Opinión

Lo cierto y lo falso del Frente Ciudadano por México

 
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Frente Ciudadano

El Frente Ciudadano por México (FCM) parte de algunos postulados ciertos. Uno, se requiere un cambio político que destierre la corrupción y la impunidad del país (también el clientelismo y la escasa cultura de legalidad de la población). Dos, el PRI ha sido incapaz de encabezar una transformación estructural del sistema político (yo diría que ni siquiera ha tenido interés en hacerlo), igual de incapaz como lo fueron los gobiernos que encabezó el PAN desde Los Pinos entre 2000 y 2012. Tres, López Obrador genera temor por su estilo populista y por carecer de propuestas específicas y sensatas para atacar problemas como la corrupción (aunque ayer hubo un esfuerzo global y más serio para darle forma y viabilidad a su plataforma de gobierno).

Sin embargo, la oferta del Frente también es cuestionable. Uno, su nombre es cascarón vacío porque se trata de una alianza de tres partidos que lucran con el apellido 'ciudadano'. No es pecado que tres partidos hagan una coalición y que postulen a candidatos de sus filas para ganar elecciones; lo malo es el abuso de la llamada democracia ciudadana. Dar gato por liebre.

Dos, el FCM basa su oferta política en la idea de gobiernos de coalición, algo de dudosa relevancia o funcionalidad para México. El problema central del mal desempeño de la democracia es la falta de un sistema de pesos y contrapesos, del cual todos los partidos han sido culpables por omisión (por ejemplo, la falta de contrapesos durante la primera mitad de este sexenio so pretexto del Pacto por México). El problema no radica en la falta de cooperación o colaboración entre partidos, sino la falta de un escrutinio eficaz y permanente entre ellos. Es más relevante que los congresos funcionen sin corrupción y con eficacia para tener mejores gobiernos, que instalar una suerte de sistema semiparlamentario.

Tres, el método de elección del candidato presidencial del Frente es una gran oportunidad para atraer energía ciudadana, pero todo indica que será un pacto de las cúpulas. Nada de malo hay en que los partidos seleccionen a sus candidatos mediante el llamado 'dedazo' –el PAN lo hizo en 2016 para designar candidatos a gobernador y fue un mecanismo eficaz que pocos cuestionaron y que le ayudó a ganar varias contiendas–. El problema es que el método cupular no combina con la envoltura 'ciudadana'.

Cuatro, la evidencia histórica no apoya el argumento central del FCM, de que sacar al PRI de Los Pinos sea una vía para “cambiar de régimen” (una expresión nebulosa, abstracta y maleable al gusto de quien la pronuncia). Fox hizo campaña en 2000 bajo la misma idea y los resultados de gobierno fueron prácticamente nulos en términos de cambiar la lógica clientelar y corrupta del sistema político mexicano. No sólo eso, en los siguientes años el problema de la corrupción se agudizó en todo el país. Lo mismo se observa en experimentos de coaliciones en el ámbito estatal. En 2010, varias alianzas PAN-PRD triunfaron en Sinaloa, Puebla y Oaxaca, y los resultados en términos de calidad democrática fueron nulos.

El PAN es el hermano mayor del Frente Ciudadano por México y por ello el partido que más responsabilidad conlleva. Su conducta como partido político –en el gobierno y la oposición– es fundamental para que su oferta de cambio sea creíble.

La evidencia muestra que sus acciones para cambiar al régimen han sido escasas en los últimos años.

Por una parte, sus silencios frente a los escándalos como los de la 'casa blanca' o los de Javier Duarte, que por años fue señalado por la Auditoría Superior de la Federación por manejos irregulares de cuentas en Veracruz. En ninguno de los dos casos hubo un esfuerzo concreto y perseverante que fuera más allá de la retórica. Por otra parte, la falta de acciones contundentes para erradicar prácticas clientelares, corruptas y abusivas de los congresos: moches, asignaciones de grupos parlamentarios, así como el exceso de gasto en publicidad oficial (que incluye a gobernadores emanados de ese partido).

Hace pocas semanas el PAN y el PRD se opusieron a la remoción del fiscal anticorrupción y anunciaron la objeción desde el Senado. Hubo esperanza de una acción concreta para llamar a cuentas al gobierno federal. Pero luego no hubo nada, ni siquiera una explicación de por qué habían declinado de su intento.

Hace pocas semanas los partidos integrantes del Frente propusieron eliminar el financiamiento público de los partidos, una propuesta irresponsable pero popular. Pero se quedaron callados cuando el PRI les tomó la palabra. Luego propusieron donar dinero para la reconstrucción, pero a la fecha no han dado un solo peso. ¿Cómo creer en sus promesas de cambio cuando algunas se hacen –esa percepción prevalece– para la foto y para salir del paso?

El PAN y el PRD son muy importantes para el futuro de la democracia en México. Su lucha a fines del siglo XX fue central para construir una democracia electoral, todavía imperfecta, pero mejor que la existente durante la hegemonía del PRI. Pero la lucha actual de esta coalición dista mucho de las hazañas que hicieron muchos dirigentes de esos partidos hace dos décadas. Algo no huele bien. El daño para esos dos partidos puede ser perdurable. 

Twitter: @LCUgalde

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