Opinión

La mañana de la ignominia

09 noviembre 2016 17:51
 
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Trump Tower. (Reuters)

En la mañana de este miércoles, cuando sabemos con vergüenza y tristeza que ganó Trump prevalece un sentimiento de sinrazón y desesperanza. ¿Cómo gana este personaje? ¿Cómo se impone el discurso del desprecio, de la división, de la xenofobia? ¿cómo votan las mujeres (42%) por un señor que las insulta, las agravia, las humilla y las ve y trata como objetos sexuales?

Pues sí. Ese ganó. Ganó el impresentable, el políticamente incorrecto, el majadero, cínico, el evasor fiscal. Ese ganó. ¿Qué le pasa al mundo?
Anoche, cerca de las 2 de la mañana, caminando de regreso al hotel después de una transmisión de 8 horas y media, pasamos por la esquina de la Trump Tower, la Catedral del Mal, rodeada por patrullas, policías y curiosos esperando ver al súper célebre “orate de la peluca satinada” que ahora, se convertirá en el hombre más poderoso del mundo. Vaya ironía. Paramos en un bar-restaurante a comer un sándwich y descubrimos a un grupos de festivos simpatizantes del nuevo presidente electo. Para mi sorpresa, jóvenes, ruidosos, orgullosos de su cínica e ignorante victoria. Muy contentos, entre aplausos y risas se burlaron de nuestra oscura y luctuosa aparición en el bar. Se veía que éramos del bando contrario, de los que no celebraban, de los que aún éramos y somos (todavía) capaces de procesar y digerir los resultados. Me sentí minoría, apabullado, hostigado por una horda de treintañeros en plena celebración.

El signo predominante en Times Square, en múltiples calles neoyorkinas, era la de personas sorprendidas por una derrota inexplicable, una exultante victoria de personas que querían hacer patente su triunfo, exhibirlo, mostrarlo desafiante como el equipo que gana la final del campeonato.

Nueva York, tierra de Hillary, amanece silencioso y nublado este miércoles.

El magnate de los edificios y las letras doradas, resultó ser el personaje electo por este país para dirigirlos. Increíble.

Se impone la institucionalidad a pesar del irreverente ganador. Hillary sale y ofrece un discurso de estado, de buena fe, de reconocimiento y de esperanza, de impulso a los jóvenes americanos que no se dejen vencer y se levanten después de cada caída, que las habrá.
Obama aparece en la Casa Blanca y llama a la reconciliación, a la transición pacífica y unida, que facilite el trabajo del próximo presidente.
¿Quién lo hubiera supuesto? Imágenes inéditas en la historia.

Ganó el outsider, el empresario sin ejercicio en cargo público en su vida, debutará a los 70 años. Vaya riesgo, con un temperamento volátil, voluble, ofensivo y acosador.

Dios bendiga a los Estados Unidos y al mundo.