Opinión

Lo saben todo pero no actúan

 
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Metro

Los habitantes del campo se vuelcan sobre las ciudades; las capitales en el mundo suman entre la tercera y quinta parte de las poblaciones de sus países. El destino del planeta se ha vuelto urbano.

La nuestra, la capital del país y su conurbación rivalizan con las más grandes concentraciones sin que de ellas tengamos noticias de la violencia intensa con la que contamos aquí. Por supuesto, lo mismo en Moscú que en Buenos Aires o Tokio se dan todo tipo de delitos y cuando ocurren, los cuerpos policiacos se ven obligados a actuar. Hace unos días, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción dio a conocer que la Ciudad de México tiene al menos ocho zonas de gran riesgo; la noticia contiene una rica y diversificada información. En mapas y estadísticas, podemos ver cuáles son los cruces de calles y avenidas; los tramos que hay que evitar y las coordenadas más peligrosas. Los números son sorprendentes: 23.3 millones de personas han sido víctimas de algún delito. Los datos provienen tanto de la Procuraduría General de Justicia capitalina como de la Secretaría de Seguridad Pública (policía). Hay delegaciones que se llevan el campeonato en cuanto a robo en transporte público, estas son Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero. En esta modalidad sobresalen los robos en microbús y en taxis. En esta última delegación encontraron seis tramos de calles en los que se concentran más de 20 reportes en las calles de Tonantzin, Fray Bernardino de la Torre, Calzada de los Misterios y 5 de Mayo. A un costado de la avenida Insurgentes la calle de Oso con Parroquia es altamente jugosa para asaltos de todo tipo. En la calle de Hamburgo, cerca del Ángel de la Independencia, tomar un taxi puede convertirse en una pesadilla donde el robo con violencia es el preferido por los delincuentes.

En el primer cuadro, llamado histórico, se da una variopinta selección de ataques por pandillas o en solitario que con puñal en mano, se consiguen sumas en efectivo o en tarjetas de débito y crédito. Hay días negros en que se dan más de 15 ilícitos sin que nadie proteste, ya que la mayoría de esos atracos se dan en silencio o casi cuando hay víctimas que liberan gritos de socorro. La avenida Ceylán, en Azcapotzalco, en un tramo de 385 metros entre Poniente 140 y el 134, es el favorito de jóvenes que a veces portan armas y cachucha, en otras ocasiones no hacen otra cosa que sonreír y carcajearse sin temor a ser identificados. Saben, como muchísimos asaltantes y malvivientes, que salen del apuro con rapidez ya que cuentan con la complicidad de Ministerios Públicos y jueces. De diez delincuentes que llegan a la cárcel, por lo menos cuatro ya cuentan con negros antecedentes penales… y están en libertad.

El Metro no es resguardo de nada ni de nadie. Los ilícitos van desde carteristas a ataques de pandillas que protegidos por su número que puede llegar a media docena, pueden desvalijar medio furgón. Los robos, según todas las estadísticas van en aumento y esto incluye a quien piensa que en su vehículo propio está más protegido. No hay tal, son numerosos los robos a conductores que se ven obligados a detenerse. Cuando se tiene suerte, y se dan gracias a la Virgen de Guadalupe, es cuando nada más se les arranca el reloj y con pistola en mano, hay que entregar el celular y las carteras con todo lo que contengan. Si en un principio las damas eran el segmento más elegido, ahora se amplió a jóvenes de cualquier sexo y a personas mayores. La lista de ilícitos en muy grande, tanto que sólo se registran aquellos que son obligatorios para que pague la compañía aseguradora o por tratarse de un crimen; todo lo demás engrosa la llamada lista negra en donde las víctimas no delatan, no levantan actas por que no tienen confianza en que las autoridades les brinden apoyo y sus haberes perdidos.

¿Y qué ocurre cuando las autoridades se enteran de todo esto; por qué no se frenan los delitos? Generalmente la respuesta es variada: “no funcionan las cámaras; ese no era mi turno; ya se reportó; sí, los perseguimos pero se fueron en moto…”

En suma, a la ineficacia se une la negligencia.

Twitter:@RaulCremoux

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