Opinión

Movimiento de Recaudación Nacional

 
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ME. La geografía de López Obrador.

Para ser un hombre que presume de honesto, Andrés Manuel López Obrador muestra una inusual tendencia al rodearse de gente corrupta.

Ríos de dinero ilegal fluyen hacia y desde sus personeros. Maletas, ligas, bolsas y cajas de cartón han quedado registradas por años como el transporte provisional de pacas de billetes de dudosa procedencia y desconocido destino. El plumaje de AMLO, como presumió recientemente el líder de Morena, luce impoluto cruzando el pantano.

Lo que no agrega es que aquellos bajo sus pies, sobre los que camina, están hundidos hasta el cuello en la porquería.

Ese activo claramente diferenciador con respecto a otros políticos, la honestidad (con adjetivo: valiente) que presume AMLO no existe.

Porque es un cínico, el invisible operador y beneficiario principal de una red de corrupción. O bien es un inepto, una persona que presume que desde Palacio Nacional lideraría un gobierno con corrupción cero (sí, cero) mientras que sus colaboradores cercanos roban y ríen tras su espalda. Cualquiera de los dos casos, cínico o inepto, muestra a un hombre indigno de sus pretensiones políticas.

La reacción del tabasqueño ante los videos que se han hecho públicos sobre los más recientes esfuerzos de recaudación presuntamente para su persona hacen pensar más en lo primero que lo segundo. Una persona genuinamente impoluta habría exigido, horrorizada, explicaciones a la estrella de las filmaciones, demandado saber la procedencia de los recursos, conocer si ese dinero había entrado en alguna forma en las arcas de Morena, para hacer todo del conocimiento público (y denunciando ante las autoridades correspondientes, por supuesto).

Por el contrario, López Obrador recurrió una vez más a la sobada técnica del 'compló' (eficaz sólo para sus acólitos más recalcitrantes). Lo importante no era quién y buscando qué se entregaron fajos de billetes para su bolsillo, sino que ciertos personajes filtraron esas grabaciones.

Denunciar, sí, pero al presunto mensajero para matarlo. En una inusual carta a Peña Nieto, lo imputó como el filtrador (vía orden directa al secretario de Gobernación). Acusó a otros, faltaba más, de ser unos corruptos y se declaró herido en su dignidad y honra. De paso nombró, el infaltable en todo complot pejista, a Carlos Salinas de Gortari.

Morena es un partido construido por López Obrador para ser su vehículo a Los Pinos, un movimiento que gravita en torno a su persona.

Nada escapa al famoso dedito que blande: igual nombra dirigentes partidistas (incluyendo sus tres hijos) que candidatos. Es una organización a su servicio, y todo indica que es además una formidable máquina recaudadora de recursos para su uso (aparte de los legales que se le entregan con cargo a los contribuyentes). En el pantano de la corrupción, es una muestra más del cáncer que carcome a México, no la cura milagrosa que su líder ofrece como su principal prenda personal.

Twitter: @econokafka

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