Opinión

México crecería con una reforma migratoria en EU

Con una red de 50 consulados en Estados Unidos, México mantiene la presencia consular más amplia del mundo de un país en otro. Considerando que hay 33 millones de mexicanos en Estados Unidos, 12 millones de los cuales nacieron en México, está más que justificado el esfuerzo. Esto es el reflejo de que, por mucho, la relación diplomática más importante para México es con su vecino y, por ello, más de un tercio de los miembros del Servicio Exterior Mexicano trabajan en esta red.

Los objetivos de tan amplia presencia son muchos. Es evidente la necesidad de protección a nuestros paisanos, como lo son también los estrictamente formales, como la emisión de identificaciones, pasaportes, actas de nacimiento y otros trámites. Sin embargo, el apoyo más trascendente que se les podría brindar es impulsando la iniciativa de reforma migratoria que va y viene en la agenda política estadounidense.

Hacerlo no es trivial pues, estrictamente, la política migratoria estadounidense es un asunto interno que sólo compete a ese país.

Sin embargo, abundan los ejemplos de campañas con diferentes objetivos que han sido cabildeadas indirectamente por gobiernos como el chino y el israelí, entre otros. Como lo hacen ellos, la Secretaría de Relaciones Exteriores tiene que organizar a entidades privadas mexicanas con amplia presencia en Estados Unidos para que den la cara formalmente en el proceso de cabildeo.

En este caso, una reforma migratoria que permita la entrada y salida legal de millones de trabajadores indocumentados mexicanos detonaría enorme actividad económica en ambos lados de la frontera. Por poner un ejemplo, ¿cuántos vuelos entre Nueva York y México se necesitarían si pudieran ir y venir libremente 1.2 millones de mexicanos en el área tri-estatal de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut?

Se debe evitar que el debate sobre la Reforma Migratoria estadounidense se atore en temas como el llamado “camino a la ciudadanía” de migrantes indocumentados, tema que genera evidentes anticuerpos; debe concentrarse simplemente en la posibilidad de documentar a trabajadores, permitiéndoles salir de la oscuridad para poder tener acceso a crédito, prestaciones, hospitales, escuelas, etcétera.

El gran argumento ante la oposición, con claro sesgo xenofóbico, es que así se garantiza que éstos paguen impuestos (hoy ya los pagan, pero quienes se oponen afirman lo contrario). Además, en los últimos años han regresado más mexicanos a México de los que han cruzado a Estados Unidos.

Eventualmente, la ciudadanía vendrá sola. Cuando millones de mexicanos voten en Estados Unidos, éstos se volverán en el mejor defensor de causas mexicanas y en una fuerza electoral con enorme peso, dado el perfil demográfico de esa comunidad, y de su creciente peso económico. Como dije en mi columna previa, hoy son dueños de un millón de negocios y producen un PIB de 1.5 billones de dólares, 20 por ciento superior al que generan 118 millones de mexicanos en México.

El momento para articular una estrategia inteligente es ahora, pues no habrá posibilidad alguna de que se presente una iniciativa de ley este año. Hay que evitar caer en la retórica electorera del Partido Demócrata. El presidente Obama habla de poner esta ley sobre la mesa no por convicción sino porque ve en ésta una alternativa para forzar al Partido Republicano a cambiar de tema antes de las elecciones legislativas de noviembre y así quitar el dedo del renglón con respecto a la problemática reforma de salud, conocida como “Obamacare”.

Lo último que quieren los republicanos es poner sobre la mesa un tema que provocaría divisiones internas, particularmente en estados fronterizos. Hay muchos más republicanos a favor de la reforma migratoria de lo que se cree, pero no lo manifestarán antes de noviembre.

Los republicanos apoyarán una reforma migratoria el año que entra porque les urge construir puentes hacia la población hispana, antes de la siguiente contienda presidencial en 2016. Si, además, este año logran ganar mayoría en el Senado, lo cual es una posibilidad real, podrían adueñarse de la iniciativa en ambas cámaras, incrementando así el logro político ante los ojos de una población a la que torpemente se han echado en contra.

Para que exista la posibilidad de que este escenario se dé, se tiene que armar inmediatamente una estrategia para el año próximo que incluya la contratación de despachos de cabildeo enfocados en legisladores republicanos. El gobierno del presidente Peña Nieto debe ver en la reforma migratoria estadounidense un potencial catalizador que detonaría el crecimiento económico y una enorme inversión transfronteriza, lo que apuntalaría a lo que vendrá con la reforma energética mexicana.

Llegó la hora de que la diplomacia mexicana asuma un papel diferente ante el legislativo estadounidense. La recompensa potencial vale la pena, y el momento es ahora.

Twitter: @jorgesuarezv