Opinión

La fiesta de 'Chencho'

 
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El alcalde Manuel Rosendo agradeció a los asistentes por ir al festejo de su cumpleaños 47. (Tomada de Facebook)

Estaba todo tan bonito, digo yo, todo tan arregladito. Yo nunca había visto el campo de beisbol tan, cómo le diré, tan festivo y colorido. Las mesas tenían manteles blancos y rojos y todas las sillas estaban uniformaditas, blancas ellas, con listones rojos como en moño.

Y todos andábamos retecontentos, viera que sí. Era nada menos que el cumpleaños 47 de nuestro presidente municipal, Rosendo Pelayo, el Chencho. Pues cómo no íbamos a andar regocijados.

Mi primo Elías y yo no estábamos invitados, para qué más que la verdad, pero como andamos haciendo trabajitos aquí y allá, un buen día don Eusebio, que labora en el ayuntamiento, nos dijo que fuéramos, que él nos pasaba, que cómo no. Y que vamos entrando. Y que vamos viendo mil mesas bien enfiladitas, un gentío que daba gusto y mucha música, eso sí. El señor presidente es un hombre muy alegre. Elías y yo le dimos duro a la barbacoa y a la cerveza, más y mejor que en la boda de Anselmo. Lo que se dice un banquete. Y eso que nos fuimos a sentar a una mesa de la orilla porque en las otras había pura gente principal.

Gente de gobierno, de esa que se codea fino, y gente de empresa: que don Liborio con su esposa Tina, tan elegante ella, que don Sebastián, que doña Lucrecia, que Jacinto el secretario. Mi primo y yo no hallábamos dónde ponernos.

El discurso no me gustó, a mí como que los discursos no se me dan. Creo que Chencho dijo que el gobernador era un gran hombre, cosas así, ya ve que entre políticos se dicen palabras que uno no entiende. Pero lo que sí me conmovió fue cuando el mismito Chencho llegó a saludar a nuestra mesa. Qué detalle, digo yo, porque no tenía necesidad de irnos a saludar. Que llega y dice: Muchas gracias por venir, por acompañarme en este día. Caray, lo dijo tan bien, con tantas ganas, que Elías y yo nos paramos y nos limpiamos el sudor de las manos en el pantalón.

Mucho gusto, alcanzó a decir Elías, y yo no alcancé a decir nada porque, hombre, uno es gente humilde, y que de pronto el presidente municipal lo salude como si fuera su igual. Fue muy emocionante.

Porque él no es como nosotros, que apenas si tenemos para comer. No, señor. Él anda paseando por el mundo, ¿pues no dicen que hace poquito se fue a Nueva York a ver a los Yankees? Imagínese. Además, él nunca anda en calles oscuras ni enlodadas porque dice que es de mala suerte. Nosotros pues sí andamos por donde podemos porque si no, no podríamos salir de nuestras casas. Si todo San Andrés Tuxtla está lleno de lodo, con malos caminos y calles sin luz. A mí sí me da pena que por servirnos a nosotros, al pueblo, ande por aquí cuando él podría andar por otros mejores lares, con pavimento y electricidad. Pero qué le vamos a hacer. Claro, hay gente que no lo quiere a él como él quiere al pueblo. De esta fiestecita, por ejemplo, ya andan diciendo que de dónde sacó el dinero, que si lo tomó de las arcas públicas, que a poco él tiene tanto como para andar ofreciendo comelitones, que de dónde saca para tanto viaje, que qué casualidad que siempre anda comiendo caro.

Y digo yo: ¿por qué tanta envidia, eh?, ¿qué les quita que haga su fiesta y se pasee? Eso es lo que yo pienso, pero mi primo Elías dice que no, que no puede hacer eso a los ojos de tanto pobre, que es como restregarnos la miseria en la cara, y que además lo hace con nuestro dinero, que nosotros somos los que le pagamos por ser alcalde y que no tiene derecho a robarse el dinero público para darse sus caprichitos. ¡Ah qué mi primo, siempre ha tenido ideas muy enredadas!

Entonces, le digo yo: ¿qué quieres?, ¿quieres tener un presidente municipal pobre? Y dice Elías: lo que quiero es un presidente de verdad, que trabaje y que sea sensible a las necesidades de los pobladores de San Andrés, que no ande haciendo fiestas ostentosas, que se ponga a trabajar y deje de andar buscando cómo saca más.

Ya íbamos por la quinta cerveza cuando le digo a Elías: ¿y entonces por qué andas aquí, en la fiesta? Y me dice: porque tú me dijiste y vine a ver, a ver si era cierto que el tal Chencho era capaz de restregarnos a todos lo que hace con nuestro dinero.

¿No les digo? Mi primo Elías siempre anda armando camorra.

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