Opinión

Pejeconomía

 
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AMLO

Andrés Manuel López Obrador puede estar durmiendo a fines del año entrante en Palacio Nacional. Por ahora es el único candidato seguro de su (literal) partido, y está lanzado por todo el país en esa campaña que no es campaña. Envalentonado, no cambia, sino que se radicaliza.

Va armando su ilusorio rompecabezas económico, y el resultado es pejeconomía.

En ese imaginario no hay restricciones presupuestales, obstáculos productivos o costos. López Obrador presenta una larguísima lista de buenos deseos creyendo que se trata de propuestas. Llegó a la edad adulta en el apogeo del populismo echeverrista, y ahí se estancó.

Pejeconomía tiene un pilar central: la voluntad de El-Señor-Presidente, ante la cual se derrumban los obstáculos financieros. Es cuestión simplemente de querer, y desde la Presidencia irradia el poder.

Pejeconomía considera que la riqueza de un país fluye de los recursos naturales. Se obstina en no ver el desastre que fue en el pasado para México, y en años recientes para Venezuela, apostar a esa carta. López Obrador sigue cultivando ese cuento tan potente en la mente de muchos: México, el país en forma del cuerno de la abundancia, es rico con una población pobre. Ignora, por completo, que la verdadera llave de la prosperidad y el bienestar reside en permitir el auge de la productividad. AMLO es incapaz de entender cómo países como Corea del Sur o Suiza son tan ricos cuando prácticamente no tienen “nada”. Por eso lo hipnotiza el sureste mexicano, esa región tan “rica” pero “abandonada”.

En la pejeconomía el tiempo es tan elástico como los recursos financieros. Habla de construir dos refinerías como si se tratara de abrir un par de tiendas de abarrotes. En estas semanas del post-gasolinazo, más otros que pueden acumularse, proclama que a la mitad de su hipotético sexenio esas refinerías estarán funcionando y el país será autosuficiente en gasolina (sí, en tres años). No sólo manará el combustible en abundancia sino que, por supuesto, será barato. Esto en un planeta con capacidad de refinación excesiva y con los vehículos eléctricos ya en el horizonte. Pero el marco de referencia de la economía pejista es 1975, no 2025.

Las cuentas de la pejeconomía ignoran todos los costos asociados. Porque ofrecer becas laborales a 2.4 millones de jóvenes con 4,500 pesos al mes “sólo” costaría 10.8 mil millones de pesos mensuales.

Eso, y lo que ya ni piensa López Obrador, administrar ese programa, uno entre tantos que regalará dinero a raudales.

Pejeconomía es, finalmente, magia. Porque sucede que el gobierno no tendrá déficit fiscal ni se endeudará más. ¿De dónde saldrá tanto dinero? Una buena parte de la “cero corrupción” que imperará en ese sexenio de ensueño. Esto de un hombre en que la corrupción ha sido y es parte de su entorno más cercano. Pero, finalmente, si algo tiene la pejeconomía es la congruencia en la incongruencia.

Twitter:@econokafka

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