Opinión

La milicia en ascuas

    
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Tema central en el campo legislativo es, sin duda, la iniciativa de ley en materia de Seguridad Interior, la cual lleva años en la discusión pública y en los últimos meses las fracciones parlamentarias de los principales partidos políticos han insistido, al menos en el discurso, en la búsqueda de consensos a favor.

Por la urgencia, los legisladores insisten que se abra un periodo extraordinario para su eventual debate y posible aprobación. Sin embargo, nos dicen en San Lázaro que los jefes de las bancadas ni se hablan, lo cual dificulta en principio cualquier avance en las negociaciones de cualquier tema. Esta parálisis legislativa obedece a posturas irreductibles, donde los líderes opositores al PRI-gobierno han supeditado sus decisiones en torno al curso de conflictos postelectorales, por lo que ante esos motivos y conforme se acerquen las elecciones presidenciales, pues simplemente los acuerdos parlamentarios brillarán por su ausencia.

Es muy lamentable lo que sucede alrededor de asuntos del interés nacional, donde se requiere que nuestros legisladores se desprendan de todo tipo de posturas partidistas para procesar las leyes que el país necesita, más aun cuando vemos que la delincuencia organizada está ganando la batalla a los cuerpos policiales en sus niveles estatal y municipal en materia de seguridad, y que esa es la principal razón de que las fuerzas federales hayan acudido al auxilio de la población.

Ejército y Marina no pueden suplir eternamente la ineptitud, negligencia y omisiones de gobernadores y presidentes municipales, por lo que si el Poder Legislativo no hace nada al respecto estará solapando y siendo cómplice de funcionarios estatales que no cumplen con sus responsabilidades. Va a terminar la administración del presidente Enrique Peña Nieto y la LXIII Legislatura no va a poder legislar en la materia, dejando en ascuas a las Fuerzas Armadas, en total indefensión jurídica y manteniéndola en el frente de guerra contra los cárteles.

A Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Veracruz, Morelos, y muchas otras entidades, han llegado elementos de la milicia mexicana para hacer frente a los cada vez más organizaos grupos delictivos.

Es cierto, en la actuación de las Fuerzas Federales se han dado casos donde algunos elementos se han extralimitado en sus funciones y hasta han habido denuncias por violaciones a derechos humanos, que por muy aisladas que sean no dejan de ser graves, pero en el balance de la actuación castrense la realidad nos dice que su presencia es necesaria a lo largo y ancho del país, al menos mientras no existan policías locales altamente capacitadas, de confianza y con el armamento necesario para enfrentar a sofisticadas organizaciones criminales y distribuidoras de droga, pero eso no parecen entenderlo quienes se encargan de hacer las leyes porque a sabiendas de que las Fuerzas Federales no fueron creadas con funciones de vigilancia pública, ahí siguen, cumpliendo con esa obligación, aunque de antemano carguen con críticas constantes de actuaciones fuera de la ley.

En la actual legislatura se discuten y analizan cuatro iniciativas en materia de Seguridad Interior, donde se pide que las Fuerzas Armadas cuenten con ordenamientos que con toda claridad establezcan sus responsabilidades y se asigne a cada quien sus atribuciones; es decir, el de las policías y las del Ejército y Marina, y es precisamente en esta parte del trabajo legislativo donde los líderes del PRI y el PVEM, César Camacho y Jesús Sesma, y demás aliados, tienen que mostrar sus mejores argumentos para convencer a una oposición, como Morena y PAN, que está más ocupada en dirimir conflictos postelectorales que en los intereses de la nación.

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