses en el armado de camiones, vehículos todoterreno y autos de lujo, de mayor margen? ¿Un potencial impuesto fronterizo sería solo para vehículos terminados o sería también para el creciente número de partes de autos importadas, lo que elevaría el costo incluso de los vehículos hechos en Estados Unidos? Con el mercado automotriz estadounidense en el nivel máximo de su ciclo de negocios, ¿está Trump dispuesto a arriesgar el inicio de un revés en la demanda aplicando aranceles que de seguro subirán los precios de los autos nuevos?

Subyacente a estas preguntas específicas sobre política existe una incertidumbre aún más grande: ¿Trump siquiera se da cuenta de que los aranceles ya no son la consideración clave para inversiones en plantas de autos nuevas? La volatilidad en el mercado monetario está forzando a los fabricantes de autos a diversificar su producción con miras a un modelo de “armar donde se vende”, sin importar las medidas proteccionistas. De hecho, la ascendencia de México en la industria automotora viene más de sus acuerdos comerciales con el continente americano y Europa que con los bajos salarios. Si Trump no reconoce que el libre comercio es decisivo para atraer nuevas fábricas de autos, él pronto se encontrará con que sus nuevos aliados en la industria se volverán contra él.

Aun así, mientras él siga tuiteando, Trump tiene la oportunidad de avanzar en el tema de la externalización sin incurrir en las consecuencias espinosas e impredecibles de nuevos aranceles. Estados Unidos no está perdiendo un crecimiento de los empleos en la industria automotriz por temas estructurales, y es capaz de competir con casi cualquier fábrica de autos nuevos en el hemisferio occidental siempre que los ejecutivos de la compañía estén dispuestos a considerarlo una opción efectivamente. El temor de terminar del lado equivocado en un tuit de Trump podría solo ser la motivación que ellos necesitan para invertir seriamente en empleos en la industria automotora estadounidense.

Con información de Edward Niedermeyer vía Bloomberg.