Opinión

Óscar y el tiempo
de su vida arrebatado

 
1
 

 

Óscar Montes de Oca. (Cuartoscuro)

El tiempo, nuestro tiempo, el tiempo de cada quien, es lo único que tenemos.

Lo demás no es nuestro aunque lo sea.

Todos los robos son graves, pero el más grave es el que nos despoja del tiempo, esto es, de parte de la vida. O de todo el tiempo y de toda la vida, como sucede en un homicidio.

A Óscar Montes de Oca lo despojaron de 156 horas de vida. Lo que pudiera haber hecho en este lapso es asunto suyo. El caso es que no pudo hacerlo porque se le detuvo en el aeropuerto, se le confinó en los separos de la SEIDO más de 24 horas y luego se le encarceló durante cinco días en el penal de Tepic, Nayarit.

La disculpa no basta, pero además, que se sepa, nadie se disculpó.

Lo que hizo la Procuraduría General de la República, ante la evidencia, fue desistirse de los cargos por los que lo había consignado: delitos contra la salud en su modalidad de introducción de estupefacientes, que se castiga con prisión de 15 a 22 años.

No hubo vocero de la SEIDO que diera la cara, explicara el desistimiento y dijera: “Nos equivocamos. Y nos equivocamos porque creímos esto, apoyados en tales datos, y finalmente nos dimos cuenta de que nos equivocamos. Ahora realizaremos una investigación interna y revisaremos la conducta de los agentes aduanales para sancionar a quienes hayan actuado de manera errónea. Ofrecemos una sentida disculpa. Sabemos que le hemos arrebatado a Óscar 156 horas de vida y que lo hemos hecho vivir una dura e injusta experiencia”.

A nadie se le ocurre, a pesar de que con ello se aportaría un elemento vital de desagravio y la institución adquiriría rostro humano.

Tampoco se le ocurrió a la SEIDO pedir información a la aerolínea en la que viajó Óscar desde Argentina, con escala en Lima y en Bogotá. Si se confirmó que el joven había documentado una maleta totalmente diferente a la que contenía la droga fue gracias a las gestiones de la Universidad Autónoma del Estado de México por iniciativa del rector. La SEIDO no tuvo luces para hacerlo. Si su investigación no incluyó una indagatoria tan esencial y básica, sobran los adjetivos.

Cuenta Óscar que los agentes aduanales le dijeron: “La única manera de que salgas de aquí es con tu maleta”. La roja, que en nada se parecía a la del sociólogo. No importaron las docenas de veces que el joven dijo que esa maleta no era suya. Lo obligaron a cargarla y a apretar el botón. Se encendió la luz roja, causalmente. Abre la maleta, le dijeron. No es mía. Ábrela. Tiene candado, no puedo abrirla. Usa la llave. No tengo la llave porque la maleta no es mía. Los agentes abrieron la maleta y encontraron la droga.

De acuerdo con el dicho de Óscar, el reporte de los agentes se limitaba a relatar que el joven llegó al paso aduanal, apretó el botón y le tocó luz roja. Nada dijeron de las dos horas y media en que Óscar afirmó que esa maleta no era suya.

Óscar está en libertad no porque la PGR haya hecho una rápida investigación, sino porque alguien hizo ese trabajo, sus familiares se movilizaron y las redes sociales presionaron. Sin estas acciones, Óscar seguiría en el infierno de la prisión y lo haría por quién sabe cuánto tiempo, ante la lentitud, el desinterés o la falta de imaginación de la SEIDO.

Ahora es indispensable conocer los detalles de la actuación de los agentes aduanales y de los de la PGR, que tanta prisa tenían en acusarlo.

Más vale que aceptes que le maleta es tuya, le decían los agentes a Óscar en el trayecto a Tepic. Si sigues negándolo vas a pasar mucho tiempo en la cárcel. Si aceptas, se te puede ayudar; si no, no.

Óscar no necesitaba la ayuda de la PGR. Nada más que cumpliera con su deber e investigara.

Sólo la CNDH, cuyo presidente Luis Raúl González Pérez ha dado muestras de pulcritud y rigor jurídico, puede pronunciarse en favor de los derechos humanos de Óscar y explicarnos qué pasó y quiénes deben ser investigados. Porque ni la SEIDO ni la Administración de Aduanas lo harán por sí mismas.

También te puede interesar:

Las instituciones en crisis de confianza
IEEPO, de las palabras a los hechos
Invirtiendo papeles, protejamos al Estado